Mientras seamos jóvenes

Hernán Guerschuny y Jazmín Stuart unen fuerzas en la dirección para pasearnos por un campo minado de conflictos amorosos y secretos enterrados que se empecinan en salir a la luz del sol. Recreo refleja las singularidades de atravesar los 40 años entre amigos y pañales, mientras el tiempo amenaza con transformar los sueños en polvo. Entrevistamos a los directores y, además, los encargados de las principales áreas nos cuentan en detalle cómo fue su trabajo para hacer realidad esta aventura cinematográfica.

La película está muy apoyada en la relación entre los personajes, y por eso es muy importante la elección de los actores. ¿Cómo fue el casting y cómo pensaron cada pareja en particular?

Jazmín Stuart:Empezamos a imaginar esta historia hace varios años y fueron desfilando por nuestra imaginación distintos actores desde aquel entonces. Hoy estamos felices de haber armado el elenco que armamos; yo no puedo imaginar a otros actores interpretando estos roles.

Hernán Guerschuny: Sí, el cine tiene esa cosa de ir reescribiéndose varias veces. Vas pensando un guion, y por ahí de forma lateral se te vienen algunas caras, pero hacer una película tiene tantas etapas que eso se va resignificando. Y cuando van tomando corporeidad los actores –y más en películas como esta, que no tiene un guion de hierro y por eso el elenco es muy importante– esa corporeidad es clave, no da lo mismo que sea uno u otro. Lo que sí sabemos es que los actores que terminaron quedando son grandísimos.

JS: Y la combinación que se dio entre los seis fue algo químico y bastante mágico. Hubo un lenguaje en común y una conexión que a veces puede ocurrir y a veces no, y tuvimos la suerte de que ocurriera. Y muy a fondo: es el día de hoy que hay mucha comunicación y mucha conexión entre nosotros. El elenco quedó muy cargado de afecto y de ganas de seguir compartiendo estas instancias que vienen ahora con el estreno. Creo que es el mejor elenco que podríamos haber tenido.

HG:No sé de qué depende, pero hay una instancia casi psicológica que es que haya gente que comulgue o no. Y en este caso se dio; no sé si es que se alinean planetas o si algo los interpela desde el guion o desde la historia y que nos pone a todos en un mismo eje.

 

¿Cómo fue ese proceso de creación de personajes, primero sin ponerles caras y después con el elenco ya formado? ¿Fue cambiando cada uno?

HG:Desde el primer día en que empezamos a pensar este proyecto –a diferencia de las otras películas en las que trabajé, y seguramente para Jaz es así también–, planteamos las ganas de que esta película nos sorprendiera. Queríamos que el guion se terminara de armar con los actores. No porque se pusieran a escribir, porque de hecho eso no sucedió, sino que en los ensayos o en las reacciones de cada actor en cada situación termináramos de encontrar la película. Yo creo que los personajes se terminaron de armar ahí, a pesar de que teníamos un plan bastante claro desde el principio. Pero hay una diferencia grande entre estar dispuesto a nadar en esa incertidumbre o no. Yo en mi primera película (El crítico) no estaba dispuesto a eso; quería saber a dónde iba, qué ideas quería comunicar sobre el mundo y sobre la vida, y la película me servía para eso. Ahora el hecho de estar codirigiendo también me ayudó.

JS:Además son todos actores que tienen miradas muy ricas, todos tenían propuestas y puntos de vista que enriquecieron un montón. Tenés a Fernán Mirás y Juan Minujín, que aparte de la vasta experiencia que tienen como actores también son directores; Carla Peterson, que tiene muchísimo cine y mucha tele encima; y Pilar Gamboa y Martín Slipak, que además vienen del teatro. Había una cuestión de intercambio muy rica. Nos entregamos un poco a eso, y fue bueno. Fue un trabajo muy en conjunto con ellos.

 

No solo codirigieron sino que también escribieron juntos el guion. ¿Cómo fue escribir a cuatro manos, y cómo lograron que fuera un guion personal para los dos?

