Rebelde con causa

Conocido por ser un gran retratista de personajes extraños, Tomás Lipgot le dedica su tercera carta de amor audiovisual a Moacir Dos Santos, un músico brasileño que encuentra en la cámara el mejor espacio para narrar una vida inabarcable de anécdotas, ilusiones y tristezas.

A fuerza de parecer increíble, los setenta años de Moacir Dos Santos ostentan una empecinada juventud. Así se refleja en Moacir III, el retrato que construye Tomás Lipgot sobre este brasileño expatriado en Buenos Aires hace treinta años, que desde aquel momento vivió demasiados pesares y alguna que otra alegría. Hay que decir que en 2010 –cuando apareció por primera vez en el documental Fortalezas– Moacir todavía no era el protagonista integral de su propia película, no forjaba las coordenadas dramáticas de su propia biografía, y pivoteaba entre la exaltación teatral y la veracidad documental. Era, sí, ese viejito con sonrisa refulgente encerrado en un neuropsiquiátrico, con una voluntad inquebrantable y una carrera artística por entonces soñada, incipiente. Pero aún no era, como se lo retrata en Moacir (2011), esa especie de estrella del samba-canção, la modinhao el pagode reformulados al calor de una impronta porteña. Hoy, en Moacir III, este héroe aparece más afirmado en su quehacer de cantor y performer. Tomás Lipgot cierra así la Trilogía de la Libertad, poniendo de relieve el lado luminoso, feliz –no psiquiatrizado, no punible– de la locura.

 

Moacir aparece en tu película codirigida con Christoph Behl Fortalezas, cuando estaba encerrado en el Borda. ¿Cómo se termina convirtiendo, a partir ese momento, en el protagonista de dos films más? ¿Qué características que había en él te llamaron la atención?

Su vida, de la forma en que fui observando su evolución, me fue conmoviendo. Ese fue el motor para querer hacer otras películas. Además hay una potencia en Moacir como personaje, es muy rendidor en este sentido. No solo desde lo documental vinculado a su vida, sino en los recursos ficcionales-dramáticos que aporta. Creo que esta combinación lo hace muy pujante y que fue lo que me permitió jugar con las fronteras de lo documental y lo ficcional. Su eficacia como personaje la fui notando ya en Fortalezas, donde claramente se destacaba. El desafío de hacer una tercera parte fue intentar no repetir los esquemas anteriores. Espero haberlo logrado.

 

¿Creés que la vida de Moacir cambió después de haber protagonizado tus películas?

Creo que sí, pero es una pregunta que habría que hacérsela a él. Cualquiera que vea las tres películas de la Trilogía de la Libertad puede notar esta mejoría. De estar encerrado en el manicomio a terminar jugando creativamente hay un cambio. Y como cantante, en medio de todo este proceso de la trilogía, Moacir pudo editar su disco con sus canciones, y suele realizar shows esporádicamente. También esta mejoría se nota en la calidad técnica de las canciones de Moacir III, que fueron grabadas y masterizadas de una forma mucho más elaborada y cuidada.

 

Vos tenés una importante presencia en cámara; en términos narrativos, ¿qué te interesaba del hecho de aparecer como un personaje más?

No es una cuestión narcisista por la que aparezco sino por conveniencias narrativas. Me pareció pertinente exponer mi vínculo de más de diez años con Moacir, que además en las otras películas está más que sugerido. También tiene que ver con la propuesta de esta película, donde hay una suerte de codirección. Para ser más preciso, Moacir es quien me encarga realizar las escenas que imagina, y juntos guionamos.
 

La película tiene varios momentos en los que toma recursos de la ficción, o se aleja un poco del documental clásico. ¿Cómo manejas esa convivencia entre el control de la ficción y la esencia más bien azarosa que podría haber en el lenguaje documental?

No sé si es algo muy “manejable” justamente. Es una ola que hay que surfear. Esta película para mí fue un experimento en el cual la incertidumbre, y algunas veces la angustia y la desolación, me acompañaron en todo momento. Fue así hasta avanzado el montaje, donde pude certificar que las fichas se acomodaban, y mejor de lo que esperaba. Es una búsqueda que vengo encarando hace tiempo, pero creo que recién ahora estoy logrando algo interesante al respecto. También pasaron cosas increíbles en el rodaje, vinculadas a lo azaroso del documental. En este punto creo que fue fundamental el acompañamiento de todo el equipo, quienes supieron entender un concepto de trabajo bastante particular, dinámico y poco frecuente.

 

Moacir III

De Tomás Lipgot

2017 / Argentina / 90’

Estreno: 10 de agosto (Cinetren)