Reseña de "Obsesión": A la deriva

Matthew McConaughey y Anne Hathaway planean un crimen, con una ambiciosa vuelta de tuerca, que sobre la marcha pierde todo rumbo. Por Enrique D. Fernández

Luego de iniciar una carrera como guionista para realizadores de la talla de Stephen Frears y David Cronenberg, Steven Knight pudo darse el lujo de adaptar sus propios guiones ubicándose detrás de las cámaras. Obsesión (Serenity, 2019) es el tercer opus de Knight como director y el resultado es sumamente desconcertante. Hablamos de una película que desde el vamos se vende de manera engañosa, tejiendo un aura de misterio que a fin de cuentas es una gran trampa.

Matthew McConaughey es el dueño de un barco pesquero, ubicado en una isla remota, que dedica sus días a pasear turistas y vender atún para saldar sus deudas, hasta que recibe la repentina visita de su ex esposa (Anne Hathaway), quien le ofrece la oportunidad de ganarse 10 millones de dólares si a cambio asesina a su abusivo actual marido (Jason Clarke).

A partir de esta premisa (de la cual no conviene revelar más detalles), Obsesión comienza a desarrollar un thriller de aires noventeros (mezcla de suspenso y algo de erotismo), pasando del relato noir al melodrama experimental, hasta que su estructura finalmente se desmorona a causa de un desenlace tan inesperado como delirante.

Además de diálogos vacíos y escenas sobreactuadas, también debemos soportar a un McConaughey que constantemente se pasea desnudo frente a la pantalla; acompañado por una Hathaway en pose de femme fatale que no termina de convencer. Obsesión se consagra como el mayor fracaso en el repertorio de Knight, incluyendo uno de los finales más difíciles de digerir para el espectador promedio.

 

Por Enrique D. Fernández

Calificación: Regular