HG: Para mí, en teoría, eso era imposible. Yo tengo una mala tendencia a la obsesividad, entonces cuando me pongo a escribir una línea de texto de un guion, de un diálogo, trato de pensar veinte veces hasta que la doy por aprobada y sigo para adelante. Es tremendo eso, es algo que te paraliza. Trabajar con Jazmín me sirvió mucho. Ella tiene un estilo muy distinto: ella va, fluye, fluye, y después relee. Me sirvió eso, también me sirvió un seminario que hice con Mauricio Kartun que apunta básicamente a que uno pueda escribir de forma acrítica, que pueda trabajar con las imágenes y no con las ideas. Estar juzgando todo el tiempo lo que escribís no solo te impide crear, sino que además creás desde un lugar racional, y de ahí suelen salir las cosas menos interesantes, las que no van a sorprenderte porque ya lo tenés masticado. Paradójicamente, en El crítico me pasó tanto eso que lo metí: me criticaba tanto que me planteé usar eso para meter al protagonista en voz en off durante toda la película para que criticara todo lo que estaba pasando. Eso me salvó, fue un recurso de estilo que después se volvió cinematográfico y que me permitía jugar con esa limitación.

 

Y vos, Jazmín, todo lo contrario.

JS:Nunca en la vida hice una escaleta, no sé lo que es planificar un guion concienzudamente y fríamente. Yo empiezo a escribir y lo que hago primero es armar una carpeta en el escritorio de la computadora y ahí entra todo lo que para mí, intuitivamente, tiene que ver con lo que voy a escribir. Puede ser el artículo de un diario, puede ser música, un cuadro, una foto. Escupitajos de acción o de diálogos sueltos, o la construcción de algún personaje que por ahí después está o por ahí no. Hago un lío tremendo, un día siento que estoy lista y empiezo a escribir el guion desde la escena uno, y voy avanzando y avanzando. Después es un trabajo fuerte de reescritura, pero no hay un laburo sistematizado en lo que es el inicio y el devenir. El trabajo duro es editar todo eso que apareció y revisar la estructura, pero cuando ya hay una primera versión: qué está pasando acá, esto se puede adelantar, esto se puede atrasar, esto es innecesario y se quita… Para mí el trabajo de edición es posterior, primero tiene que salir la corazonada.

HG:Hay que animarse a eso, sobre todo cuando uno viene de una tendencia más racional. El arte, o la creación artística, va a contramano de eso. Es permitirte el garabato, el libre albedrío, y después empezar a encontrar la forma. Para mí el camino de la libertad del artista, por llamarlo de alguna manera, es poder dejar de juzgarte. Yo ya venía con esa motivación, pero laburar con Jazmín me sumó mucho en ese aspecto.

 

¿Cómo llegaron a la historia de Recreo?

JS:Una noche nos encontramos en un estreno y fuimos a tomar una cerveza. Nos pusimos a hablar de la vida, de cuestiones que tienen que ver con la edad que tenemos… ¿Tenemos la misma edad?

HG:No sé, yo soy del 73, ¿vos?

JS:No, ¡yo soy del 76! Pero bueno, somos más o menos de la misma generación. Los dos tenemos la experiencia de haber formado una familia y de estar desarrollando nuestros oficios. Nos pusimos a hablar de lo que significa esta edad, de ciertas libertades que uno va perdiendo y responsabilidades que va ganando, y a la vez de libertades a un nivel más interno que se van logrando con la edad. Y del matrimonio, y los hijos, y la idea del éxito y el fracaso, y cómo se reevalúa todo eso en este momento de la vida. Pensamos que estaría bueno escribir algo sobre eso, y Hernán me comentó que tenía ganas de hacer una película chiquita, de actuación, en un campo que tiene con su familia. Algo bien personal, y chiquito, y poder trabajar con tranquilidad…

HG:Siempre falla eso.

