Show Must Go On

La red carpet, el show, las injusticias, los obituarios, los papelones, los prodes. Cada año los Oscar acaparan el total de la atención mundial, y el de 2017 quedará en la Historia. ¿Pero cuánto sabemos realmente del premio más importante Hollywood?

Cada vez que llegan los Oscar, las discusiones que se escuchan son las mismas. Se dice que se lo merecía tal, que es una injusticia que gane X sobre Y, que la buena de verdad era la otra, que ni la nominaron. Claro, el aspecto competitivo de toda premiación lleva a discutir en esos términos, pero no deja de ser una manera errada de ver todo el asunto. Para entender los Oscar, primero hay que ver cómo funcionan.

Los Oscar los entrega la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que a este año tiene arriba de 6500 miembros, todos trabajadores de la industria cinematográfica (nada de periodistas) en alguna capacidad. Los miembros se dividen en distintas ramas según su profesión (dirección, guion, maquillaje, etcétera) y solo pueden pertenecer a una rama, por más roles que hayan cumplido en su carrera. Mel Gibson, por ejemplo, podría entrar a la Academia como Actor o Director, pero no pertenecer a ambas. La membresía no se puede pedir, sino que la invitación llega por parte de la Academia, y obviamente puede ser rechazada (Woody Allen y George Lucas son dos que prefirieron no entrar cuando les llegó la carta). Para calificar, tenés que haber sido nominado para un Oscar o te tienen que postular dos miembros de tu misma rama, y dos comités distintos deben aprobar la candidatura: uno formado por miembros de esa rama, y la Tabla de Gobernadores, que es el nombre grandilocuente para el comité general. Cada rama, además, posee requisitos específicos de experiencia, como haber dirigido dos películas, una de ellas en los últimos 10 años, para la rama de Directores. Una vez adentro, la membresía es de por vida.

El proceso de votación, mientras tanto, lleva dos etapas. Los nominados son primero elegidos por los miembros de cada rama; los directores votan las que serán nominadas a Mejor Director, los guionistas las nominadas a Mejor Guion, y así. La excepción son las nominadas a Mejor Película, que son votadas por toda la Academia. Algunas categorías que carecen de una rama propia, como Mejor Película Extranjera, poseen reglas especiales para su votación. Una vez que las nominadas para todas las categorías están decididas, todos los miembros de la Academia votan por su favorita. La firma Pricewaterhouse Cooper se encarga de organizar las votaciones, tabular los resultados y mantener todo en secreto desde hace 82 años.

Esencialmente, entonces, los Oscar son reconocimientos que la industria se otorga a sí misma. Hablar del mérito o la justicia de un premio, tomar los resultados como un juicio de calidad válido, es por eso un equívoco. El contexto político-social y las aspiraciones mismas de la industria son factores mucho más determinantes en las votaciones que la calidad de un film. Esos reconocimientos llegan después, con algún premio honorífico u homenaje. Para lo que realmente son útiles, en todo caso, es como evidencia de los tiempos que corren en Hollywood, de la imagen general que, en ese momento, la industria tiene y desea de sí misma. Elegidas por la misma gente que se dedica a realizarlas, las películas galardonadas nos permiten medir el clima hollywoodense. Veamos los films de este año.

Si algo identificó al Oscar 2016 fue la movida del Oscars So White. Los conflictos raciales no son ninguna novedad para los americanos, pero en plena carrera presidencial de Trump, y con cero nominados afroamericanos en las categorías principales, ese año el tema estalló. El lema recorrió el mundo, y figuras como Spike Lee y Jada Pinkett Smith exclamaron que no irían a la ceremonia, lo que habría sido un poco más relevante si hubiesen sido invitados a atender.

