La historia del hombre

Altavista, la historieta de largo aliento creada por Calvi y aparecida originalmente en dos sagas, se publica en una nueva y exquisita edición que la reúne en su totalidad.

La recopilación de Altavista –publicada de manera episódica en la revista Fierro entre 2007 y 2011– por parte del sello Hotel de las Ideas es un acontecimiento importante en el marco de la producción de la historieta local. Aquí se reúne, en una exquisita edición, la totalidad de la historia creada por Calvi, aparecida originalmente en dos sagas. Altavista es un relato de gran aliento, que se ramifica en un sinfín de historias deudoras de la novelística de aventuras con remisión a nombres como Herman Melville, Joseph Conrad y Emilio Salgari. Esta es la historia de Barragán (figurado en un mix de reenvíos a la historia del cómic con algo de Popeye y de Tintín), un hombre misterioso que se asume como máquina narrativa, como un gestor de ficciones que simplemente alimentan otras ficciones. Por eso los motivos temáticos se multiplican: la exploración de geografías inhóspitas, historias de naufragios, de viajeros incansables, de fracasos amorosos en la diáspora, de marineros que incursionan en su propia memoria en un tono ciertamente melancólico. Todo eso es capaz de contarnos Altavista, con una huella poética inscripta en cada viñeta, con una acentuación de los colores que pivotean entre el rojo, el azul y el amarillo y que hacen desfilar, gracias a la mirada curiosa de nuestro héroe, las historias más conmovedoras. Como dice Lautaro Ortiz en el prólogo de este visceral libro: “Página tras página, esta obra (este objeto libro) encierra magia pura, (…) y esa magia no está en Barragán (…) sino en los objetos que él nombra, mira, anota, roza, ama, huele y duele, come y escupe. No es la historia de Barragán la que vamos a leer, sino el paso de Barragán por la historia de los objetos del mundo, es decir, la historia del Hombre”.

Hay que decir que los dibujos funcionan muchas veces de manera autárquica, como apoyatura de un texto que es el bastión fundamental de la forma narrativa que adopta Altavista. La acción se enhebra y motoriza a través de las palabras, mientras que las imágenes obedecen a una suerte de ilustración de las elucubraciones mentales del protagonista, del personaje que narra las aventuras a las que el lector está invitado a transitar. La singularidad de un monólogo interior cifrado en nueve cuadritos por página, en las que, en verdad, no hay un desfase entre texto y dibujo, invita a recorrer las potencialidades de la memoria por una vía más alegórica que mimética. Altavista amplía, felizmente, las posibilidades del lenguaje de la historieta en su capacidad narrativa.