Mamá por siempre

Protagonizado por Sofía Gala, el quinto largometraje de Anahí Berneri vuelve a poner en foco la vida de una mujer guerrera. En este caso, el retrato de una trabajadora sexual que debe luchar contra las barreras morales y judiciales mientras intenta proteger a su pequeño hijo. Entrevistamos a Sofía Gala, quien nos contó cómo construyó a este complejo personaje.

El quinto largometraje de Anahí Berneri sorprende por su intensidad, por la manera descarnada y algo abrasiva con que cuenta su historia. Y en el desarrollo de ese relato vertiginoso que construye Alanis mucho tiene que ver la entrega sin concesiones que hace Sofía Gala en su interpretación. La actriz se pone en la piel de una trabajadora sexual que es desalojada del lugar donde trabaja y vive junto a su hijo de un año (el propio hijo de Gala). Ese es el puntapié de un raid callejero, pasional, en el que tendrá que buscar un nuevo hogar, afirmarse como prostituta en un nuevo territorio que muchas veces le es adverso, lidiar con la maquinaria judicial. Alanis es, si se quiere, la contracara del personaje que interpretaba Érica Rivas en Por tu culpa (2010), otro gran estadio filmográfico de Berneri. A pesar de que el tour de force que transitan ambas mujeres (en Alanis y en Por tu culpa) a lo largo del relato tenga los mismos matices pesadillescos, se trata de cómo encara cada personaje la inminente desgracia de un mundo que se les viene encima con las barreras morales, judiciales, burocráticas más impensadas, dignas del universo kafkiano. Si en Por tu culpa Julieta se veía desbordada mostrando una fragilidad que la quebraba al pasar del accidente doméstico al dispositivo de la culpabilidad, en Alanis todo lo que a simple vista resulta adverso y hostil parece fortalecer más y más al personaje en su recorrido obstinado por sobreponerse. La heroína que interpreta Sofía Gala no titubea a la hora de meter las patas en la mugre, de batallar para rescatar su micromundo preciado –el que componen ella y su hijo– de la inminente miseria.

 

¿Venías siguiendo el recorrido filmográfico de Beneri? ¿Qué sucedió cuando te encontraste con el guion de Alanis?

Yo conozco desde chiquita a Javier Van De Couter, y me acuerdo de haberlo visto protagonizar Un año sin amor (2004). A partir de ahí sigo la carrera de Anahí, que me parece una voz femenina muy importante en nuestro cine. Cuando me llamaron no tuve ni que pensarlo. Fue raro lo que me pasó cuando me encontré con el guion, porque primero Alanis era un cortometraje que corresponde a los primeros diez o quince minutos de la película. Enseguida me pareció súper interesante, y sobre todo me gustaba la idea de hacerla con mi hijo, porque creía que de esa manera iba a expresar mejor el cuerpo como objeto sexual de madre: que mi hijo me tome la teta, que se dé esa cuestión tan física que tiene la película.

 

¿Qué desafíos se te impusieron en el desarrollo dramático a partir del hecho de haber rodado con tu hijo?

Ninguno,todo lo contrario. Porque creo que había todo un camino que ya estaba ganado, que es el camino de la conexión. Además debe ser la conexión más fácil de la vida, porque los bebés son los seres más puros y hermosos del mundo. Teniendo esa base, pude dedicarme a trabajar otro tipo de cosas, teniendo en cuenta que era mi hijo y que no hacía falta tanto trabajar la relación en escena.

 

A pesar de que la película tiene un registro algo vertiginoso y contundente, tu personaje tiene un tono bastante despojado, no cae en exageraciones dramáticas¿Qué hace falta para construir un personaje como el de Alanis?

Había algo de este papel que para mí era importante: que, dentro de todo el caos que vive, el personaje se mantuviera con un temple bastante fuerte pero de tranquilidad y de baja expresión desde lo físico. Me interesaba bajarle intensidad al personaje lo más posible, porque está en una vorágine y una locura tan grande que para resolver todo el caos alrededor necesitaba una calma y una exactitud mental que yo creo que es propia de las mujeres. Lo que me pasa con este personaje es que, más allá de su situación particular, que es puta, de bajos recursos y se la aguanta sola con su hijo, veo una representación muy fuerte de la mujer como madre. Cuando sos madre tenés que resolver todo con calma porque tenés que cuidar a tu hijo que está ahí al lado tuyo viendo todo lo que pasa. A mí misma me puede pasar que tal vez por una boludez me pongo del orto, por ejemplo si se cae un vaso al piso; y en una situación que realmente podría ser para perder la cordura o la tranquilidad me pongo zen porque soy la que tiene que manejar toda esa situación. Me parecía que estaba bueno que a Alanis le pasara esto porque le da más fuerza al personaje. Es una mujer que es puta por elección y va contra la corriente. Si esta mina era demasiado expresiva iba a quitarle fuerza. El hecho de que esté tan calmada le da una intensidad como de amazona, esas que se te plantan con seguridad. La calma da más seguridad que el grito o la histeria.

 

¿Hubo lugar para algún tipo de método de composición de personaje o hubo más oportunidad para la espontaneidad y la improvisación?

