Querida elegí a los niños

Cuando se trata de infantes en el cine, los más impredecibles de todos, hay un nombre que flota con presencia. Desde hace unos años, María Laura Berch se destaca como coach actoral de chicos

Dicen los grandes que trabajar con chicos es una pesadilla. “Pero no, la verdad es que no”, desmiente al toque y con autoridad María Laura Berch,coach actoral, quien participó en más de noventa producciones cinematográficas acompañando a pibitos, criaturas ínfimas y adolescentes.

“Sí es exigido y requiere estar presente, disponible, atenta y, sobre todo, recordarte siempre que no hay recetas probadas y que el sentido común es tu mejor aliado”, se sincera sobre su singular oficio. No recuerda cuándo descubrió el momento en que era buena para esto, pero enseguida supo que allí encontraría la comodidad para desarrollarse profesionalmente. “Hay un momento que me fascina y es cuando ya no me siento necesaria. Cuando ya puedo ver a la distancia al niño entregado a su juego, entrando y saliendo de la ficción, es algo que disfruto muchísimo”.

Berch nació en la ciudad de Mar del Plata en 1976, estudió actuación en el Instituto Universitario Nacional del Arte y se formó actoralmente con Juan Carlos Gené (“mi gran maest ro”); como tantos otros talentos, también pasó por las clases de Julio Chávez. En paralelo, esta reconocida entrenadora (“es una genia absoluta”, le dirá el cineasta Ariel Winograd a esta publicación) cursó algunas materias de la carrera de Ciencias de la Educación.

No finalizó sus estudios pero aquel paso por la formación universitaria le otorgó una visión pedagógica del asunto. “Educación es una carrera que claramente no fui haciendo para ejercerla, aunque le estoy agradecida por todo lo que me aporta en esta tarea”. Y, finalmente, dentro de los sets de filmación fue donde terminó de construir esa mirada profesional que vincula su formación en el ámbito teatral con su práctica cotidiana en el lenguaje audiovisual. “Estar en rodajes es un desafío muy estimulante”, suma.

María Laura Berch tiene un vasto recorrido desempeñado en títulos como El último verano de la Boyita (de Julia Solomonoff), Una semana solos y La tercera orilla (de Celina Murga), Refugiado (de Diego Lerman), Por tu culpa y Aire libre (de Ana í Berneri), Infancia clandestina (de Benjamín Ávila), Wakolda (de Lucía Puenzo), Sin hijos y Mamá se fue de viaje (de Ariel Winograd), entre otras.

“Miro para atrás y veo en el camino historias increíbles, de mucho crecimiento, pero el lucimiento les corresponde a los directores y a los chicos”, señala. “Y no lo digo por falsa humildad, es que realmente considero que mi trabajo está bien hecho cuando no se nota, cuando es invisible. Cuando una crítica rescata la actuación de un niño o adolescente y lo valoran como una revelación o se preguntan cómo lo hizo, celebro desde afuera de escena”.

No cualquier proyecto es para cualquier niño. Ni cualquier niño es para cualquier proyecto. Eso María Laura Berch lo sabe bien. “Pasta tienen todos por el solo hecho de ser niños. Lo que sí, a mi entender, se tiene que producir un encuentro”. Y ese encuentro, en efecto, colabora en el desarrollo de la experiencia y un post rodaje más saludable.

En todo este proceso, siempre es importante la presencia de sus padres. “Me gusta pensar que cuando uno hace casting de niños y adolescentes está haciendo un casting del niño y de su familia; los pienso en conjunto. Y, si a los padres los invitás a una aventura intensa, son claves y grandes aliados”.

Berch trabaja vivamente con la timidez de los chicos. “La respeto mucho”, comenta. “Mi obligación, tímidos o no, es no dar nunca nada por sentado, los chicos no tienen por qué venir con alguien que no conocen, contarles de su vida y simplemente jugar. Después me pregunto si el niño está ahí porque quiere”, sigue. “Con estos dos aspectos claros, ya es cuestión de respetar el tiempo que necesita el niño para sentirse cómodo”.

Lo más complicado de este trabajo es cuando eso se rotula, cuando –incluso sin querer– los padres se adelantan: son los que aclaran la inhibición, por si el niño no hace lo que se espera de él. “¡Y la verdad es que yo no espero nada!”, arremete. Y, de nuevo, sobrevuela el encuentro. “Solo espero propiciar un buen encuentro. Eso para mí es el casting”.

Con los niños más pequeños, la marplatense tiene un postulado: “¡Al piso y a jugar!”. Lo más importante de pensar proyectos que implican el trabajo con un niño muy pequeño, por ejemplo, es aceptar que las rutinas del niño van a marcar cualquier diseño posible de rodaje.

Por eso, quienes conocen el paño (y los pañales) advierten que es crucial estar atentos a sus rutinas y tener  una sensibilidad especial ante los cambios emocionales que conllevan esos momentos del día. Y,  otra vez, aparece su mayor herramienta: “Ahí es cuando más uso el sentido común”.

¿Alguna vez te tocó un chico con ínfulas?

¡Se mantiene el secreto profesional! Igual no, pero porque no suelen tenerlas. Es una mirada muy adulta sobre la infancia. Ese sigue siendo un temita que deberíamos resolver nosotros, los grandes.