JS:Así que pensamos en aunar todo eso que estábamos hablando sobre la edad con el deseo de trabajar sobre la actuación, en una película sobre personajes y sobre relaciones que sucediera en un único espacio. Esta cuestión de personajes urbanos que se encuentran en un ámbito más salvaje, más agreste, y ver qué pasa ahí. Nos pusimos a escribir y en el medio pasaron un millón de cosas. ¡Hernán hasta hizo una película!

HG:Sí, desde mi punto de vista, haber hecho Una noche de amor, y que le haya ido bien en términos de negocio, permitió que esta película –que, como dice Jaz, iba a ser más chiquita, más personal– se financiara rápido. Desde que terminamos el guion hasta que la estrenamos pasó muy poco tiempo.

 

En la película está muy presente la cuestión generacional. ¿Cómo creen que está representada la generación de los 40 en el cine nacional? ¿Tomaron como referencia películas de afuera?

JS: Yo no sé si esta generación está representada en el cine argentino dentro de un tono similar al que nosotros estamos usando en esta película. Por supuesto que aparecen personajes de 40 años en miles de películas argentinas, pero la nuestra tiene un tono muy particular que va a una dimensión bastante psicológica de los personajes.       No sé si se puede emparentar mucho con otras películas.

HG:Varias veces tratamos de pensar en otros ejemplos; quizás podríamos decir Dos más dos (Diego Kaplan), o podríamos decir Vóley (Martín Piroyansky), aunque es una generación más abajo: esta cosa de película coral en un mismo espacio, generacional… Pero claramente el tono era otro.

JS:Porque también hay una dimensión bien introspectiva de los personajes. Quizás Berneri hace un poco eso; no es el mismo tono, pero tiene esa cosa exploratoria de la naturaleza de los personajes con la que uno va deduciendo ciertas cosas. Por momentos no se entiende bien qué les está pasando a los personajes, y uno termina de completarlo a medida que la trama avanza. Pero no creo que Recreo pueda emparentarse de manera muy fiel con otras películas de nuestro país. De afuera no sé si tomamos referencias…

HG:A veces cuando uno escribe usa las referencias para poder comunicar mejor una idea. Yo me acuerdo de que en diferentes etapas de la escritura del guion miraba escenas de gente comiendo en mesas, por ejemplo, para ver cómo hacer la puesta en escena. O miraba escenas de padres de 40 con sus hijos. Pero la realidad es que hay ciertas películas que merecen un salto al vacío, en ese sentido. La referencia más confiable que teníamos era ver cómo nos sentíamos nosotros con nuestros hijos o con nuestras parejas en tal situación, o pensar en nuestros amigos. Pensábamos más en eso que en otros films, pero más que nada por el tipo de película que es Recreo. Yo en mis otras películas no tuve ningún problema en hacerlo, me parece que está bien buscar referencias, buscar lo que se haya hecho sobre un tema y tratar de hacer tu versión, pero acá era otro viaje.

 

¿Entonces encuentran elementos autobiográficos en la película?

JS: Yo no sé si es autobiográfica, pero sí reconozco pizcas de los seis personajes en mí. Son naturalezas que se pueden encontrar en uno mismo; por ahí te identificás más con uno o con el otro. Siento que conozco profundamente la naturaleza de los personajes. Son personas bastante reales; por ahí hay alguna pincelada irónica por momentos, pero nunca llegan a ser caricaturas.

HG:Cuando uno construye personajes, en general, es una combinación de dos cosas: por un lado, un grado de verosimilitud muy grande, el famoso “le creo”, y por el otro una identidad, que tengan una característica única. Si no es un documental, o te da la sensación de que es un documental. A mí me gusta el arte dramático, la construcción; me gusta armar la gran mentira para que te creas todo.

 

Recreova dando información de a poco sobre cada uno de los personajes y de las relaciones que hay entre ellos. En muchos casos, terminan yendo para un lado inesperado para el espectador.

