Santiago Esteves: “Creo que un género sobrevive únicamente por sus autores”

Julieta Bilik habló con el director de "La educación del Rey", una nueva producción de origen mendocino

Es mendocino, Licenciado en Psicología y egresado de la FUC. Ha trabajado como montajista junto a directores como Pablo Trapero, Mariano Llinás y Juan Villegas, entre otros. Escribió y dirigió los cortometrajes Los crímenes (Mejor Cortometraje Iberoamericano en Huesca 2011) y Un sueño recurrente (Bafici 2013).

La educación del Rey, su ópera prima, tuvo su origen como serie federal. Con elementos del western y del policial, fue íntegramente filmada en Mendoza. Según Esteves: “La película es un relato de iniciación dentro de la clase armada de nuestra época: los guardias de seguridad y los ladrones. (...) Pero sobre todo, intenta poner en escena la relación entre un hombre al final de su camino y otro que recién empieza a transitarlo”.

¿Cómo definirías -en una línea- el tema  de tu película? 

La educación del Reyes una película sobre la transmisión de la experiencia en un contexto de violencia. Sobre los códigos y las lealtades que eso supone, así como las emociones que son capaces de sobrevivir en el camino. 

Contanos un poco el proceso de producción de La educación del Rey: desde que tuviste la idea, hiciste la serie para TV y luego la convertiste en película.

Es una historia larga. Empezó en 2013 cuando Juan Manuel Bordón, mi co-guionista en ésta y otras aventuras, me trajo un primer boceto con los dos personajes principales y ese título rimbombante. Él quería trabajar una historia de formación sentimental en el mundo de las empresas de seguridad, lo cual me pareció una idea súper fecunda. En ese momento estábamos fascinados con The Wire, esa obra maestra, y pensamos que podíamos armar un relato extenso y complejo que transcurriera en Mendoza, de donde ambos venimos. Trabajamos intermitentemente en el relato durante dos años, hasta que en 2015 ganamos un concurso de series federales y pudimos filmar la serie, 8 capítulos de 26 minutos cada uno.

¿Y entonces?

Hubo un punto de quiebre para mí porque sentía que tenía un material muy crudo e intenso, gracias al trabajo de todo el equipo y de los actores, pero me parecía que el formato diluía un poco su potencial. También me entusiasmaba mucho lo que había hecho Olivier Assayas con Carlos, que tenía como tres versiones: una miniserie de cuatro capítulos, una de dos y una película de hora y media, y estaban todas buenísimas. Además, como montajista de largometrajes, había acumulado mucha experiencia destruyendo y reconstruyendo relatos, así que empecé a trabajar en una "reescritura" con el material filmado. Ahí volvió a entrar Juan y comenzamos a escribir escenas que nos ayudaran a tender puentes donde antes había subtramas, elipsis donde antes había acciones o viceversa...Y además quise filmar otro final, que sentía más coherente con lo que había pasado durante el rodaje.

Con ese armado de una hora con placas en las escenas que queríamos filmar, quedamos en Cine en Construcción de San Sebastián. Tuvimos la suerte de ganar ese premio y de conseguir un vendedor internacional que nos adelantó dinero para  filmar lo que queríamos agregar. Así volvimos a armar el equipo y filmamos esas escenas, cuyo desafío mayor era que pudieran unirse orgánicamente a lo que habíamos hecho un año antes. Eso implicó un trabajo meticuloso pero muy grato, que para mí habla de lo flexibles que pueden ser los materiales del cine, ya que hoy es imposible diferenciar las escenas de la serie con las posteriores.

¿Cómo elegiste al protagonista?

Tuvimos muchísima suerte con el Mati (Matías Encinas). Yo no quería hacer un casting abierto, entonces empezamos a ver adolescentes en talleres de teatro de Mendoza. Carina Piazza, la asistente de dirección de la serie, fue un sábado a uno de estos talleres y lo vio al Mati. Lo llamamos para hacer unas lecturas y a primera vista no me convencía, me parecía muy alto y canchero, muy distinto al personaje que habíamos escrito. Pero a las mujeres del equipo les parecía que tenía que ser él, y eso tuvo un peso importante en la elección. En el rodaje, una de las mejores cosas que me pasaron fue ver cómo Mati iba creciendo y convirtiéndose en actor día a día, toma a toma. Trabajó con la intensidad de alguien que ha encontrado lo que quiere hacer toda su vida. Hoy veo sus primeros planos y tiene un nivel de precisión que me sigue quitando el aliento.

