Padre de familia

Mariano González se corre del rol de actor para filmar su primera película. Los globos es un relato visceral que intenta atrapar todo aquello que se desprende de la relación particular entre un padre cobarde y emocionalmente parco y su pequeño hijo.

Decir que Los globos es una película sobre el vinculo padre-hijo sería reducirla a un universo argumental tal vez esquemático o previsible. Si dijéramos que narra las peripecias de un padre, en apariencia insensible, que decide dar a su hijo en adopción, sumido en un pánico involuntario a la paternidad que determina una visión del mundo agitada, llena de pequeños tropiezos cotidianos, nos estaríamos acercando un poco más a la esencia de esta obra filmada de manera rotunda, seca y visceral a la vez. Con una nutrida experiencia como actor, Mariano González debuta como realizador con una historia que le escapa al “deber ser” del relato filial tradicional.

 

¿Cómo se te dio el pasaje de la actuación a la dirección?

El pasaje se fue dando bien, descubriéndolo. En cuanto a la actuación, estaba más protegido por tener experiencia como actor. Lo único que me preguntaba era si cuando estuviera actuando miraría a los demás actores como director. Me preguntaba si iba a poder abstraerme de esa mirada y hacer mi trabajo como actor, y creo que lo hicimos. En la dirección tenía en claro qué quería contar y fue bastante mágico. La pude disfrutar, claro que también contaba con un gran equipo técnico de experiencia y profesionalismo que me daba tranquilidad y contención. Una película es un poquito de todos.

 

¿Qué desafíos personales se presentaron al  ponerte detrás de cámara y dirigir con tu hijo encarnando a uno de los personajes? ¿Cómo trabajaron desde la dirección de actores con él?

Creo que tenía una ventaja y una desventaja. Ventaja porque era mi hijo, y para mi personaje, para el conflicto y para el tema era más verdadero todo. Porque para él yo también era su padre en la vida, en el mundo. Por eso logramos, a mi parecer, un vínculo muy sincero en el film. Me ayudó mucho trabajar con él, había algo muy fuerte que sucedía en mi interior. Yo solo le conté de qué se trataba la película, cambiándole algunas cosas: por su edad (tenía cuatro años), en vez de decirle que su madre había muerto, le dije que se había ido de viaje, por ejemplo. Después él jugó libre, respetando lo que íbamos a contar. Armó su juego, me sorprendía constantemente. Inconscientemente me dirigió a mí. La desventaja era que al protagonizar, dirigir y a veces tener que estar en cuestiones de producción iba a ser mucho, entonces un niño ajeno iba a liberarme de que, una vez que se terminara la escena, el niño iría con sus padres y no conmigo (mas allá de que su madre y el equipo estaban ahí). Entonces para mí sería un pequeño descanso, pero creo que la decisión fue buena. Escribí está película porque él había nacido, porque yo había sido padre. Volvería a trabajar con Alfonso. Si él tiene ganas, claro.

 

¿Cómo fuiste encontrando ese tono entre vertiginoso y seco que tiene la película?

El tono estaba planteado desde el guion. Trato de mantener diálogos bastantes concisos y claros, que no se desvíen, que se diga lo necesario, que tengan fuerza, torpeza, intriga, sinceridad, amabilidad dentro de lo malo que se esté diciendo o haciendo. Al igual que los personajes, creo que a veces se abusa mucho en el cine para contar algo, en el sexo, en lo violento, en las palabras, en los temas. Yo no sé si toda la gente sabe disparar un arma, o matar a una persona, o tener sexo en cualquier lugar, o decirse las cosas tan claras sin pudor o miedo o duda. Los actores tenemos que mentir y tratar de entender e interpretar esas cuestiones, pero el director tiene que tener una mirada más sensible, sincera, cuidadosa, respetuosa. No solo en este tipo de película, sino en todas, hay que alimentar mejor a la gente, al espectador, porque son los que ven nuestra obra, los que se disponen, se comprometen, y corremos el riesgo de que todo pierda valor. El ser humano es torpe, la vida es torpe, si no decime cuál es su sentido. Yo lo estoy buscando, y así trato de contar mis obras. El tono se  sigue encontrando en el rodaje con la cámara, con el equipo, y termina de encontrarse en el montaje.

 

La película contó con el apoyo del INCAA. ¿Creés que es posible hacer cine independiente sin contar con algún tipo de subsidio? ¿Cómo ves la escena independiente en lo relacionado con la distribución y exhibición? 

La película contó solamente con el apoyo del INCAA, y también con el apoyo de todos los que ayudaron a poder continuar haciéndola, porque lo burocrático es algo lento y engorroso. Al no tener otro respaldo, más que el de los que trabajamos en esto y la gente cercana que te ayuda, se hizo difícil pero se logró. Claro que se puede hacer cine independiente y mucho mejor que en algunos casos del cine comercial. Hoy hay facilidad para filmar en cuanto a lo tecnológico, lo principal para mí es aquello que vas a contar, lo que vas a darle al espectador. Después agarrás una cámara, un grupo de amigos y salís a filmar. Así se aprende, así se vive. La escena independiente en cuanto a la distribución y la exhibición es complicada. Siempre van a gobernar las grandes empresas, el dinero, los intereses económicos, las ganancias. Una película extranjera o nacional con grandes figuras puede estar en 260 salas del país. Una independiente en cinco, con suerte. ¡Vos dirás! Un gran problema  para pensar. El cine independiente siempre estará vivo, porque los jóvenes y su necesidad de filmar van a seguir existiendo.

 

Los globos

De Mariano González

2016 / Argentina / 65’

Estreno: 6 de julio (Compañía de Cine)