Reseña "Spiderman: Lejos de casa"

El héroe arácnido favorito de todos vuelve a la pantalla grande en forma de comedia vacacional para seguir deleitando al público marvelita.

Marvel no para de facturar. Después de romper todos los records taquilleros con “Avengers: Endgame”, la exitosa franquicia que supo administrar el empresario Kevin Feige abre el juego una vez más para seguir invadiendo la oferta de la cartelera cinematográfica. “Spider-Man: Lejos de casa” es la segunda aventura en solitario del superhéroe que interpreta Tom Holland, con Jon Watts ocupando una vez más la silla de director. Siguiendo con la referencia directa al cine de John Hughes, Watts se mantiene dentro del subgénero de comedias estudiantiles, el mismo al que apuntaba la primera entrega, sumando algún que otro guiño al clásico “Vacaciones en Europa”.

Luego de los eventos sucedidos en el capítulo anterior, el trepamuros adolescente deberá lidiar con la carga de convertirse en el sucesor de Iron Man, al mismo tiempo que intenta llevar adelante una vida social normal durante unas vacaciones escolares en Europa. La trama se complica aún más cuando las obligaciones superheroicas de nuestro protagonista lo obligan a unir fuerzas con Siniestro (Jake Gyllenhaal) para derrotar a una entidad sobrenatural.

“Spider-Man: Lejos de casa” es una película que se resuelve sin demasiado esfuerzo, saturada de chistes livianos y con un trasfondo que constantemente busca reiterar la figura de Iron Man. Lo apenas rescatable se concentra en el personaje que interpreta Gyllenhaal (con una vuelta de tuerca que puede irritar a los fanáticos ortodoxos del comic); además de la escena post crédito con el mejor cameo en una película de Marvel hasta el momento.

Por Enrique D. Fernández