"La forma de las horas": Criaturas celestiales

Paula de Luque y Julieta Díaz unen fuerzas en la producción independiente de esta película que puede verse en la sala del MALBA. De Luque, a cargo de la dirección mientras que Díaz se ocupa del protagónico, habla con nosotros sobre el proceso de realización por fuera del sistema industrial.

Por Rolando Gallego

Tras “Juan y Eva” y “Néstor Kirchner, la película”, la realizadora Paula De Luque regresa al cine con “La forma de las horas”, una película sobre el amor y el desamor, protagonizada por Julieta Diaz y Jean Pierre Noher. En ella, Díaz interpreta a Ana, una mujer que avanza en el proceso de desarmado de una casa en la costa. Y mientras lo hace, fantasmas del pasado y recuerdos la acechan, complejizando aún más todo y generando una duplicación en pantalla de sí misma.

La película se encuentra en cartel en la sala del MALBA, donde la permanencia mensual le permite a obras más autorales encontrar su público. Pero, además, “La forma de las horas” es una película que se realizó por fuera del sistema de créditos y subsidios del INCAA. De esta manera, su protagonista, Julieta Díaz, debuta como productora en 2019 con dos títulos realizados en las antípodas: la primera de ellas, “No soy tu mami”, una superproducción con varias productoras y un multimedio (Telefé) detrás. Y esta, “La forma de las horas”, realizada de manera autogestiva y estrenada en voz baja en el circuito de cine arte de la ciudad de Buenos Aires.

Hablamos con De Luque sobre el proceso de realización y estreno de esta película.

Llama la atención que con los nombres involucrados delante y detrás de cámara hayan elegido el camino de la independencia y la autogestión...

Tal vez por estos días la noticia es que hicimos la película por fuera del INCAA, pero no es que no se pidió. Como directora tengo otros dos proyectos parados en el INCAA. Esto quiere decir una de dos: o son proyectos inviables, o lo son por culpa de, sin eufemismos, un plan de Fomento que los vuelve inviables.

Pero un día me reúno con Julieta y le dije si filmábamos una película, y me dijo que sí sin siquiera ver guion. Ya habíamos hecho juntas otros dos proyectos y tenemos más en carpeta. Entonces la armamos, revisó su agenda, y me dijo que tenía nueve días disponibles. En ese tiempo la hicimos. Armamos El Club, donde hacemos cine por amor.

¿Y el resto del equipo?

Hablé con Jean Pierre también, y sumé a Paula Robles, amiga de toda la vida. Con ellos se armó el Club. No es que la hicimos sin plata, sino que cada uno puso lo que podía. Recuerdo la primera reunión: llovía, llovía, y encima filmar gratis. Pensé que no iba a venir nadie y estuvieron todos presentes. De acuerdo a las posibilidades, cada uno puso lo que pudo. Los que no podían aportar económicamente no importó: pusieron trabajo. El equipo fue reducido: tres actores, un equipo técnico pequeño, un asistente de dirección, y ya. Y la filmamos.  Y te puedo decir que es la primera vez que ruedo en 8 jornadas, de 16 horas, pero 8 jornadas. Fue agotador, el segundo día de rodaje parecía la tercera semana. Al tercer día ya ni me podía lavar el pelo.

¿Cómo es ese vínculo que tienen con Julieta?

Es parte de nuestro vínculo artístico. Ella cree en mí. Es como el amor: se da o no. En el set, desde el primer día ella se pone en mis manos. Nos entendemos, tiene mucho arrojo, se lanza. Conmigo trabaja sin maquillaje, a cara lavada, y brilla. Es una experiencia enriquecedora, como que junté la Selección Nacional. Dirigirla a ella es contarle lo que contamos y ella después o le pone las palabras que uno escribe en soledad en el guion o con las de ellas, a ella le importa mucho mi palabra, y a mí la de ella.

¿Cómo eligieron lo importante para rodar en tan poco tiempo?

Cuando sabía el tiempo que tenía para rodar, yo sabía qué quería filmar. Fuimos directo al hueso. Cuando recordás, para mí el amor se adormece, pero no se va. He tenido dos o tres grandes amores en mi vida. Y hay buena prensa del olvido. Pero para mí, por más que duela mucho, la película es una oda al recuerdo. El olvido de alguien que amaste duele. No sé qué es peor: que te olviden u olvidar. Y eso es parte de lo que quería contar.

En la historia de estos amantes, la película no cae en el reproche amoroso

Es que no quería hacer una película de reproches. Hay algo doloroso en el olvido. Pero, aunque duela, el amor es algo identitario. Ahí están los recuerdos del primer amor, de la primera pareja. Uno deposita mucho en eso y en el otro. En la película hay una oda a quien ha sido parte nuestra. Yo soy resultado y construcción de los hombres que amé. Me sentía muy debilitada por no poder filmar, pero cuando pudimos hacer esto me fortaleció.