JS:Yo creo que es mucho más importante lo que el espectador imagina que lo que se le dice. Igual en las películas hay momentos de asentar una idea; a mí me gusta que los personajes digan lo que piensan, lo que sienten. A veces hay miedo a eso y creo que está bueno animarse. Yo en general escribo sobre personajes que dicen, que hablan; a mí me sale eso naturalmente y lo disfruto cuando lo veo en películas ajenas. Porque no nos damos cuenta, pero es lo que hacemos todo el tiempo. Lo que pasa es que hay una dimensión detrás de eso, que es lo que uno completa: vos ahora me estás escuchando y hay todo un bagaje de cosas que estás construyendo a partir de lo que digo y lo que no digo. Eso está bueno que suceda en las películas. Hay algo de la sensación con la que queríamos que el espectador se quedara después de ver la película que buscamos intencionalmente: ¿y después qué va a pasar? ¿Qué van a hacer estos tipos con todo lo que les pasó en estos días? En ese momento que no vimos qué fue lo que sucedió, ¿qué habrá pasado? Tiene que ver con el juego del off, del fuera de campo.

HG:Es lo que pasa en la vida real; estamos todo el tiempo montando. Nosotros estamos ahora juntos, pero después nos despedimos y cada uno sigue su vida. Hay una sensación que yo tuve todo el tiempo mientras estaba filmando la película que tiene que ver con que el cine hoy busca los grandes temas, o los grandes espectáculos. Entonces siempre estás obligado a hacer algo maximalista. Pero la sensación que tengo es que el mejor argumento que existe es el propio ser humano: en la relación con tu hijo podés encontrar un thriller tremendo, o en la separación de tu pareja hay un gran drama. Si tenés la paciencia de explorar por ahí, podés encontrar grandes momentos cinematográficos. Esto de que se complete en la cabeza de la gente tiene que ver con eso, con que el espectador está haciendo un ping-pong entre lo que le da la película y lo que les pasa en su vida con sus propios hijos, sus propias parejas.

 

Con respecto a los hijos, están tratados tanto desde la presencia como desde la ausencia. Tienen un rol importante cuando están, pero también cuando no están.

JS:La de los hijos era una de las aristas más interesantes que queríamos tocar. Es como vos decís, yo creo que la vida de los padres está todo el tiempo entre el momento en el que los hijos están y en el que no están. La película habla mucho sobre eso: quiénes somos más allá del rol materno o paterno con el que cumplimos todo el tiempo. La paternidad y maternidad es un trabajo de 24 horas, 7 días a la semana, y hay un universo que es el de cuando los chicos no están, y dónde queda uno como adulto, como individuo falible. Y la presencia de los chicos para nosotros era algo muy importante; es algo que está súper trabajado incluso desde el sonido, que es uno de los elementos más potentes. Ese murmullo constante que es tener chicos alrededor, y el silencio que se genera cuando están todos durmiendo y emerge otro mundo, una existencia paralela que se da cuando somos solo nosotros durante un rato.

HG:Sí, y en una burbuja muy particular que es cuando uno tiene tiempo libre para pensar su vida. Durante el año estás arrastrado por la rutina y lo que estás haciendo todo el tiempo es resolviendo la organización de tu vida, de tus hijos. En ese momento en el que tenés tiempo empezás a hacer planes, a pensar en qué vas a hacer. Más en la mitad de tu vida, cuando el tiempo que te queda es menor que el que pasó. Ahí se produce una especie de burbuja rara, de tiempo suspendido, que hace que cuando los chicos te permiten ese espacio entres en esta reflexión medio crítica de esa edad.

 

¿Podrías relacionarlo con tu película anterior, Una noche de amor?

HG: Sí, en ese sentido, claramente. Es una pareja que tiene la misma edad y que logran salir una noche solos. Sí, tienen muchas conexiones, y en varios sentidos hay un planteo no buscado, una idea que subyace a las dos películas que tiene que ver con que no estamos contando grandes crisis de los personajes; si alejás la lupa te das cuenta de que no pasó nada importante. Cuando la acercás ves que sí, esa salida sin los hijos puede ser una gran aventura, y estos seis personajes deambulando un fin de semana con un poco más de tiempo de lo que les permite su vida habitual para reflexionar y decirse un montón de cosas pendientes puede ser algo gigante.