Yo no suelo tener métodos de composición. Puedo llegar a hacer algún trabajo de campo. Por ejemplo, hace un par de años me tocó hacer de apicultora y tuve que ir a aprender. Pero en general trato de que los personajes salgan de mí, porque yo necesito creérmelo. No puedo convertir al personaje en un ser separado de mí. Es un ejercicio que tal vez podría hacer si lo aprendiera, y seguro me costaría mucho menos de lo que me cuesta emocionalmente. No solo en las películas sino en la vida. Por el hecho de sentirme así cada vez que estoy filmando, mi vida y mi psiquis se transforman un poco en eso que estoy haciendo. No puedo separar al personaje de mí, no me es orgánico. Necesito transformarme en cada personaje, porque también para eso sirve la actuación: para sacar de mi cabeza toda mi neurosis, mi ciclotimia, y depositarla en otro lugar. No es solo una forma de exorcizar sino una manera de sacar muchas emociones que viven adentro de mí y que la vida no resulta suficiente para contenerlas. Cada vez que hago un papel me trae consecuencias en la vida porque realmente hago un proceso de apertura de mi mente.

 

Hay muchos momentos en los que tu personaje la pasa muy mal, ¿hubo alguna escena que te resultó fuerte, con la que tuviste que lidiar a la hora de hacerla?

No, ninguna. Obvio que en los momentos en que Alanis la pasaba mal yo la pasé mal. Pero a mí nada me lleva para atrás. Si me meto en un proyecto le doy para adelante, y estoy dispuesta a ser ese personaje con todas las cosas que le pasan. En el momento del rodaje no estoy filmando una película; estoy siendo esa persona y estoy contando su historia.

 

Pensando en tu experiencia profesional, ¿hay algún aspecto del trabajo en una película intimista y más pequeña como Alanis que no te proporcionen producciones más grandes o masivas como la televisión?

En realidad estoy medio lejos de las producciones televisivas grandes, y tampoco hago películas tan mainstream. Todas son experiencias distintas. Hay cosas que las producciones más chicas no te dan, y viceversa. Por supuesto que, si estás haciendo una serie de veinte capítulos, la situación dramática va a ser más liviana. Las películas tienen una tensión más fuerte porque tienen que lograr todo en una hora y media en promedio; en cambio las series tienen más posibilidad de mostrar la cotidianeidad, y eso tal vez hace que tenga más liviandad emocional. Pero son simplemente distintas formas de trabajar.

 

¿Mirás series? ¿Te gusta alguna en especial?

Sí, me encanta Twin Peaks. Ahora estoy mirando American Horror Story. Me enganché mucho con Disjointed, la que protagoniza Kathy Bates, sobre una mina que tiene una clínica de marihuana. Las series me ayudan a pasar el tiempo, como a todos. Me parece un planazo coparte con una serie. Pero igual no es forzado, nunca vi Game of Thrones, por ejemplo. El medioevo me aburre.

 

Cuando se difundió el afiche de la película –que te muestra a vos amamantando a tu hijo– generó polémica en las redes sociales. ¿Qué opinás sobre esa mirada condenatoria?

 

Siempre fui bastante condenada por las cosas que hice. Desde chiquita; desde que le dije a Susana Giménez que tenía piojos hasta hoy. Estoy muy acostumbrada a ese tipo de situaciones, pero ponerme a discutir si está bien o está mal que una madre le dé la teta a su hijo me parece ridículo. Sobre todo sabiendo que tanto los tipos como las minas no tienen problema con Showmatch, donde sale la gente en bolas, o con una tapa de la revista Gente, donde salen las minas en culo. ¿Sabés lo que pasa? Que la mujer puede ser puta o puede ser madre, pero madre y puta a la vez no puede ser. Esa es la hipocresía. Incluso han echado de bares a algunas mujeres por amamantar a sus hijos. Eso no se puede ni discutir. Porque, si no, hacele problema a Coca-Cola por la cantidad de publicidad que saca sobre esa bebida de mierda que es petróleo. Pero no, prefieren tener problema con la leche materna, que es el primer alimento, el que nos inmuniza. No puedo explicar la cabeza de alguien que puede pensar que ese afiche tiene algo de malo.

 

La ridiculez estaría en condenar la exhibición del cuerpo en esa situación…

Se condena el afiche por la exhibición del cuerpo de la mujer cuando no es objeto sexual. Porque muestra a la mujer, de algún modo, deserotizada para el otro. Cuando vos le estás dando la teta a tu hijo, no puede venir un chabón y cogerte. Entonces me parece que ahí está la condena, y me parece horroroso. A mí la desnudez que más me incomoda es la desnudez posada.

 

Como sociedad formateamos y estandarizamos los modos de desnudez, los modos de belleza.

Sí, a mí me sorprende mucho hablar con actrices que adelgazan o hacen dieta, por ejemplo, para hacer un papel de una puta abandonada en el Chaco. La mina sale divina… ¿por qué? ¿Cuál es el problema de que uno se muestre como está y de no gustarse? ¡No es Instagram! En la película Paco (2009) tengo un rollo en la nuca de lo gorda que estaba, ¿entendés? Acababa de ser madre y tenía muchos kilos de más. Y me encanta haberla filmado y que ese personaje sea “eso”. Actuando, paradójicamente ahí donde no soy yo y represento a otro, tengo la gran oportunidad de mostrarme como soy.

 

Alanis

De Anahí Berneri

2017 / Argentina / 82’

Estreno: 21 de septiembre (Tren Cine)