Silencios del más acá

Con una puesta minimalista y de diálogos escasos pero certeros, Eugenio Canevari encuentra en Paula la forma necesaria para la historia que quiere contar: una niñera queda embarazada y oculta su situación de sus patrones mientras planifica un aborto clandestino.

Vos tenías dos cortometrajes rodados en Barcelona antes de filmar Paula. ¿Cómo fue el pasaje del corto al largometraje, y por qué decidiste contar esta  historia emplazada en Argentina? ¿Cómo surgió la idea del proyecto?

Creo que todo se dio de forma muy espontánea. Estuve varios meses editando en solitario el corto de final de mi carrera, Gorila baila, y estaba tan inseguro con el resultado que me fui haciendo a la idea de que tendría que dedicarme a otra cosa. Después el corto empezó a andar bien y agarré un poco de confianza para trabajar en algo nuevo. Me convencí de que hacer un largo implica un esfuerzo solo un poco mayor que el de hacer un corto y que valía la pena intentarlo. Ahora visto en perspectiva creo que cuesta mucho más; tenés que sostener un proyecto por más tiempo y eso puede ser agotador. Pero gracias a esa convicción se pudo hacer la película. Llevaba tiempo investigando sobre la situación del aborto en Argentina a partir de casos como el de Romina Tejerina. Creo que la penalización del aborto es el mejor ejemplo de cómo funciona la hipocresía clasista, aunque confieso que más de una vez me llevé una sorpresa al oír el rechazo a un cambio por parte de personas aparentemente progresistas. Hace poco un amigo les preguntaba a sus padres qué pensaban de este tema y ellos se mostraron contrarios a la despenalización. Más tarde la madre confesó haber abortado cuando era joven en una clínica clandestina. Es ridículo: solo cuando hay recursos hay derechos. Hasta que no haya igualdad de derechos no debería haber debate. Entonces empecé a pensar en una posible historia que pudiera desarrollar estas ideas. Estaba en Barcelona cuando mi padre me dijo desde Argentina que mis abuelos querían vender la casa de campo de Pergamino, ciudad de donde viene mi familia. Siempre había soñado con filmar algo ahí, pasé mucho tiempo de mi vida en esa casa. Con mis últimos ahorros me compré un pasaje de ida a Buenos Aires y empecé a decirle a todo el mundo que iba a hacer una película en Pergamino. No tenía guion pero sí mucha convicción. Algunos locos, entre ellos mis amigos de Primerísimo Primer Plano y los de Mamá Húngara, se subieron al barco y empezamos a trabajar. Disponíamos de una Canon 5D, luces, sonido, una camioneta y la casa de mis abuelos. Pero la verdad es que la generosidad de la gente de Pergamino es lo que hizo que la película fuera posible. Es alucinante que dos meses después de haber llegado a Argentina empezábamos el rodaje.

 

En términos narrativos, se percibe en la película que lo que no aparece en plano (o aparece levemente sugerido) tiene tanta importancia como aquello que se ve. ¿Ese modo de contar estaba premeditado o lo fuiste encontrando en pleno rodaje? 

Creo que un poco las dos cosas. Si bien es cierto que teníamos un guion de pocas páginas, yo sabía de antemano que las ideas principales estarían en un plano más sugerente. En el rodaje fuimos enriqueciendo este método de trabajo. En realidad yo diría que aquello que no se ve tiene más importancia porque es el espectador el que completa la idea, y ahí se genera un diálogo interesante. En el cine hay herramientas como la elipsis o el fuera de campo que permiten generar una imagen más allá de lo que uno está viendo. Creo que esa es la expresión más bella del cine y es particular a su lenguaje. En el caso de Paula, el uso de estas herramientas está ligado directamente a los temas que trata la película.

 

En Paula los diálogos son sucintos y evitan la afectación en cuanto a lo dramático. ¿Cómo decidiste ese tono? 

El silencio, aquello que no se dice, es el leitmotiv de los personajes. Así como casi todo lo importante a nivel dramático está en un plano visual sugerido, lo mismo pasa con el sonido. También creo que la secuencia final solo puede funcionar por la escasez de diálogos a lo largo de la película. Y, una vez más, el tono responde a los temas tratados.

 

La película comparte un universo referencial que se puede rastrear desde La ciénaga y un puñado de films nacionales que trataron el tema de las verdades veladas en los pueblos chicos-infiernos grandes. ¿Cómo crees que se sitúa Paula en torno a esa tradición y cómo se desmarca para generar una diferencia?

No sé, supongo que toda película tiene sus puntos de encuentro con otras pero, más allá de la admiración que tengo por Lucrecia o por otros cineastas argentinos, no creo que las películas se hagan en función de alguna tradición o movimiento. Pasé buena parte de mi vida en Pergamino, surgió la posibilidad de filmar ahí y sentí la necesidad de hablar de algunos temas que me afectaban. Quizás lo que más me gusta de Paula es el resultado formal; siento a la película más como una atmósfera que como una historia.

 

¿Qué expectativas tenés con el estreno y cuáles son tus próximos proyectos?

Mi deseo es que la película se vea primero en Pergamino, ya que les pertenece y quizás pueda levantar un debate interesante. Y luego que la vea la mayor cantidad de gente posible. Dentro de dos meses empiezo en Barcelona el rodaje de mi segunda película, que es el resultado del trabajo de seis meses con un grupo de actores maravillosos en el marco de un curso de interpretación junto a Melina Pereyra. Mientras tanto escribo el guion de una película relacionada con el mundo del circo, con rodaje previsto para 2018 también en Barcelona.

 

Paula

Eugenio Canevari

2015 / Argentina / 65’

Estreno: 21 de julio (Tren Cine)