La distribucion independiente en riesgo

Año tras año, los distribuidores independientes continúan achicando su ya de por sí pequeño espacio en el mercado. Pero peor aún es que nadie parece tener la menor idea de cómo recuperarlo.

La producción cinematográfica argentina pasó por todo tipo de etapas desde su nacimiento hace más de un siglo. Desde la época dorada de una industria que generaba más de cien títulos por año, al casi certificado de defunción que significó la realización de una docena de filmes anuales a fines de los ochenta y principios de los noventa. Sin embargo, un costado que siempre aquejó a los realizadores tenía que ver con la distribución y exhibición.

Si hoy se le pregunta a cualquier director o productor, todos dirán (aun los más poderosos) que es un tema que aún los desvela al momento de encarar un proyecto.

Este tema no es nuevo. En el número seis de esta misma revista (número de diciembre de 1996), se planteaba un estado de la cuestión entre distribuidores chicos y grandes. “Un estreno masivo te chupa cualquier tipo de espectadores, es muy masivo. Entonces, cuando se estrenan esas, tenemos que esperar a que se disipe el furor; no podemos competir” declaraba Darío Veda, de la desaparecida distribuidora Líder (que  en su momento estrenó hits como “La furia” con Diego Torres y “Un argentino en Nueva York”). Pero vamos un poco más atrás en el tiempo.

En el libro “Cine argentino: entre lo posible y lo deseable” de Octavio Getino, figura esta cita: “Cada estreno nacional era una tragedia. Había que presentar las películas los días lunes únicamente. Estrenaban en la peor sección y cuando iba menos gente”. Esta cita muestra el panorama del cine nacional de… la década de 1920.

Volviendo a 1996. Carolina Lavalle, de la extinta distribuidora Eurocine, declaraba a Haciendo Cine: “El cine se volvió un programa menos masivo que antes, como consecuencia del video y la televisión. El público está muy selectivo; ya no dicen ´voy al cine´, sino ´voy a ver esto´”. En 2018, la situación se mantiene. Esas mismas palabras podrían haber sido escritas ayer. Sólo habría que cambiar “televisión y video” por “Netflix e internet”. En donde sí hubo un cambio, es en el panorama de las distribuidoras. Con la llegada de la digitalización, el panoram  de producción a nivel mundial se amplió enormemente y, con ello, la oferta disponible para estrenar en las distintas ventanas de exhibición.

Analizando los reportes de Ultracine, los cuales se remontan a 1997, en ese año se exhibieron 169 películas en salas comerciales. Había veinte distribuidoras registradas, de las cuales siete eran de capitales extranjeros. Las locales Líder y Filmarte figuraban en el top cinco de estrenos y ventas, superando a Universal, Fox y Paramount. Entre todos los títulos sumaron 20.576.064 entradas vendidas en ese año.

En 2010 se da el comienzo del proceso de digitalización de las salas y, por ende, de las copias. Ya el panorama se había ampliado en todo sentido. Ese año cerró con 392 películas exhibidas, que totalizaron ventas por 38.024.225 entradas.

Sin embargo, el mercado de las distribuidoras había crecido exponencialmente. Es lógico que al duplicarse la cantidad de títulos crecieran las distribuidoras. Después de todo, el distribuidor es el intermediario obligado entre el pr ductor y el exhibidor. Pero en 2010, un total  de cincuenta firmas distribuyeron un mínimo de un título.

Este crecimiento vino aparejado del crecimiento en la producción del cine nacional. Se necesita unas amplias espaldas (económicas y de infraestructura) para realizar un lanzamiento en gran cantidad de copias, sin embargo, muchos filmes independientes y documentales que tenían una salida limitada consiguieron distribuidores que no necesitaban ese respaldo.

El negocio empezaba a mostrar su costado actual: muchas empresas,  pero el grueso de las ventas quedaban concentradas en el puñado de multinacionales. Ese año, UIP, Disney, Fox y Warner totalizaron el 90 por ciento de la recaudación.

En 2017, Ultracine listó 39 distribuidoras, sumadas a más de una docena de independientes. Los independientes son los propios productores o realizadores de un filme, (nacional en todos los casos), que se anotaron como distribuidores ante el INCAA para lanzarlo en el circuito de cine arte o a través de los espacios INCAA. No o bstante, la taquilla estuvo repartida de la misma manera que en todos los años de la última década: las cuatro majors multinacionales sumaron el 90 por ciento de la recaudación anual.

 

EL PRESENTE DESDE ADENTRO

“Somos muchos jugadores para cada vez menos público”, comienza, directo sin anestesia, Andrés Portela, de la distribuidora de cine arte IFA y miembro  de CADI Cine, la Cámara Argentina de Distribuidores Independientes cinematográficos. Según Portela, las complicaciones para los distribuidores independientes en este último quinquenio son fácilmente identificables.