 

¿Pensaron ese final como una bajada a tierra para los personajes?

JS:Sí, es una bajada a tierra en un plano muy neurótico y de una especie de egotrip que están teniendo todos; con todo derecho, porque justamente lo que les pasa es que empiezan a viajar hacia un lugar interno y empiezan a cuestionarse cosas, y hay ciertas fricciones que despiertan otras cosas, y así. Y la realidad de golpe detona una bajada a tierra, como vos decís. Creo que en definitiva es lo único que uno no puede esquivar. No puedo ahondar demasiado, los que vean la película van a entender…Podés hacerte el gil con mil cosas, pero con eso no. La película se termina anclando en un lugar que para toda una generación es súper reconocible.

HG:A mí una de las cosas que más me interesan de la película es que en ese sentido elabora una crítica bastante clara a la burguesía neurótica, urbana, que encuentra maneras de distraerse de un montón de cosas importantes. Por su puesta en escena y el guion, la película juega todo el tiempo a pegarnos a estos personajes con sus cabezas funcionando como un tic-tac con sus preocupaciones y a alejarnos de ellos. Y que esto suceda en el campo, que tiene su ritmo propio y que funciona más allá de ellos. Ellos llegan, hacen sus cosas y se van, y el campo sigue ahí, y la vida sigue.

 

En ese sentido es interesante cómo manejan la tensión en ciertas escenas, porque a veces parece que va a pasar algo grave y después eso se desinfla y se mantiene todo igual. ¿Cómo se lo plantearon?

HG:Yo siento que la vida es así. Seguro que hay parejas que tienen grandes quilombos, infidelidades gigantes, y como en las telenovelas explota todo de un momento para el otro. Pero en general eso no pasa. Los procesos son largos, las fichas van cayendo de a poco, tenés tus propias crisis internas. Es mucho más interesante retratar esos procesos de crisis intermedias que las grandes traiciones, los grandes temas. No es que esté mal, pero son otras historias. Me gusta inspeccionar ahí, me parece más interesante.

JS:Las pequeñas explosiones cotidianas. A veces son más visibles, a veces van por dentro. Creo que esa complejidad en los personajes y en los vínculos es muy rica. Siento muy propio ese proceso que hace que, al reencuadrar y mirar de forma más panorámica el sufrimiento humano, hasta puedas llegar a reírte un poco.

 

Sí, la película también maneja mucho humor en casi todas las escenas.

JS: Sí, buscábamos hacer una comedia dramática, o un drama con cierta mirada irónica. Nos parecía importante buscar un poco el absurdo; si torcés la mirada sobre estos personajes con sus neurosis y sus miserias, te das cuenta de que son bichitos de ciudad en medio de un ámbito en el que no saben cómo reaccionar o cómo llenar el tiempo. Es esta cosa muy burguesa de la idea del disfrute, del placer, del reencuentro entre amigos y pasarla fantástico, y el descanso… ¿Qué es el descanso, qué es el disfrute? Creo que es una película que cuestiona un poco eso: ¿sabemos disfrutar, sabemos descansar? ¿Queremos?

HG:Es como tomarte un avión, llegar a la playa, sentarte en la reposera y decir: ¿la estoy pasando bárbaro o como el orto? ¿Está realmente bueno esto? Está ese viaje que por ahí no es muy dramático en términos cinematográficos, porque hay poco movimiento y poca acción, pero es ese famoso “buscarse a sí mismo” con el que después tenés que ver con qué te encontraste.

 

Jazmín, ¿cómo fue esa experiencia de estar detrás y delante de cámara al mismo tiempo?

