Netflix, un jugador de toda la cancha

Las mil y un virtudes del ganador por excelencia del Balón de Oro de la temporada a nivel industria: Netflix, el gigante del streaming.

Nota publicada en el número 143 de Haciendo Cine.

 

El tiki-taka del futuro

Ay, Blockbuster, si te hubieses avivado a tiempo… No todos lo recuerdan, pero Netflix empezó siendo un videoclub que ofrecía un servicio similar al de aquel elefante ahora sí –finalmente– extinto. Hoy, 16 años más tarde, todos reconocen que sus méritos son tanto más grandes que el de haber sabido capitalizar la inexorable muerte del DVD, la materia prima con la que entraron al negocio (y que todavía hoy representa una porción –ínfima, claro– de su negocio). Como un marcador de punta amateur luego reconvertido sorpresivamente en goleador de área al llegar a Primera, Netflix creció y mutó hasta convertirse en el protagonista cada vez más central de este cambio de época y paradigma que atraviesa la industria audiovisual en lo que a circulación de contenidos respecta. Atento lector de los nuevos modos de consumo forzados por la consolidación de Internet como la esfera social por excelencia en la cual pasamos a habitar, entendió que debía desafiar la cada vez más obsoleta lógica de programación de la televisión tradicional. Sombrerito mediante, le dio al público la dosis completa: temporadas enteras de series, a menos de 8 dólares por mes, en el dispositivo que más le plazca y en el día y la hora (y las veces) que cada quien pueda y quiera. Golazo.

Semillero propio

Hasta fines del año pasado, ofrecía un catálogo mayormente ajeno y algo viejo para estos tiempos de circulación acelerada de contenidos. Entonces hizo debutar a House of Cards y pasó a ganar menciones en Twitter, en palcos y populares. También, un histórico premio Emmy (esos que se supone que fueron concebidos para la televisión) y, lo más importante, muchos nuevos usuarios. Fue tal el envión que le dio la serie que, a partir de su lanzamiento, la base de suscriptores se disparó en Estados Unidos en millones (más de 32, actualmente), al punto de superar en cantidad a HBO. Había que confiar en las inferiores y sacar a la cancha un producto propio, de alto impacto y calidad.

Jugar con los grandes

Otro logro sin antecedentes: que una major como Sony vaya a producir, por primera vez en su historia, una serie para ser vista únicamente en… Internet (en Netflix, más precisamente). No fue el único acuerdo que realizó Netflix con los dueños del entretenimiento mundial. Junto a Marvel, hoy propiedad de Disney, producirán próximamente cuatro nuevas series; y con Dreamworks, 300 horas de programación original basadas en los personajes de la factoría animada. Los grandes estudios de Hollywood empiezan a respetar a este nuevo jugador venido de una liga que, hasta hace no mucho tiempo, no se sabía cómo explotar comercialmente.

Paredes con el enemigo

Equipo que gana no se cambia, repiten los conservadores. Fiel adepto a la escuela menottista, decidió salir a atacar de visitante al hacer acuerdos con los operadores de cable más importantes de Estados Unidos para sumar sus servicios en dicha ventana. Netflix podrá representarle una amenaza a la televisión, sí, pero, mientras tanto, también puede ser un socio. Ningún torneo se descarta. A todo esto, estudios de mercado –vaya a saber encargados por quién– indican que los suscriptores de Netflix siguen prendiendo la televisión la misma cantidad de horas que antes. Solo que encontraron nuevos resquicios de tiempo para alargar la jornada de ocio hasta fabricar lagañas en serie con Netflix. Por otra parte, aseguraron otros, la facilidad para compartir la clave de acceso, con el consiguiente riesgo de atraer más usuarios ilegales que legales, les salió bien en tanto ayudó a difundir una plataforma hasta entonces desconocida para un público que, en muchos casos, se terminó asociando y pagando.

Mercado de pases

Flamante puntero en Estados Unidos, el principal mercado del mundo, y aunque con algunos contratiempos por la dificultad que representa negociar derechos de emisión en cada territorio (en los casos en que no existen acuerdos regionales), Netflix se expandió rápidamente a 51 países. Pero su carrera recién comienza: todavía le queda por conquistar los países más importantes de Europa y, principalmente, China, gigante al que Hollywood pretende apuntarle todos sus misiles y que, según se proyecta, en diez años duplicará en tamaño y espectadores al mercado estadounidense.

Un partido aparte con las salas

Jugador con sed de gloria, se dio cuenta de que con las películas no le va tan bien como con las series. Entonces metió marca y presión para tener posesión en esa zona. Envalentonado, uno de sus ejecutivos tomó carrera y pronunció un discurso en el que acusó a los exhibidores de estar “matando al cine” para, acto seguido, reclamarles que les permitieran estrenar los tanques de Hollywood… ¡el mismo día que en los cines! “¿Esperar tres meses para ver Iron Man 3 en mi casa?”, se preguntó, como si fuera lo más extraño del mundo. A la semana reculó, y aclaró que para él –Ted Sarandos, tal es su nombre– ya era hora de que, después de 30 días en los cines, las películas estuvieran disponibles en Netflix. Hay quienes sostienen que los distribuidores, centenarios aliados de los dueños de las salas (los jugadores históricamente más reacios a la innovación en el negocio), por el momento no dirán nada sobre eventuales acuerdos, a riesgo de ofender. Y antes de que aquello efectivamente suceda, es cierto, deberían recibir demasiada plata como para permitir que se juegue semejante partido. Pero lo cierto es que los tiempos entre ventana de exhibición se achican cada vez más, y el recorrido comercial de un tanque en un cine hoy casi se completa en seis semanas. No sabemos quién ganará la pulseada de acá a unos años. Alguien sugirió que tal vez nos estemos adelantando demasiado y que es posible que, al final del partido, este jugador todoterreno llamado Netflix pierda contra estos gigantes y, polifuncional como es, termine haciendo películas y estrenándolas en cines antes que en su plataforma.