Las hermanas sean unidas

Producida y protagonizada por Jessica Biel, The Sinner cayó en el menú de Netflix como un meteorito que dejó con la boca abierta a críticos y espectadores. Esta nota propone una mirada microscópica a la trama que se oculta tras el conflicto principal.

No hay dudas de que The Sinner es un policial. Sin embargo, por debajo de ese misterioso asesinato que ocurre una tarde en una playa colmada de gente, respira una historia de amor incómoda que convierte a una convencional investigación detectivesca en un retrato familiar tan perturbador que los personajes se vuelven fantasmas de sí mismos. El aparente vínculo nulo entre el hombre apuñalado y la atacante, entre Frankie y Cora, es la excusa argumental para develar la relación más pasional de The Sinner: los sentimientos de culpa que persiguen a una niña por gozar de una vida que su hermana menor, Phoebe, tiene vedada debido a una enfermedad de nacimiento. Entre cruces gigantes y rezos de rodillas sobre arroz crudo se oye la voz hiriente de una madre religiosa que encuadra el padecimiento de la pequeña Phoebe en el pulso de deseo de una infante Cora. Comer chocolate es cometer un pecado que puede desencadenar en la muerte de su frágil hermana. Por eso las tabletas de cacao que llegaron, en manos de una tía atea, a esa casa donde gobierna el terror de un discurso católico deben enterrarse bajo la tierra como si fueran cadáveres. Pero cuando los años pasan, entre flashbacks que se cuelan entre las rejas que encierran en el presente a Cora, y las hormonas ambicionan hacerles frente a los mandatos divinos que profesa esa madre castradora, las privaciones dejan el azúcar de lado para concentrarse en el contacto sexual que la adolescente sueña tener con su vecino cuando todos duermen.

“¿Qué sabés vos del amor de verdad?”, le pregunta en Frozen Elsa, coronada reina de Arendelle, a Anna cuando le pide la bendición para casarse con el Príncipe Hans. Como The Sinner, la película de Disney, basada en el cuento de Hans Christian Andersen, engaña a los espectadores que ambicionan ver una película donde una princesa con peinado recogido deje la vida con tal de encontrar a su príncipe. Los primeros bailes entre Hans y Anna son solo una fachada de rosas para presentar la verdadera historia de amor de Frozen: la unión prohibida entre esas hermanas que vivieron años bajo la sombra de un castillo con olor a humedad y alfombras viejas. “Solo nos tenemos una a la otra. Solo somos tú y yo”, le dice Anna a su hermana mayor, quien, por pedido de su padre, ofrenda su libertad, sus poderes, por miedo a lastimar a su hermana y desatar una trágica tormenta. Pero es el mismo miedo el que finalmente hace estallar los truenos de hielo, pintando al pueblo de blanco titanio. No obstante, el precio de la libertad también le sale caro. Cuando Elsa se reencuentra con el deseo hecho magia, el cuento de hadas parece vestirse de melodrama. En The Sinner, Cora (Jessica Biel) toma el lugar de Elsa, y Phoebe (Nadia Alexander) el de la chispeante Anna. Cora frena sus deseos, y hasta intenta detener la rotación de la Tierra, para asegurar el destino de su hermana. Es Phoebe quien la impulsa a devorar el mundo, a que se involucre con todos los amantes que ella quisiera coleccionar. No es una cuestión de generosidad. La única manera de tener acceso a esas vivencias es a través de los relatos de su hermana mayor. Y cuando los cuentos ya no son suficientes para saciar la curiosidad, Cora se disfraza de príncipe azul, y hasta de amante lujurioso, para que su hermana menor, aquella adolescente que está postrada en la cama, pueda experimentar su primer beso y hasta su primer orgasmo. En ese acto de amor tan extraño habita la originalidad y potencia de esta serie: mientras otro guionista hubiera depositado la tensión amorosa entre Cora y Harry, entre la chica perdida y su posible salvador, The Sinner despliega entre recuerdos dolorosos el vínculo de pertenencia entre dos hermanas que intentan cuidarse la una a la otra dentro de un clima de punzante hostilidad. Si bien el enigma a resolver parece ser la razón por la que Cora acuchilla a un hombre desconocido, ¿qué misterio puede ser más grande que el del amor desmedido entre dos hermanas?

“Toda una vida de puertas cerradas. ¡La puerta es el amor!”, le canta Anna al Príncipe Hans cuando recién lo conoce. Un hombre que esconde un rostro diabólico al igual que J.D., uno de los villanos de la serie, y será demasiado tarde cuando Cora, en The Sinner, y Anna, en Frozen, lo descubran. Lo que Cora no puede recordar a la hora de ser interrogada por Harry en prisión, la incógnita que mantiene en vilo al espectador, es justamente cómo abrir aquella puerta para entrar al cuarto donde jugó por última vez con su hermana. La mente les declara la guerra a las emociones que parecen haber congelado su corazón, tal como le sucedió a Anna cuando las criaturas del bosque le bloquearon sus recuerdos. La única manera de contener esa gran tormenta de nieve es provocar una tormenta mayor.

 

The Sinner

De Derek Simonds

Estados Unidos