JS: Había tenido una pequeña experiencia piloto dirigiendo Depto, la serie de Untref, pero ahí solo actué en los últimos cuatro capítulos. Fue como meter el pie en el agua y ver cómo es, pero esto le ganó en intensidad y en exigencia. Terminó siendo un poco como lo sospechaba; es una intuición profunda que se refleja de distintas maneras si estoy detrás o delante de cámara, y no es tan entrecortada. Es la misma sensación, pero volcada en dos operaciones psíquicas diferentes. No sentía para nada un corte abrupto al estar dentro de la escena y fuera de ella; de hecho, a veces estaba actuando y estaba atenta a dónde estaba la cámara, y si alguien se había saltado un bocadillo de su texto. Una mirada medio panorámica que suponía que iba a poder tener.

HG:A mí me sorprendió mucho; creo que tiene que ver con que esta película Jazmín la sentía muy propia y la veníamos macerando mucho. Pero estábamos poniendo la puesta en escena, y viste cómo es el cine de rápido: ella cruzaba la línea que separaba el atrás de cámara del delante y se ponía a llorar. Y yo decía: ¿cómo hace? No era solo llorar, era que funcionara, que fuera orgánico. Eran relaciones complejas, además estaba rodeada de otras bestias.

JS:Ese es un capítulo aparte. La verdad es que por momentos se daba un nivel de concentración de energía, sobre todo en las escenas grupales, que es bastante atípico.

HG:Yo vi la película, ¿cuánto, 200 veces?, y hay tres o cuatro momentos que están tan vivos que cada vez que los veo los disfruto como si fuera la primera vez. Las risas son reales, las reacciones son sinceras.

JS:Hay cosas que están vivas en serio, desde mejillas que se ruborizan hasta carcajadas que se escuchan desde la panza, son muy orgánicas, y creo que tiene que ver con el feedback de energía que empezaba a circular y de golpe la escena estaba viva.

HG:Eso es muy lindo, porque el cine va a contramarcha de eso todo el tiempo. El cine se ocupa de destruirlo, solo por su dinámica. En el teatro debe pasar más eso. Entre el montaje, los tiempos, lo que se tarda, las condiciones que tienen para actuar. Tienen que ser realistas, verosímiles, pero al mismo tiempo no se pueden mover medio metro a la derecha porque salen de cuadro o no les da la luz. Cuando ves que esto sucede es medio milagroso.

 

Recreo

De Jazmín Stuart y Hernán Guerschuny

2018 / Argentina / 90’

Estreno: 8 de febrero (Buena Vista)

 

 

Desde adentro

Arte

Por Aili Chen

Personalmente, necesito conocer a los personajes para crear y producir el diseño del espacio donde habitarán y para tomar decisiones que, de otro modo, pueden resultar arbitrarias a lo largo del trabajo. A veces, algunas preguntas sobre el espacio pueden ser un disparador para reflexionar sobre ciertos aspectos inexplorados de los personajes. Es un momento muy estimulante para un director de arte. Por eso fueron claves las charlas previas con los directores.

Jazmín y Hernán hicieron una linda dupla. Se complementaron en el set, con buena conexión entre los dos. Trabajaron con mucha intensidad, en equipo, y le dieron atención e importancia a la dirección de arte. Así, rediseñamos completamente la ambientación de la locación, para que la casa tuviera un estilo más contemporáneo, con la intención de transmitir relax y el estilo de vida de los dueños de la casa (Fernán Miras y Carla Peterson).

En decisiones compartidas con fotografía y vestuario, las paredes blancas y las aberturas de madera actuaron como fondo de los interiores. Fue una decoración muy sencilla y funcional, pensando en los personajes dueños de casa: una pareja clase media profesional con ciertas inquietudes artísticas y existenciales.

La presencia de las comidas en Recreo fue muy importante, ya que en el guion ocupaban muchísimas páginas y largas escenas de conversación. La organización de las escenas de comidas me gusta mucho. Su producción se hizo con cuidado y esmero tanto para que se vieran bien como para que los actores se sintieran a gusto (ambos logros de Wallace, nuestro utilero). Varias de las escenas de comida se filmaron entre dos y hasta tres días diferentes, y por eso se necesitaba especial atención, ya que había muchas ensaladas, frutas y carne asada, y la continuidad de estos elementos no es sencilla.

