"La sequía": Salir a encontrarse

Filmada en Catamarca y protagonizada por Emilia Attías y Adriana Salonia junto a actores locales, dialogamos con el director Martín Jauregui para conocer más de la propuesta.

“La sequía”, del debutante Martín Jaúregui, propone el viaje al universo de una estrella mediática en medio de una búsqueda personal de entendimiento y conexión consigo misma. Filmada en Catamarca y protagonizada por Emilia Attías, Adriana Salonia y actores locales, HACIENDOCINE dialogó con el director para conocer más de la propuesta.

¿Cómo surge la idea de LA SEQUIA?

La Sequía es la adaptación de un cuento mío, “La Ventana Blanca” que publiqué en el libro “Historias de mi País” con Editorial Planeta en el año 2012. Siempre imagine que ese cuento era muy “filmable”, por los paisajes, las características de los personajes, etc…pero, a la hora de adaptarlo a guion de cine, mi estado de escritor me traicionaba todo el tiempo. Allí aparece Eduardo Spagnuolo, con toda su experiencia de guionista y listo, tuvimos guion de La Sequía. En un comienzo la película se iba a llamar igual que el cuento, pero me pareció más cercano a la historia que realizamos un nombre que hable de ese dejarse ir hacia el propio desierto hasta “secarse” del todo y volver a nacer. La verdad es que La Sequía, como nombre de la peli, también encarna desde lo más profundo de lo metafórico ese ir profundo para volver renovado.

¿Cómo imaginaste el cast?

Fue una tarea ardua. La historia exige al actor poner el cuerpo todo el rodaje. Sobre todo, el personaje de Fran, que camina por el desierto y paisajes desolados gran parte de la película. El co protagónico también es exigente. Pensé muchas variables, incluso en algún momento del desarrollo del guion, los personajes eran mujer y hombre, con cierto tono andrógino, para no fijar el conflicto en un género determinado. Finalmente, cuando decidí que fueran dos mujeres, las cosas se dieron de manera natura. Ya conocía a Emilia por una serie que produje junto a Lucia Puenzo (Cromo) e inmediatamente la imaginé en ese papel. La llamé, le conté de que iba ¡y me dijo que si sin leer el guion! Confianza absoluta. Y con Adriana me paso lo mismo. Hugo Castro Fau, productor de la peli, me comenta que se encontró con Adriana, le conto el proyecto y que se entusiasmó al instante. Le dije: “armemos una reunión”. Nos encontramos con ella e ¡instant flash! en ese mismo momento supe que Adriana era la coprotagonista. El resto de cast es catamarqueño. Fue, sin dudas, una decisión importante. El color de la voz, los tonos, la mirada particular de los habitantes de aquella tierra le da a la peli un carácter distinto. Emilia se encontró con personajes reales que actuaron como lo hacen en su vida cotidiana. Nada más real que los auténticos habitantes de esa tierra. Fue una experiencia por demás enriquecedora.

¿Fue difícil convencer a las actrices protagónicas para que rodaran en condiciones extremas?

No. Siempre supieron que la peli pedía cuerpo. Incluso en condiciones muy adversas, nos tomó un viento Zonda en medio de la filmación retrasando media jornada de rodaje, las dos actrices se pusieron la película al hombro, sin ningún problema. Todo el equipo las cuidaba de alguna u otra forma. Hay escenas donde Emilia camina con los pies descalzos en medio de los cerros, o en plena ruta. Yo le cantaba la acción y ella arrancaba sin miramientos. El clima de trabajo era tan intenso y concentrado que a las dos esos detalles les parecían menores. El personaje de Adriana, al ser una suerte de espectro oscuro, se viste de negro todo el rodaje, imaginá lo que significa vestir de color negro en un set natural con 30 grados de calor y un sol radiante. Solo dos profesionales como ellas lograron atravesar tamaña experiencia.

La película denuncia lo efímero de la fama y también la dualidad de las personas, ¿cómo surgieron estos conceptos y fue difícil bajarlos a la historia?

