Tan bueno que asustó

El mes pasado, un grupo de geeks porteños llegó a poner en alerta a Hollywood con la creación de Popcorn Time, plataforma no oficial con una nueva y asombrosa modalidad de descarga de películas y series. La noticia llegó hasta la revista Time, fascinó a usuarios y enardeció a algunos representantes de la industria como Juan José Campanella, quien los calificó de “chorros”. Finalmente, ante tamaña repercusión mundial y presiones diversas, sus responsables dieron marcha atrás. Pero su historia recién comienza.

Nota publicada en la edición 146, abril de 2014.

Creímos que la polémica estaba cerrada, al menos de acá a un tiempo largo. El apagón de Cuevana, allá por 2012, había dejado suspendida la puja por el download de series y películas. Pero, al margen de la agenda mediática y los litigios judiciales, miles de archivos seguían siendo descargados y compartidos mediante los más diversos métodos. En algunos casos, con la ayuda de un pequeño saber técnico sobre torrents y, en otros, de manera más expeditiva a través de sitios web que no disponían de un gran catálogo o que, por algún otro motivo, no habían logrado convocar a demasiados usuarios. Pero la alarma volvió a sonar. Desde Argentina, una nueva plataforma no oficial para ver películas y series on demand irrumpió en la red y llamó a la preocupación de la industria del cine a nivel internacional. Con un sistema bastante novedoso, que complejiza la discusión sobre su legalidad, en pocos días Popcorn Time se convirtió en un éxito. Lo fue hasta que el rechazo y la presión que sufrió desde algunos sectores de la industria del cine llevó a sus creadores a dar rápidamente un paso al costado. Sin embargo, ni siquiera con ese renunciamiento la historia de Popcorn Time llegó a su final.

Que tanto Cuevana como Popcorn Time hayan surgido en Argentina es todo un dato. Esto puede ser entendido como un orgullo para algunos o como un verdadero peligro para otros, pero lo cierto es que este tipo de desarrolladores están demostrando que poseen una gran capacidad técnica para la creación de estos sistemas, a conciencia del revuelo que esto puede generar tanto en los medios como en algunos sectores del negocio cinematográfico. Ahora, ¿qué es lo que irrita tanto de Popcorn Time? A nivel usuario, presta el mismo servicio que Cuevana, con la diferencia de que se trata de un programa para instalar en la computadora y no de una página web. Pero la funcionalidad, su modo de ofrecer contenidos audiovisuales on demand, es la misma: con un clic, el usuario ya puede empezar a ver la película que se le antoje sin pagar por ello ni un centavo. Y otra importante diferencia entre Popcorn Time y Cuevana, al menos en esta etapa embrionaria, es que, al no haber publicidad y ser gratuita la descarga, la aplicación no pareciera tener fines de lucro.

Antes de entrar en la discusión de su legalidad, es necesario abordar la variable técnica que permite que Popcorn Time funcione. A simple vista, el programa presenta una sencilla interfaz de video on demand no muy diferente de la de sistemas autorizados como Netflix. En cuanto al recorrido y la localización de los archivos, Popcorn Time no tiene alojadas las películas en ningún servidor, y permite a los usuarios verlas sin necesidad de descargarlas en su propia computadora. Lo que hace el programa es reproducir los archivos audiovisuales (e incluso los subtítulos) que son compartidos en la red bajo el protocolo BitTorrent. No obstante estas aclaraciones, como último resguardo, el programa avisa a los usuarios que descargar material con derechos de autor puede ser ilegal en algunos países y advierte: “Úsalo bajo tu propia responsabilidad”.

A pesar de dicha advertencia, Popcorn Time no tardó en convertirse en un éxito, no solo por el número de descargas sino por la repercusión que generó alrededor del mundo. Desde el portal de la revista Time, un artículo titulado “Es tan bueno para ver películas piratas que da miedo” contaba la hazaña de un grupo de geeks de Buenos Aires que había puesto en alerta a Hollywood. Por supuesto, todo esto no hizo más que potenciar la llegada del programa a nuevos usuarios, tal como ocurrió a nivel local con los dichos de Juan José Campanella. El director argentino ganador del Oscar alzó su voz en Twitter, y marcó su posición sobre cuestiones de derecho de autor en cine: “Admitiendo que la cadena de comercialización es arcaica y cara, y debe cambiar, naturalizar la piratería es el otro extremo”. También se permitió las ironías: “Sentados en un sofá pago, con cerveza y pizza pagos, mirando TVs pagas, con electricidad paga, creen su derecho que la peli sea gratis”. Y finalmente no tuvo reparos en tratar de “chorros” a los creadores de Popcorn Time. Increpado por los usuarios de Twitter sobre la inexistencia de un buen sitio como Netflix para acceder a películas argentinas y latinoamericanas, Campanella se hizo cargo y respondió: “Trataremos de crear un Netflix latinoamericano. Problemas: tecnológicos, humanos, impositivos. Pero lo haremos”. Y con algo de sarcasmo hasta se animó a convocar a los creadores de Popcorn Time a la tarea: “Si esos cerebros propusieran algo superador, sería un bien de todos”.

Pero, más allá de este grito, que no fue solo de Campanella, otras presiones cayeron sobre Popcorn Time, mucho más allá de nuestras fronteras geográficas, lo que llevó a sus responsables a tomar la decisión de retirarse del juego. “Popcorn Time va a cerrar hoy –dijeron en un comunicado–. No porque hayamos perdido la energía, dedicación, el foco o nuestros aliados. Sino porque necesitamos seguir con nuestras vidas. Nuestro experimento nos puso a las puertas de los interminables debates de piratería y copyright, amenazas legales y la maquinaria oscura que nos hace sentir amenazados por hacer lo que amamos. Y esa no es una batalla en la que queramos estar. Como proyecto, Popcorn Time es legal. Lo verificamos. Cuatro veces. Pero, como muchos sabrán, pocas veces alcanza con eso. Por nuestro impacto tuvimos acceso a mucha gente, desde periodistas hasta creadores de sitios y apps de gran alcance. Aprendimos muchísimo de ellos, especialmente que enfrentarse a una industria tan tradicional y tratar de revolucionar un mercado tan grande tiene sus costos asociados. Costos que ninguna persona merece pagar”.

Con este mensaje heroico, solemne, Popcorn Time le avisó al mundo que abandonaba la batalla. Sin embargo, al tratarse de un programa de código abierto, que permite a cualquier programador tomarlo, reformularlo o introducirle mejoras, en cuestión de horas la aplicación volvía a estar disponible con otros nombres, con otras formas pero con el mismo espíritu y modos de funcionamiento. Por más obstáculos que quiera poner la industria, no será fácil dar de baja a esta nueva modalidad de descarga de películas y series. Ahora, una vez más, el tema está instalado, y cada cual atiende su juego. Desarrolladores y usuarios se unen para defender aquello que consideran un derecho. Los representantes del negocio se debaten entre la vía judicial y la introducción de cambios que finalmente acerquen sus modos de distribución al tipo de consumo que gran parte del público ya ha elegido.