Sus guerras y revoluciones

Alek es la historia de un hombre de 80 años, polaco y ex comunista, que se exilió en Argentina justo antes de la Segunda Guerra. Antes de morir, el hombre realiza un viaje a Rusia con su nieto mayor, director de esta película. Entrevista con Alejandro Chomski.

¿Cuándo te diste cuenta de que querías hacer una película sobre la historia de tu abuelo?

Fue en el preciso momento en que mi madre nos invitó a viajar a Rusia para el cumple de 80 de él, en 1994. Sentí que tenía que filmar el viaje. No tenía un guion ni una estructura, solo un personaje que me interesaba, que iba a Rusia por primera vez habiendo sido comunista: mi abuelo.

 

¿Qué fue lo que descubriste durante el armado de la película que más te sorprendió?

La posibilidad obvia pero no fácil de amalgamar a nivel estructura al personaje de mi abuelo como símbolo de los hombres que tuvieron tantos ideales en el siglo XX. Pensé que no iba a poder escapar del documental familiar políticamente correcto, pero al final el film es toda una parábola de la dinámica del siglo XX a través de la ira de un hombre que fue protagonista, con sus guerras y revoluciones.

 

¿Qué diferencias ves entre la generación de ideales revolucionarios de tu abuelo y la de los setenta?

Los revolucionarios de primera mitad de siglo no creían en la lucha armada ni en el foquismo. Creían en las comunas, los soviets del proletariado que votaban democráticamente a sus representantes. Eso se cortó en 1919 cuando 14 ejércitos extranjeros atacaron a Rusia, obligándola a suspender las elecciones y construir el Ejército Rojo para defender la revolución, lo que le costó la democracia al joven socialismo. La revolución nunca pudo recuperarse de ese golpe, pues la temprana muerte de Lenin en 1924 aceleró la subida de la burocracia encarnada en Stalin. La generación del 70 estaba básicamente influenciada por la revolución cubana y el foquismo del Che, que funcionó de milagro en Cuba pero que no era exportable de la manera en que los setentistas lo soñaron. Las pruebas están a la vista.

 

¿Cómo trabajaste la estructura de la película?

La estructura se dio en el montaje con la editora Alejandra Almirón, yuxtaponiendo todas las texturas, voces en off y músicas para intentar construir un film sin una estructura previamente preparada.

 

¿La vio algún familiar? ¿Qué reacciones tuvieron?

Hasta ahora no. El sábado en Proa la verán todos juntos; aguardo curioso su reacción.

 

¿Qué esperás del estreno de la película?

Que se entienda la lucha de estos hombres por un mundo mejor, ideales perdidos de moda en la sociedad de la liquidez y los gadgets. Que conmueva a la gente que aún recuerda que hubo un mundo dividido entre dos proyectos y que triunfó uno, el del capitalismo. Mi abuelo supo que fracasó con sus ideales tras la muerte de Stalin, pero no dejó de soñar con un mundo mejor. Este film está dedicado a él y a todos los que aún soñamos con la utopía de un mundo sin pobreza ni injusticias. Los sueños nos hacen indestructibles. Así fue mi abuelo hasta el día en que se fue de este mundo.