Lenguas vivas

Blas Jaime, oriundo del litoral argentino, reveló públicamente a sus 71 años que es el último heredero de la lengua chaná, etnia nativa de Sudamérica que se consideraba extinguida hace más de 200 años y de la cual se conocían pocos datos. El documental Lantéc Chaná, de Marina Zeising, cuenta su historia. Hablamos con la directora.

¿Por qué te interesó hacer una película sobre la lengua chaná, al borde de la extinción?

Porque Blas Jaime, el protagonista del documental, carga con ese peso de ser el último en el mundo en hablarla y tener el saber de su cultura. A contrapelo de la tendencia donde cada vez se pierden mas lenguas en el mundo, él viene a hacer un trabajo de memoria, recuperar y dar a conocer una lengua y cultura que se consideraba extinguida desde hace mas de 200 años.

 

Que solo quede una persona viva capaz de expresarse en esta lengua es muy cinematográfico. ¿Cómo llegaste a esta persona?

Hubo dos temas de mi interés que me condujeron a él: la cuestión indígena y mi afinidad con el litoral. Luego se sumó esa atracción que tengo por las personas que marcan una distinción desde algún lugar provocador o revolucionario, así sea algo de índole personal o social o ambas cosas al mismo tiempo, que es lo que suele suceder. Me atraen las personas con coraje que, sin importar su edad, se hacen cargo de su identidad, de lo que son y lo que quieren. Los que se plantan con todas sus contradicciones y ambigüedades y lo manifiestan para, en el caso de él, hacer trascender su legado y dejarnos a todos un ejemplo de resistencia y lucha, venciendo toda estigmatización y prejuicio social.

 

¿Creés que el cine, además de entretenimiento, puede ser una herramienta de recuperación y conservación de nuestras raíces?

Hay muchas maneras de hacer cine y contemplarlo. Puede ser abordado desde el entretenimiento; en mi caso yo me planteo hacer un cine auténtico que tenga un valor cultural en el tiempo, que hable de nuestras historias que están allí latentes, escondidas en nuestra sociedad, que por diversas razones merecen ser visibilizadas y contadas a través del cine, atravesadas por el tamiz subjetivo y estético que le aportamos los directores. Eso no significa que la película se olvide del espectador, por lo contrario, hago cine queriendo que el espectador se entregue al relato, que lo haga sentir y pensar, que lo movilice, que provoque una visión activa en el espectador y no una pasiva de entretenimiento donde ya todo está masticado, que el espectador se quede rumeando la película.

 

¿Cómo se encara cinematográficamente semejante historia? ¿Cómo fue tu proceso de trabajo?

Ante todo con coraje, el alma abierta y compromiso con su causa. Siempre intenté acercarme con respeto generando confianza y empatía, y eso sucedió de entrada con él. Es un hombre generoso que confió en mí desde el inicio, y eso facilitó que pudiéramos ir juntos registrando su proceso de lucha. Por momentos sentí que no fuimos conscientes de la importancia de lo que íbamos haciendo, las cosas iban sucediendo... Ahora, habiendo concluido la película, la veo y tomo conciencia de todo nuestro trabajo del registro de memoria que hicimos. Dejamos un legado cultural que quedará por generaciones. Y eso me emociona.

 

La película viajó por el mundo, en festivales, ¿qué encuentra un extranjero en esta película? ¿Considerás que la muerte de las raíces culturales es un conflicto universal?

Nativos hay en todas partes del mundo, siempre hubo oprimidos y opresores, grupos sociales que habitan un lugar, y otro grupo de mayor poder los invade y somete. Nunca dejó de pasar y es posible que pase siempre. Por eso este tema que parece lejano en nuestra historia es algo que vemos a diario en los noticieros de todo el mundo. Las guerras o los conflictos sociales parten generalmente de ese choque de intereses. Y creo que ese es el valor universal que subyace en la película y por la que entiendo que despertó interés en diversos lugares. La película, según quién y cómo la mire, dispara infinidad de debates de todo tipo, desde lo científico hasta lo artístico, histórico, cultural, etcétera. Y ese creo que es su gran valor.