"La casa de Argüello": Hablamos con su directora, Valentina Llorens

Construida a partir de los testimonios de su madre y abuela, y los suyos propios, Valentina Llorens reflexiona sobre los desaparecidos, la dictadura y la violencia ejercida sobre los cuerpos y los objetos en “La casa de Argüello”.

Haciendo Cine dialogó con la directora para conocer más detalles del proyecto.

¿Cuándo supiste que tenías que hacer la historia sobre la casa, tu familia, vos, tu madre?

Fue un proceso largo, en principio pensaba solo en mi abuela, luego cuando me convertí en directora de arte pensé en la importancia de ese espacio perdido que fue la casa de Arguello. Cuando aparecieron mis tíos desaparecidos en 2013 necesite el relato de mi madre y recién a lo último en edición conforme la voz en off y recién ahí entendí que también se trataba de mí la película.

¿Cómo surgió todo?

Fue un impulso, todo fue un impulso. Cada momento que iba filmando y realizando fueron impulsos y necesidades del inconsciente.

¿Cuántos encuentros rodaste con Nelly (abuela)?

Muchos, hubo un momento que tenía la cámara todo el tiempo en la mesa, prestaba atención a todo lo que sucedía en lo cotidiano

¿Y con Fátima?

Con mi mama tuve aproximadamente entre 7 a 10 encuentros

¿Qué escena fue la más difícil de rodar para vos y por qué?

La escena más difícil fue la reconstrucción de los huesos que hacen los antropólogos. Era muy impactante, conmovedor. No podía parar de mirar los huesos. No me daba morbo, me daba un sentimiento muy profundo de admiración de la naturaleza y como artista plástica de inspiración. Fue difícil encontrar un equilibrio entre realizadora y pariente de los desaparecidos-aparecidos: Poder tomar distancia y entender que es un hecho histórico la aparición de los restos. Tener la oportunidad de filmarlos y mostrar ese momento al mundo nada tiene que ver con mi sentir y con mi familia. Al mismo tiempo tiene todo que ver. Ese momento fue muy sensible para toda la familia y yo tenía que respetar esa intimidad y es dolor. Pero veía muy claramente que la oportunidad de filmarlo era esa, después iban a ser enterrados. Fue difícil pedir permiso a la familia. Fue un desafío.

¿Cómo fue apareciendo la forma de la película?

Yo filmaba sin parar todo lo que se me ocurría. La decisión de tomar mi proceso creativo como estructura dramática nació en la isla de edición.

¿Cuánto tiempo de edición tuvo?

Aproximadamente un año.

¿Cuál fue el dato más revelador que tuviste durante todo el proceso de rodaje?

Fue un proceso muy íntimo y todo lo revelador tiene que ver con la forma en que me fui relacionando con mis cicatrices, con los vínculos personales y con la sociedad. Si te réferis a un dato dura en relación a la historia de mi familia, lo más significativo fue descubrí que todo absolutamente todo lo que le sucedió a mi familia; desaparición, exilio, cárcel, casa dinamitada, muerte y nacimiento en cautiverio fue en un solo año: el controvertido 1975.

¿Cómo crees que ayuda La casa de Arguello a la reconstrucción de nuestro pasado más siniestro?

Busco y busque sensibilizar y sensibilizarme. Cristalizar el discurso y la historia nos petrifica. Hay que renovar, actualizar la mirada. Hay que volver a mirar, uno siempre encuentra en los rincones de la memoria cosas nuevas que son buenas compartir, para reflexionar, concientizar para que NUNCA MAS. Por último, busco hacer entender los procesos politicos-historicos desde la propia intimidad.

¿Estás con ganas de volver a dirigir o vas a seguir asociada al arte?

Tengo tres proyectos de documental en marcha y sigo dibujando.