Quisiera ser grande

La nueva película de Nacho Vigalondo enfrenta a la estrella hollywoodense Anne Hathaway con un kaiju que no pasa por la puerta. Pero lo que comienza como una película monstruosa termina reducida a un discurso de autosuperación.

Colosales una película que está dentro de lo que podríamos llamar “indie sci-fi”, subgénero que desde Donnie Darko, más o menos, tiende a traernos films con más prestigio que calidad. Por alguna razón, ya sea la menor disponibilidad de recursos (no siempre cierta) o una supuesta sensibilidad más profunda, se las tiende a considerar con mayor crédito artístico que la ciencia ficción de gran presupuesto. Estas películas dan vueltas por festivales y llegan al estreno con puntajes exagerados. Esto no significa que no haya ejemplos de grandes películas. Safety Not Guaranteed, un acercamiento indie al viaje temporal, sorprendió para bien y lanzó la carrera del querido Colin Trevorrow a las grandes ligas. Coherence, de James Ward Byrkit, fue otro pequeño relato de ciencia ficción extremadamente original y atrapante. Pero en el caso de Colosal, que pasó por los festivales de Toronto y San Sebastián, su título es bastante apropiado para ilustrar el nivel de exageración que obtuvo la respuesta a la película.

En el centro de Seúl, Corea, aparece un monstruo gigante, un kaiju (como Godzilla, o los de Pacific Rim) que destruye parte de la ciudad. En la otra esquina del mundo, Gloria (Anne Hathaway), una escritora con problemas con el alcohol, es abandonada por su pareja y debe volver a su pueblo natal. Ahí se reencuentra con un amigo de la infancia, Oscar (Jason Sudeikis), y descubre que está directamente relacionada con la aparición del monstruo en Corea. Cuando Gloria va a una plaza específica del pueblo, el monstruo aparece e imita lo mismo que ella hace. Oscar comparte este poder, a su vez manifestando un robot gigante cual muñeco chino copia de Mazinger. Desde ya, sabemos que por alguna razón se van a pelear; no es otra sino la naturaleza de este tipo de criaturas, su destino final. La premisa tiene su encanto, y durante un rato el film la disfruta y juega un poco con sus reglas.

Pero no dura mucho. Vigalondo finalmente decide hacer de su premisa una historia de superación personal, y vuelve explícita la metáfora del monstruo como la representación de su poder interior. Para colmo de males, además, agrega al final una explicación psicologista, con traumas de la niñez y todo. Hay incluso una tormenta y un rayo que da poderes en cámara lenta, porque, total, ¿para qué innovar? Esto desentona con el diseño de los bichos, incluso, bastante caricaturesco y mucho más adecuado para el tono inicial del film, casi juguetón. La necesidad de agregarle algún tema importante, una enseñanza final que supera y asfixia cualquier posibilidad de diversión, vuelve a arruinar otra película. Esto es culpa absoluta del director, y si algo mantiene al film ligeramente a flote es su elenco de profesionales. Hathaway, siempre con esa pose de perrito abandonado bajo la lluvia, cumple con lo necesario para el rol, pero es Sudeikis el que resalta en un personaje con extremos dispares de personalidad. Después de este film, es claro que el comediante ya está listo para dar el paso con éxito a roles más diversos. Dan Stevens, el chico de Downton Abbey, Legion y The Guest (qué buena era esa), pasa un rato a saludar pero la trama lo deja bastante relegado al fondo. Tim Blake Nelson es la mayor sorpresa, en una interpretación mucho más medida y digna que aquellas a las que nos tiene acostumbrados.

Es curioso que Vigalondo desperdicie así su película. La originalidad de su planteo inicial no se refleja nunca, incluso en un film que resulta sumamente tradicional tanto estética como narrativamente. Lo que podría haber sido un proyecto ambicioso queda truncado en una película del montón, sin grandes despliegues ni inventiva alguna. Quizás Vigalondo debió haber aprendido más de su propio discurso: lo que falta en su película es liberarse, dejarse llevar por el potencial (en este caso, creativo) y explotarlo libremente, en lugar de atarse a esquemas prearmados y mensajes de libro de autoayuda.

 

Colosal

Colossal

De Nacho Vigalondo

2017 / Estados Unidos / 109’

Estreno: 1 de junio (Energía)