Disfruté mucho de Recreo, pese a la exigencia que significaba el traslado diario de 70 km entre el set y mi casa, pero el espíritu de todo el copadísimo equipo técnico y la contención de mi pequeño y maravilloso equipo de arte (Marilina Álvarez y Julia Aguilera) hicieron que fuera una experiencia inolvidable.

 

Vestuario

Por Roberta Pesci

Como diseñadora de vestuario de la película, creo que mi mayor desafío era recrear tres parejas que tuvieran empatía y a la vez se diferenciaran. Que entre los seis pudiera haber una unión estética visual, pero que con detalles, colores y tipologías pudiera darles carácter y credibilidad. Una historia que trae cada uno.

El film abre presentando a los seis personajes sin texto, y eso que no nos dicen con palabras, solo con su actitud y la caracterización, ya debía contar quiénes eran. Los anfitriones Andrea (Carla Peterson) y Leo (Fernán Mirás) claramente están en una etapa de la vida más relajada, están pasando por un momento de “calma”. Ella está realizada: empleo colores pastel, luminosos, desaturados, tejidos livianos, linos, algodones, etcétera. Él se funde con el campo, su campo.

Lupe (Jazmín Stuart) y Mariano (Juan Minujín) son los padres primerizos “mayores”, son los modernos, los que están pasando por una gran crisis. Sobre todo ella, que está puerpérica, dejada: sus prendas están estiradas, está destemplada, usa colores oscuros, prendas de algodón gastadas con abotonadura en el frente para dar de amamantar. Por último, están Sol (Pilar Gamboa) y Nacho (Martín Slipak), padres de trillizos. Ellos son más simples, ella es más colorida y naif, él es más adolescente, y sus prendas los acompañan.

 

Fotografía

Por Marcelo Lavintman

La importancia de la corrección de color (CC) como parte de nuestro trabajo como directores de fotografía es cada vez mayor. Con el advenimiento de lo digital, las herramientas que ofrece este proceso se multiplicaron. Banderear una fuente de luz difusa en un interior pequeño, por ejemplo, puede ser engorroso o llevar tiempo. O hacerlo puede romper el clima al que habían llegado los actores para rodar la escena. Resolverlo en CC lleva dos minutos. Lo mismo pasa con ciertas imperfecciones de cámara y hasta con algún foco blando. Hoy, expuestos como estamos a los tiempos apretados en rodaje, ya sea por presupuestos acotados, por cuidar el tiempo de trabajo de los niños o la excelencia de las actuaciones, es parte vital de nuestro trabajo saber qué dejar o qué no para dicho proceso. Por otra parte y por lo mismo, cada vez adquiere una mayor importancia el rol de los coloristas, auténticos artistas del color. Su labor tiene mucha más importancia para el resultado de la imagen que el que les es reconocido. Sería bueno que esto se modificase.

En esta película tuve el honor de contar con Maxi Pérez, de HD Argentina, con quien ya trabajé en otros dos largometrajes. Un verdadero crack pese a su corta edad. Puede inventar atardeceres o solear días nublados de manera natural y veloz. No es sorpresa que sea discípulo nada menos que del gran maestro Alejandro Pérez, al que tanto se extraña.

Estoy muy feliz de haber sido parte de Recreo. Me siento muy agradecido con todos los que participaron. Y lo resumo nombrando a Jaz y a Hernán por confiar en mí y dejarse ayudar, y a mis tres principales colaboradores, Cami Lucarella, Jocha y J. Tizon, en representación de todo mi gran equipo.

 

Montaje

Por Agustín Rolandelli

Enfrentarse al montaje de una película siempre es un desafío, y esta no fue la excepción: dos meses y dos directores para cerrar un corte final. Una vez más junto a Hernán (es nuestra tercera película juntos), pero esta vez acompañado por Jazmín (a quien conozco y admiro desde hace más de 20 años, cuando estudiábamos en la misma facultad).