Creo que este tiempo de máxima información circulante en nuestras manos, con todos los dispositivos que te imagines nos invita a vivir momentos más efímeros, menos profundos y pasar las horas, días, semanas, “distraídos” con un estímulo breve y poco profundo…de pura virtualidad. En los medios o en los espacios artísticos, esas famas efímeras son moneda corriente. Hoy, la aparición de una sobre mirada de uno mismo, hedónica, egocéntrica, se instaló como lenguaje de todos. ¿Cuánto dura una historia de Instagram? 24 horas, mucho más que aquellos 15 minutos de fama de los que habló Andy Warhol. Y una actriz del mainstream de los medios, como es Fran, siente que su vida cayó en un vacío existencial ante tanta exposición. Se harta de esa vida y de su otro yo. Toma la decisión más trascendental de su vida: irse lejos a tratar de encontrarse. ¿Quién no intentó, alguna vez, hacer algo así? ¿Quién no quiso escapar de su propia realidad? La cercanía con lo real es tan contundente que no hace falta más que mostrar esas horas para entender todo lo que pasa por el mundo interior de Fran. Su propio cielo o su propio infierno.

Siendo que hay muy pocos diálogos, ¿el trabajo con los actores fue más desafiante?

La película tiene un texto muy particular y se nota en la carga de diálogos que se llevan. Emilia trabaja todo su personaje con tan solo 121 palabras. Eso es todo lo que dice. 121 palabras en 80 minutos, una actriz que está  acostumbrada a otro tipo de relación con el texto. Fue su propio desafío. Su cara, cuerpo, caminar, expresiones…todo eso fue el lenguaje que completó el personaje de Emilia. En cambio, Adriana habla desde ese lugar de “presencia permanente” casi como la voz del interior. Ella encontró ese tono necesario para representar esa presencia interna que tortura a la protagonista. Es un papel complejo porque la línea entre ser una sutil aparición mística interna y la voz molesta de la conciencia es muy delgada. Y Adriana supo hacerlo. Es un personaje muy bien logrado y eje central de la historia. Ambas se llevaron muy bien durante el rodaje. Es un placer enorme trabajar con ellas, lo haría nuevamente sin dudarlo.

¿Cuál fue la escena más difícil de rodar?

Todas las escenas del cementerio están atravesadas por la adversidad. Desde que comenzamos a rodar muy temprano, hasta que se puso el sol, hubo una “colección” de problemas que pone a prueba a cualquiera. Era mucho sol, calor extremo, lugar muy seco, poca sombra y la cuestión de los equipos y el polvo ambiente. Tirábamos la toma y teníamos que parar a los pocos segundos. Así muchas veces, repitiendo los movimientos y los textos. Fue demoledor, por un momento creí que no salíamos más de ese lugar. Sin embargo lo logramos y es una de las escenas más bonitas de la peli.

¿Y la más “divertida”?

Sin dudas la del diálogo de ambas en plena calle de Fiambalá. Es una escena de mucha frescura, a pesar del sol dorado que se mete en toda la pantalla. Si bien ambas tenían muy claro el texto, la consigna fue improvisar sin salirse de la línea argumental. Fue maravilloso. Dos mujeres, tremendas actrices jugando como dos amigas en medio de una calle alejada del centro del pueblo. Todo se dio para que quedara una escena antológica que es central en la peli para entender que pasa con esa mujer que escapa no se sabe muy bien. Y un secreto: Adriana, en el final del dialogo, imita a un director de cine que le cuenta a Emilia como son algunas tomas de la “peli” que ella imagina. ¿Adivinen a que director imita? (risas)

¿Expectativas con el estreno?

Muchas expectativas de que La Sequía se defienda sola en las salas. Es una peli que tiene todos los elementos para que el espectador se enganche y la recomiende de boca a boca. Hay que pasar la primera semana con muchos espectadores que se animen a una experiencia de cine-cine. Creo que la peli es una forma de meterse en los propios asuntos de la vida que nos llevan a esta forma de búsqueda de un camino interior

¿Con qué te gustaría que la gente conecte?

La película es un viaje doble. Uno real, apenas 72 horas en la vida de la protagonista y otro más metafísico, en el ser interno de Fran, la mujer que se busca y sale a encontrarse. Es una metáfora enorme de nuestras propias búsquedas, como seres individuales o sociedades colectivas que se aventuran a sequias momentáneas para volver a renacer. Si la peli logra llenarte de preguntas que te interpelan en lo más profundo de tu ser, mientras disfrutas de una poética del cine, hemos logrado conectar con el espectador. Y eso es felicidad pura.