¿Considerás que La educación del Rey es una película de género o de autor? ¿Por qué?

Para mí la distinción género-autor implica una paradoja interesante. Creo que un género sobrevive únicamente por sus autores. Creo que es imposible hablar del policial negro en literatura por fuera de Chandler o Hammet, o del western por fuera de Ford, Hawks y los demás autores que usaron esas formas para trabajar sus obsesiones. Me siento identificado con lo que dice Christian Petzold: “Los géneros son las ruinas a donde vamos a buscar los escombros para construir nuestras películas”. De las estructuras y los temas del policial me fascina cierta voluntad de mantener a quien mira cerca del filo del asiento.

¿Qué expectativas te genera el estreno en Mendoza?

Tengo muchas ganas de que se estrene en Mendoza porque la escribimos y la filmamos pensando en los mendocinos, en las cosas que nos hubiera gustado ver en un cine cuando éramos chicos. Como la película trabaja el problema de la corrupción policial y la violencia que sufre una parte de la población a manos de las fuerzas de seguridad, nos gustaría que se hablara de eso. Tengo algunas esperanzas, pero no muchas: veo como todo el tiempo en nuestro país los temas coyunturales se esconden bajo la alfombra, quizás por resultar demasiado dolorosos.

¿Qué cine te inspira?

Veo películas de épocas y latitudes muy distintas, y me conmueven en la medida que me permiten pensar qué conflictos o qué cosas les importaban a las personas que las hicieron, o qué de sus vidas querían cambiar al hacerlas. Las que más me inspiran son aquellas que parecen de una belleza inalcanzable, esas que te dejan de cama pensando cómo fueron hechas durante días, y que, al mostrarte hasta dónde puede llegar el cine, te renuevan el deseo de trabajar.

Estás a punto de estrenar tu ópera prima en salas de cine, ¿qué pensás del funcionamiento de la distribución local del cine argentino? ¿Y del rol del INCAA en ese sentido?

Estoy a punto de tener mi propia experiencia y por lo que veo en mis contemporáneos, la situación es complicada. En el caso de La educación del Rey, al haber seguido un camino no convencional (es decir, no tuvimos ni créditos ni subsidios del INCAA por fuera del financiamiento para filmar la serie) estamos peleando algunas de las ayudas básicas que el Instituto da a las películas en términos de promoción o ayuda a la distribución. Después te cuento qué pasó con eso, pero esas pequeñas cosas son fundamentales para al menos aparecer en el mapa, en un momento complejo.

Por otro lado, veo que el mercado está cada vez más salvaje, las plataformas han ganado mucho terreno y eso tiene como consecuencia que la concentración en pocas manos sea muy fuerte. En ese sentido, si algo tenemos que pedirle al INCAA es que ayude a mejorar las posibilidades de exhibición de las películas pequeñas, que se ponga del lado de los débiles y se comprometa con aquellos que necesitan realmente de la espalda que puede dar el instituto frente a la pesada de la industria. 

¿Estás trabajando en algún otro proyecto? ¿Cuál?

Desde 2014 estoy escribiendo una película que también quiero filmar en Mendoza, pero cerca de la frontera con Chile. Se trata de un relato policial, nocturno, sobre el traslado de un cuerpo y una relación entre hermanos. El guión ha tenido varias versiones, espero este año terminar la versión definitiva para empezar a resolver el cómo y el cuándo. Al mismo tiempo, con Juan Manuel Bordón estamos escribiendo un guión que toma como punto de partida el robo al Museo de Bellas Artes en 1980.

La educación del Rey

De Santiago Esteves

2017 / Argentina /93’

Estreno: 23 de agosto