Recreoes mi primera experiencia con dos directores, y confieso que estaba un poco inquieto. Para mí el montaje, además de ser un proceso técnico/artístico, es una suerte de terapia para el director, donde se enfrenta a todos sus aciertos y desaciertos. La figura del montajista, entonces, funciona como un terapeuta, que en silencio escucha las ansiedades del director y trata de acompañarlo en su sufrimiento. Al tratarse de dos directores, rápidamente tomó la forma de una terapia de pareja. En general las decisiones en montaje se toman de a dos, y esa tercera voz, ese tercer interlocutor, hizo más rico el debate.

Hernán trabaja el montaje desde aquello que no le gusta, descarta aquello que no lo convence, como un escultor trabaja la piedra hasta encontrar la forma. Jazmín, en cambio, es más intuitiva, está atenta a que lo que suceda esté vivo, respire, transmita emoción. Y yo soy más frío y cerebral (gajes del oficio). Creo que esas cualidades, esas diferencias, nos conformaron como equipo de trabajo, y sin notarlo logramos un equilibrio que facilitó la toma de decisiones, así como el desempate. Fue una experiencia enriquecedora junto a dos talentosos colegas a los que hoy, después de esta encantadora aventura, considero grandes amigos.

 

Música

Por Juan Blas Caballero

Pasaron apenas unos días de la finalización de la película, del cierre definitivo de la mezcla de sonido, ese momento crucial en que todo lo provisorio pasa a ser definitivo, y todavía tengo la sensación de que hay cosas por revisar o cambiar. De algún lado sale la frase “las mezclas no se terminan, se abandonan”, originalmente aplicada a la música, pero totalmente válida en el caso del cine.

El soundtrack de Recreo es muy variado. Abarca desde una versión de “Funiculí Funiculá”, (totalmente arreglada, grabada y producida acá en Buenos Aires) hasta una remake (cuasi remix) de “Safety Dance”, un hit de technopop ochentero ideal para acompañar con hombreras y vincha flúo.

Partiendo de eso, el soundtrack recupera algunas progresiones armónicas de uno y de otro tema, las recombina de diferentes maneras y las mezcla con melodías nuevas, intentando en todo momento ajustarse a las necesidades de las escenas, sin perder de vista la identidad general. Si lo logra o no, eso queda a criterio de cada espectador.

 

Sonido

Por Emiliano Biaiñ y Marcos Zoppi

Desde el sonido, Recreo nos invitó a narrar un universo de múltiples personajes en las escenas corales y uno particular, el de la individualidad de cada uno de ellos. Para esto creamos tantas versiones de representación sonora del campo como personajes, donde “lo realista” se transforma para construir un universo propio de cada uno.

Así, las secuencias corales están sonorizadas desde un punto de vista de normalidad del típico campo argentino, con el oído puesto en el fuera de campo sonoro, generando mucha presencia de los niños y de los adultos en off; una exageración de la multiplicidad que da una sensación de agobio a través de la combinación de material grabado durante el rodaje y en estudio.

Esta grabación tuvo dos tipos de registro: uno general, que describe situaciones típicas de verano construidas desde las características de cada personaje, y otra puntual para algunas escenas (como los almuerzos y cenas) para construir continuidad, la sensación de que muchas cosas pasan al mismo tiempo, y una profundidad de campo sonoro que aporta mucha naturalidad y realismo.

Otro aspecto fue la búsqueda de musicalidad del universo sonoro de la película, la convivencia de la fauna con los momentos musicales como si fueran un instrumento más. La intención era que en los momentos en los que no hay música actuaran de esta manera para proponer un devenir natural pero, a la vez, construido con mucho artificio, intentando crear una naturaleza pulsante y por momentos sutilmente extrañada. Esta forma de construcción de la naturaleza dialoga todo el tiempo con lo artificial de los protagonistas en ese entorno y lo natural de los que viven ahí.