Suares

Siempre con mucho trabajo, el actor, productor, gerente de programación y escritor se prestó para que lo entrevistemos por el lanzamiento de Me casé con un boludo, la comedia de Taratuto que recupera a la dupla Suar-Bertuccelli como bomba cómica. Entrevistamos al Suar que protagonizó la película, pero también al que puede hablar, autorizadamente, de todos los temas relacionados con la industria.

¿Sos de intervenir en el proceso del rodaje, de colaborar con la escritura, de meterte en el armado de la película más allá de actuar?

En el rodaje no puedo porque me tengo que concentrar cien por ciento en la actuación; esa es mi labor en ese momento. Sí, por supuesto, como hacemos a veces los actores, dialogo mucho con el director para poder llegar a encontrar un tono. Y sí trabajé mucho en la historia junto a Solarz; pero una vez que llegamos al rodaje y consensuamos, yo necesito estar muy concentrado para que salga todo bien. O mal. Yo para que salga bien, pero después si sale bien o mal ya es otro tema. Pero ahí tengo que estar muy concentrado; no me puedo ocupar de otra cosa más que de hacer la escena del día, o las dos, o las tres; tiene que salir bien eso.

 

¿Con qué directores te gustaría trabajar de acá con los que no hayas trabajado?

Con un montón. Me quedan muchos. Me gustaría trabajar con Damián Szifron, Daniel Barone, Juan José Campanella, Santiago Mitre… Con Daniel Burman también me gustaría trabajar. Cualquier personaje de él podría hacerlo yo, tranquilamente.

 

¿Qué opinás, como productor, del estado del cine argentino en la actualidad?

Hay de todo y demasiadas películas. No todo es bueno, pero sí creo que hay toda una camada de directores que perdieron cierto prejuicio que existía tiempo atrás sobre las diferenciaciones entre lo popular y lo prestigioso, sobre cómo y con qué herramientas se mete a la gente en el cine. Y creo que hay buenas y malas películas. Y hay una cantidad de gente que quiere hacer buen cine, y ganan premios afuera y al mismo tiempo se amigan con la gente. Yo no pienso que las películas que meten un millón de espectadores sean las mejores películas. Le hablan a un sector del público. Pero también hay películas de doscientos mil, trescientos mil espectadores, que es una locura, que son divinas, me encantan. Yo creo que el cine argentino está atravesando un gran momento. Fijate lo que pasa con Mitre, Burman, Taratuto, Trapero, Campanella. Y el cine independiente, por ejemplo, se amplió mucho y tiene otra llegada. Como en Estados Unidos, por ejemplo; allá hay cine de todo tipo, y el abanico del cine independiente es enorme, hay trabajos muy profundos pero claros, que se pueden entender. No es un cine independiente de gueto. Igual no está mal, porque el director, si es el que quiere expresarse para hacer una película, bueno, se expresa como quiere y como puede; en ese sentido, ¿qué vas a decir? Pero ahora parece que nos empezamos a acercar un poquito a ese cine independiente de las películas americanas, o inglesas, o francesas, con una brecha un poco más corta.

 

(Nota completa en la Haciendo Cine 157, disponible en todos los kioscos).