Por un lado, el cierre de muchos espacios dedicados al cine de autor y la dominación de las multipantallas. “Las bocas de mercado son más pero el mercado es más chico: antes salíamos con 3 o 5 salas, pero eran salas de 1.500, hasta 3.000 butacas. Y además de eso, en esas cinco salas tenías todas las funciones del día, toda la semana. Entonces sabías que, mal o bien, la película estaba todo el día como para que el que la quisiera ver en cualquie  momento pudiera hacerlo. Pero ahora necesitás más salas, porque si te va bien, (en el mejor de los casos la sala tiene 300 o 400 butacas y esas las tienen los majors), nosotros tenemos salas de cien, doscientas butacas”, explica.

Según las cifras de Ultracine, la distribuidora MIRADA lleva la delantera dentro de las independientes dedicadas al cine de autor en lo que va de 2018, con un acumulado de 83.000 entradas repartidos en 8 títulos. Peter Marai, a cargo de dicha firma, comenta: “El mayor inconveniente para distribuidoras como la nuestra es la falta de salas y la falta de paciencia de “Loving Vincent” fue una de las películas de cine arte más vistas de los últimos años. Unifrance, una de las pocas instituciones europeas que sigue apoyando a las distribuidoras locales de cine francés.

Lo último de Woody Allen es el filme de cine de autor más visto del año con 76.794 espectadores. La histórica Distribution Company, de Bernardo Zupnik, cerró sus puertas en 2018. Su mayor éxito fue “El secreto de sus ojos”. los exhibidores para dejar que crezcan los films. Muchas veces para cuando llega el boca a boca el film ya ha desaparecido”.

Otro tema espinoso que complica la distribución de cine, en especial cuando es extranjero, tiene que ver con el pago del VPF (el cual cancela todas las películas, desde “Los Increíbles 2” hasta un documental nacional) y con los vaivenes del dólar. “Gracias a la movilización de la cámara conseguimos algo que es casi único en el mundo que era el reintegro del INCAA al costo del VPF”, detalla Portela. “Pero eso ahora se terminó y estamos complicados. Además, siempre hubo una complicación importante: vos pagás al momento del estreno el VPF en dólares y con IVA, hoy; pero el INCAA lo reintegra en pesos, sin el IVA y seis meses después, con el valor del dólar distinto a como era cuando estrenaste”.

Eso cambió la manera de estrenar, en la que hasta una película con salidas chicas tiene que ajustarse aún más. “Cada vez que tenemos que pagar un VPF lo pensamos veinte veces: “¿salimos en esta sal o no? Pero también es difícil decirle al exhibidor ´mirá, no te doy la película porque no puedo pagar el VPF´”. 

Más allá del VPF, obviamente está el  costo de la película al adquirirla en dólares. “El vaivén del dólar nos afecta porque adquirimos los títulos a una paridad con el dólar, y los estrenamos con una fluctuación del 20% o más.  Si a esto le sumamos el tiempo que les lleva a las salas liquidarnos, la diferencia puede ser bastante grande y entramos en zona de riesgo”, detalla Peter Marai.

Muchas de las distribuidoras de cine europeo lograron prosperar en los momentos difíciles del mercado, gracias a ayudas que recibían de instituciones de los países más grandes del viejo continente. Pero estas ayudas empezaron a menguar en los últimos años. Y lo mismo sucedió con la taquilla. Portela explica: “Antes había un fondo de la Comunidad Europea (Europa Cinema) que daba un subsidio importante fuera cual fuera el origen de la película dentro de la comunidad y, otras instituciones como Unifrance y Germanfilms,  que aportaban el 50 por ciento de los gastos de lanzamiento para cada película de su respectivo país. Pero hace unos cinco años se cortó la ayuda de Europa Cinema; y las otras se redujeron mucho. Antes Unifrance pagaba el 50 por ciento del lanzamiento; ahora pagan 1.500, 2.000 euros, depende. Pero nunca es el 50 por ciento del lanzamiento”.

Mirada, por su parte, recibe apoyo de esas instituciones: “los únicos aportes que recibimos son de Unifrance, German Films e Instituto Luce, cuando estrenamos films de Francia, Alemania e Italia respectivamente”. 

Y, obviamente, están los cambios en elos hábitos del consumo, más específicamente Netflix.

“Más allá del VPF, el dólar y las salas, el mayor problema es que tenemos un público que no crece, los jóvenes no ven cine de arte y si lo ven, es en plataformas o lo bajan ilegalmente. Es preocupante”, declara Marai.

Pese a todo, cada tanto el cine de autor es noticia por éxitos como los de “Loving Vincent”, distribuida por Impacto, que cerró con 61.646 espectadores. Esa cifra, sin embargo, no era tan inalcanzable hace cinco años. “Se dan esas cosas porque este negocio da esas sorpresas. Es un negocio que no tiene techo, pero el piso está cada vez más abajo”, comenta Portela. Si bien no parece que la situación vaya a cambiar demasiado para mejor en el futuro, el cierre de algunas distribuidoras históricas sí pone cierta alerta sobre ese “piso” al que Portela se refiere.

“Cuando una persona como Bernado Zupnik, alguien quese dedicó toda su vida a la distribución cinematográfica, directamente cierra su empresa -Distribution Company- ahí tenés un dato importante”. Dice y mira el suelo, quizás buscando esas respuestas que aún no terminan de aparecer.