Malcriados

Los héroes de nuestra infancia se ponen al servicio de una imaginería hilarante y desquiciada. Con su libro de postales PapaPop, Ariel Lopez V hace una particular fiesta del recuerdo ochentoso.

El siglo XXI hizo del pop un comodín conceptual, disponible para denominar cuestiones de lo más variopintas. ¿Qué designa el pop? ¿Un estilo artístico inscripto en la década del sesenta cuyo adalid sería Andy Warhol? ¿Un género musical, un tipo de sensibilidad expresada en los usos y costumbres de una generación (los ochenta), un modo de entender la circulación de ciertas producciones artísticas? En cierto modo, Ariel López V recupera y a la vez elude las formas más habituales de experimentar el mundo del pop. En su libro, lo pop funciona más bien como una memorabilia alucinada y festiva que recuerda –poniéndolos patas arriba– los consumos culturales de toda una generación educada al calor de series televisivas, dibujos animados, películas y libros de importante masividad, surgidos en los ochenta y noventa.

Mediante sus dibujos, PapaPop (libro conformado por una serie de postales ya dispuestas para troquelar)nos propone imaginar el incierto futuro de varios héroes populares de nuestra infancia. Y, de paso, desmitificar la identidad de muchos de ellos. Por eso aquí, por ejemplo, el destino de Alf conmociona. Su pelaje sirve de alfombra (como esos pelajes de oso en los que la aristocracia reposa sus pies, a la hora de leer su diario de tamaño tabloide), y el actor que lo usaba –el “uruguayo Tolosa”– está enroscado con su adicción a la carne de gato. También se puede ver al Zorro cabalgando en un Pinypon como una última postal de su desdichada muerte por tristeza, tras perder jugando al Jenga contra Sofovich. No corre mejor suerte E.T. quien, después de laburar para Steven Spielberg, terminó cortando el césped, en forma circular, de una presunta cancha de golf; ni Meteoro, que ahora se gana el mango como taxista. PapaPop construye su abanico de personajes recurriendo también a la mezcla, al reciclaje, a la fusión. Es entonces donde podemos ver a Bob Esponja sumergido en un colchón de rosas en alusión a la ninfa de Belleza americana, a Don Gato y su Pandilla de puro guapo vistiendo el traje de los Thundercats, o a Orko bamboleando el vestido cual Marilyn en La comezón del séptimo año.

Aunque no cae nunca en el regodeo nostálgico, el libro reclama aquí una sintonía con las referencias. El anclaje generacional es difícil de eludir, y uno sospecha que es privativo en la efectividad de su dimensión humoral, porque la cantera de figuras con la que trabaja pertenece casi enteramente a la década del 80. Con iguales cuotas de desparpajo, cinismo, emotividad y respeto por los ídolos, PapaPop es un deleite para nuestros amodorrados recuerdos de la infancia.