Adelantamos un año hasta el presente. Grandes películas de autores reconocidos, como Sully (Clint Eastwood) y Silence (Martin Scorsese) son ignoradas por los premios a favor de películas definitivamente menores pero con una mayor diversidad racial como Talentos ocultos (Hidden Figures), Un camino a casa (Lion) o esa obra de teatro mal filmada que es Fences. La gran contendiente es La La Land, una mirada romántica a la época dorada de los musicales, que iguala el récord histórico a mayor cantidad de nominaciones, 14, con La malvada (All About Eve, 1950) y Titanic (1997). Es una película llena de ideas, técnicamente impecable, puramente cinematográfica. Gana seis premios, incluyendo Mejor Director, y pierde Mejor Película frente a Moonlight, que solo se lleva consigo el premio al Mejor Guion Adaptado. Solo en 26 ediciones de las 89 de los Oscar aconteció esta división entre mejor película y director. La La Land sería, entonces, una película dirigida por el mejor director del año, con la mejor fotografía y banda sonora (es un musical) y protagonizada por la mejor actriz, pero no por eso la mejor película del año. La lógica puede parecer extraña, si uno comete el error de creer que la calidad decide los votos. Pero Moonlight hizo algo mejor que La La Land: estrenó en el año que le convenía en base a su temática. Supo ser una película con y por afroamericanos, con actor musulmán incluido, en pleno descontento por la representación racial en Hollywood. El premio a Moonlight, como de costumbre, habla más de los tiempos que corren en la industria que de la película misma, la cual pronto se sumará a la larga lista de premiadas para el olvido.

No olvidemos que los Oscar son, ante todo, un show. A veces entretenido, a veces un embole, pero siempre un espectáculo. Y, como tal, la prioridad es la imagen que se presenta al público. Discutir mérito o justicia es como jugar al truco en una orgía: puede ser divertido un rato, pero nadie vino para eso.

 

La Acadé

¿Qué lugar ocupa Argentina respecto de los premios más brillantes de Hollywood? Hablamos con Verónica Calvo, integrante de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.

¿Qué se necesita para calificar como miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de la Argentina? ¿Qué cantidad de miembros hay actualmente, y qué tanto se modifica esa lista?

Es requisito ser argentino o extranjero residente en el país y ejercer la actividad cinematográfica; o ser extranjero no residente en el país y estar estrechamente ligado a la actividad cinematográfica en Argentina. También se requiere desempeñarse en una de las siguientes especialidades: producción, guion, dirección, interpretación, fotografía, dirección de arte, compaginación, sonido, música, animación y efectos especiales. O dedicarse a otra actividad profesional cinematográfica intrínsecamente relacionada cuya contribución al sector amerite su incorporación a juicio del Consejo Directivo. Para ingresar es necesario solicitar la incorporación presentando su filmografía y el aval de tres socios numerarios, ser invitado por el Consejo Directivo y/o haber recibido un Premio Sur. La membresía es vitalicia salvo por renuncia o suspensión mediante. En Argentina la Academia tiene actualmente 287 socios, entre numerarios, asociados y honorarios. Nos encontramos en un proceso de convocatoria e invitación a nuevos socios, ya que creemos firmemente en una Academia representativa y plural que refleje el trabajo de los profesionales en las diferentes etapas que se correlacionan en la vida de una película y las diversas miradas que enriquecen nuestro cine.

 

¿Qué requisitos debe cumplir un film para calificar como candidato para los Oscar?

Están habilitadas todas las películas nacionales estrenadas desde el 1° de octubre del año anterior hasta el 30 de septiembre del año en curso, en sala nacional con taquilla abierta al público, con una duración en cartel de siete días consecutivos como mínimo, cuyo control creativo haya sido predominantemente de ciudadanos o residentes del país que la envía y rodadas en un idioma o idiomas que no sean inglés. Estos requisitos son estipulados por la Academia de Hollywood.

 

¿Cómo funciona el proceso de selección del film, tanto acá como en la decisión de las nominadas finales?

En un primer paso local, nosotros vamos recopilando la información de las películas estrenadas cada jueves. Cuando abrimos el proceso de inscripción, publicamos esta apertura en redes sociales y contactamos a los productores de cada film para asegurarnos de registrar la información técnica y artística correcta. Nuestra plataforma de votación cuenta con un servicio de visualización por streaming. O sea que los productores pueden optar por subir sus películas para facilitar el visionado por parte de los socios votantes. Una vez finalizado el período de inscripción, se abren las votaciones, que son fiscalizadas por una escribanía, así como el padrón de socios votantes.

