Nuevos son los trapos

El libro de Jens Andermann se suma para intentar comprender ese fenómeno que alguna vez fue llamado Nuevo Cine Argentino y que ahora, con novedades mucho más difíciles de etiquetar, necesariamente hay que pensar en puro presente.

La pregunta por la especificidad y vigencia del Nuevo Cine Argentino continúa gestando significativos y fructuosos momentos de reflexividad. El libro de Jens Andermann complementa y dialoga con un puñado de importantes obras que se ocuparon sobre el tema, en especial el triángulo de libros que conforman El nuevo cine argentino, de Horacio Bernades, Sergio Wolf y Diego Lerer (Ediciones Tatanka); Otros mundos, de Gonzalo Aguilar (Santiago Arcos); y El país del cine, de Nicolás Prividera (Los Ríos Editorial). El ensayo de Andermann cuenta con una ventaja: el tiempo. Esto le da la posibilidad de expandir el corpus de films con los que se propone pensar novedades estilísticas, de producción y distribución del paisaje audiovisual local. A ciertos directores de relevancia ya indiscutida como Lucrecia Martel, Pablo Trapero y Adrián Caetano se agrega un grupo de obras más recientes en el que aparecen, por ejemplo, nombres como Santiago Mitre y Gastón Solnicki, y se pone de relieve el trabajo de algunos técnicos, sonidistas, montajistas y actores. Porque se trata de ampliar la noción de realización como el mero resultado del “genio iluminado” en una sola persona: “Creo que pensar el cine como trabajo de un director-autor todopoderoso sería empobrecer sustancialmente nuestra comprensión del trabajo de estos profesionales del cine, sin mencionar la contingencia de una filmación como trabajo intersubjetivo”, dice el autor.

El libro, entonces, cuenta con la existencia y el agotamiento de una primera generación de cineastas que, a fines de los noventa, ayudaron a conmocionar el decir cinematográfico con Rejtman y Perrone como principales iniciadores. Si a partir de allí el cine post crisis y estallido social del 2001 extrae toda su potencia de las propias limitaciones económicas y sociales, es por su capacidad de construir una narratividad de los acontecimientos de su propio presente, dotando al cine “de una perspectiva reflexiva y crítica única”. Andermann completa la observación en su introducción: “Más que distinguir entre una corriente realista y descriptiva dentro del NCA y un cine no realista y experimental fiel a la crítica de la imagen del cine modernista, como lo hace la crítica mainstream, me gustaría plantearque en las películas argentinas más recientes la ‘realidad’ nunca aparece de manera directa e ingenua; por el contrario, lo que está en juego son diferentes estrategias de refracción y puesta en escena que tienen como objeto hacer reconocibles la diferencia y el carácter diferido de la imagen cinematográfica respecto de la realidad contemporánea”. A estas nociones llega forjando el recorrido de un libro fascinante por la originalidad de los caminos que transita. Andermann analiza la representación de lo urbano y la composición de la ciudad a partir de, entre otros films, Habitación disponible y Solo por hoy; revisa el concepto de realismo para llegar a su “márgenes” sobre todo con Lisandro Alonso, reconstruye el carácter autobiográfico del documental contemporáneo, y, con novedosa osadía, hasta se ocupa de explorar los nuevos modos de actuación en consonancia con la nueva ponderación de los géneros narrativos.