La máquina Aira

Tras leer los diecisiete cuentos de Relatos reunidos, el autor de esta nota se hace varias preguntas definitivas sobre un autor que, más allá de fans o detractores, parece inagotable.

¿Quién sino César Aira representa “la cosa maldita”, el lugar de la incomodidad de nuestra literatura contemporánea? Cada vez que aparece un nuevo opúsculo con su firma, los cánones de la novelística nacional trastabillan. ¿Cómo clasificar su obra? ¿Es Aira el gran escritor argentino de nuestros tiempos? ¿Es el ejemplo de cierta experimentación narrativa? ¿Es un artista irreverente que busca cierto efectismo a fuerza de rupturas de registro estilístico? ¿No resulta sospechoso que publique cinco libros por año, que sea tan prolífico?

Los comisarios de la “calidad” literaria sopesarán su capacidad productiva para imaginar una ecuación que los conduzca a elucubrar teorías que confirmen la pauperización de sus obras. Acusado por todos los flancos, afortunadamente Aira escribe con una vitalidad que no hace detener nunca su marcha. No parece perturbado por ser aprobado según la mirada de la crítica; en todo caso lo que este lúdico escritor quiere es mantener su maquinaria narrativa en funcionamiento. Los diecisiete relatos reunidos aquí por Mondadori -escritos entre 1993 y 2011- confirman al autor de Ema La cautiva como un laborioso hacedor de tramas y subtramas, de líneas narrativas que se yuxtaponen o sebifurcan, de ficciones que se entrecruzan y se desconectan casi caprichosamente. Los textos sostienen las habituales dosis de delirio que encontramos en la obra de Aira emplazadas en una estructura clásica de relato. Si algo caracteriza a estos escritos es su manera de oscilar entre los límites del verosímil, la voluntad por explicitar los procedimientos literarios, una búsqueda humorística que encuentra su máximo espesor en la fractura estilística, en las fugas repentinas de los núcleos narrativos hacia zonas tangenciales. Una historia de nostálgica evocación de la infancia en Pringles donde dos amigos ensayan sus primeros pasos de cinéfilos en el cine del pueblo, puede convertirse repentinamente en un tratado científico sobre la memoria y el olvido. Algunos hechos extraordinarios detallados de manera realista también pueblan las páginas de estos Relatos reunidos: un genio que aparece en una botella de leche e interpela al narrador a elegir entre adquirir un cuadro de Picasso o ser Picasso (Picasso); una reunión de cumpleaños desquiciada en la que el Creador tiene como únicos invitados a un puñado de simios (El té de Dios). En suma, un conjunto de relatos en los que brilla una cierta capacidad por la ramificación de fabulaciones que siempre, en mayor o menor medida, exponen una hipótesis sobre el mundo. Si algo confirma este libro, es la insistencia por confiar en la observación aguda de lo cotidiano como motor de las más extraviadas historias. Una vez más, leer a Cesar Aira es disponerse a un estado de sorpresa permanente.