En relación con la Academia de Hollywood, durante el mes de agosto, debemos presentar el detalle de los socios de la Academia que participan de la votación. Antes del 1° de octubre, todos los países que optamos por participar debemos inscribir a la candidata nacional, detallando aspectos técnicos y artísticos, en un apartado de acceso codificado provisto por la Academia de Hollywood. A su vez, los productores del film elegido deben enviar el DCP o copia fílmica que quedará a disposición de la Academia hasta la definición de las nominaciones. La votación de la Academia de Hollywood es en tres fases. En la primera fase se proyectan todas las películas enviadas por los países al comité de película extranjera compuesto por miembros de todas las ramas, quienes votan de forma secreta. Las seis películas elegidas más tres films votados por el Comité Ejecutivo de Película Extranjera conformarán la lista (short list) de las nueve candidatas que se anuncian durante el mes de diciembre. En la segunda fase, se proyectan estas nueve candidatas al comité votante con sede en las ciudades de Nueva York, Los Ángeles y Londres, quienes eligen las cinco nominadas finales. La votación final, en la tercera fase, está en manos de todos los miembros activos de la Academia de Hollywood.

 

¿Qué tanto influye el éxito comercial de un film en sus posibilidades de selección como representante nacional?

Eso no es algo que podamos responder nosotros. El criterio de votación de cada uno de los socios es secreto y personal. Tanto la Comisión Directiva de la Academia como cada uno de los involucrados en llevar adelante estas votaciones nos empeñamos en asegurar que todas las películas habilitadas tengan las mismas condiciones técnicas y humanas y las mismas posibilidades de exhibición y comunicación en la etapa de votación. En la plataforma de votación y visualización conviven por igual las películas de menor recorrido en salas con aquellas que estrenaron con más de 100 copias. De cara a los socios votantes, ponemos todos nuestros recursos a disposición para que tengan acceso a la información y contenidos necesarios antes de emitir sus votos. La participación de los socios votantes crece año tras año. Somos conscientes de la trascendencia que tiene esta votación, como la de todos los premios internacionales, y, como siempre decimos, cada nominación y premio obtenidos son también una celebración del compromiso de participación de todos.

 

¿Recordás alguna selección pasada particularmente difícil o muy peleada?

¡Recuerdo todas desde mi incorporación en 2009! Todas memorables por diversos motivos. Pero, si es por difícil o muy peleada, hubo dos que modificaron el rumbo. En la elección del 2011, la película El estudiante de Santiago Mitre no podía competir ya que el soporte de estreno no encuadraba en lo estipulado por las reglas de la Academia de Hollywood. Gracias a que Agustina Llambí-Campbell, productora de la película, apeló frente a esta situación, y gracias también a la inmediata y expeditiva gestión ante las autoridades de la sección de Película Extranjera por parte de Juan José Campanella (presidente de la entidad en ese entonces), la Academia de Hollywood permitió que la película compitiera a nivel nacional. Esto sucedió cuando la votación ya estaba en curso y tuvimos que anular todo el proceso y habilitarlo nuevamente en tiempo récord de dos semanas. Finalmente la película que quedó seleccionada fue Aballay, el hombre sin miedo, de Fernando Spiner. Pero el impacto real se dio en los meses posteriores, cuando tanto Juan Campanella como Axel Kuschevatzky (actual presidente, en ese momento en su rol de vocal) y yo, en una visita a la Academia en Hollywood, tuvimos sucesivas charlas y reuniones con los directivos del Comité de Película Extranjera respecto de lo sucedido. Este caso puntual, sumado a que varios países presentaban los mismos escenarios de exhibición, devino en un cambio en el reglamento habilitando a estrenos locales en otros soportes digitales.

La segunda fue al año siguiente: todavía las votaciones se hacían en boletas impresas y el escrutinio se realizaba en vivo, abriendo uno por uno los sobres de votos recibidos. Yo estaba a cargo de abrir los sobres mientras la Escribana fiscalizaba y los testigos de la Comisión Directiva contabilizaban los votos, al igual que lo hacían los productores y la prensa presente. La decisión fue, literalmente, un final cabeza a cabeza. Abría un sobre y era un voto para Infancia clandestina, de Benjamín Avila. Abría el siguiente sobre y era un voto para El último Elvis, de Armando Bo. Así sucesivamente hasta que finalmente el film de Benjamín Avila resultó elegido por un voto de diferencia. Este casi empate nos llevó a cambiar el método de votación, digitalizando el proceso y optando por el recuento de votos llamado “Voto único transferible”, el cual define las posiciones mediante un sistema de porcentuales que minimiza la posibilidad de empates. 

 

¿Recibiste alguna vez respuestas inusuales de la Academia de Hollywood ante la elegida de ese año?

No, nunca. La cinematografía argentina es siempre muy esperada y muy bienvenida en la Academia de Hollywood así como en todos los premios a los que enviamos la candidata nacional.