Reseña: "John Wick 3: Parabellum"

Keanu Reeves interpreta por tercera vez al implacable John Wick, el héroe de acción que recuperó lo mejor del género y le devolvió la alegría al público.

Con las dos primeras entregas de la saga “John Wick”, su director Chad Stahelski dejaba en claro que el cine de acción necesitaba reinventar su lenguaje. Stahelski, junto al co-director David Leitch y la estrella principal Keanu Reeves, trasladaron el tecnicismo de películas como “La Redada” y “El Maestro de Tai Chi” al circuito americano, pudiendo de esta manera reivindicar al género que en su momento supieron enaltecer eminencias en la materia como Sam Peckinpah y John Woo.

Esta fórmula de balaceras frenéticas y peleas coreografiadas procesaba un estilo atractivo para el público contemporáneo, teniendo como entramado un submundo habitado por sicarios que son condicionados a cumplir una serie de reglamentos que estructuran su mecánica de trabajo.

“John Wick 3: Parabellum” continúa con la odisea que padece el personaje interpretado por Reeves para sobrevivir en una Nueva York atestada de asesinos a sueldo que buscan cobrar una recompensa millonaria. Además de los nuevos ingresos que se suman al elenco (una avejentada Anjelica Huston, la devaluada Halle Berry y el regreso triunfal de Mark Dacascos), la historia se traslada a nuevos escenarios (la secuencia de disparos en Marruecos es tremenda) y expande su línea argumental.

Para el cierre de la trilogía, Stahelski mantiene el pulso dinámico del montaje, su humorada autoconsciente y sus guiños al spaghetti western, mientras que Reeves se sigue glorificando como una de las mejores figuras de acción de su generación. Y para alegría de todos, el próximo capítulo ya está en marcha.

Por Enrique D. Fernández