Tu nombre

Eduardo Crespo tenía pensado filmar con su padre un documental sobre la ciudad en la que nació, también llamada Crespo. Pero la inesperada muerte de Crespo padre terminó transformando a la película en un duelo cinematográfico.

La memoria es, acaso, una de las materias privilegiadas del cine. Y de cómo construir(se) una memoria es que habla –entre otras cosas– Crespo (la continuidad de la memoria): cuando falleció su padre, el proyecto que Eduardo Crespo planeaba filmar con él sobre su ciudad se transformó en una película-recuerdo, un documental que, en su pequeña historia, hace visible el gran poder que tiene el cine para unir el pasado y el presente, lo íntimo y lo colectivo. De todo esto y más hablamos con su director en esta entrevista.

 

Crespo (la continuidad de la memoria) es una película que evidencia el proceso de rodaje y cómo este aporta a la forma final de la película. ¿Cómo fue eso en tu caso, más allá de lo que se ve en pantalla?

Creo que Crespo me ayudó a fortalecer mi mirada como director, algo que fue apareciendo en el rodaje por el hecho de filmar en solitario y de tener la responsabilidad de hacer una película que me trascienda. Estaba yo solo con la cámara y el sonido, y eso me llevaba a replantear y repensar todo el tiempo las cosas que iba a salir a filmar durante el día. Tenía que estar muy atento a todo lo que pasaba porque en cualquier lugar podía estar mi película. También sucedía que de repente me encontraba filmando algo, y no sabía ni cómo había llegado hasta ahí. Esa fue una de las cosas más difíciles de transitar, pero también de lo más lindo que me sucedió durante el rodaje: aprender a no tener miedo de perderme o andar a la deriva.

 

Pocas cosas son tan difíciles como trabajar con lo autobiográfico; no solo desde lo personal, sino también por el trabajo con esos otros con los que uno tiene un vínculo que excede la película; en este caso, nada menos que tu familia. ¿Cómo te planteaste esa parte (fundamental) del proyecto?

Al principio no tenía pensado filmar a mi familia, quería correrme de un formato de película que ya había visto demasiado. Tampoco quería irrumpir en mi casa (la de mi madre, yo ya vivo en Buenos Aires) y forzar algo que no se daba naturalmente. Después de a poco fue apareciendo algo. Mi madre fue maestra toda su vida y le dio clases a medio pueblo, entonces la conoce todo Crespo. Ella es como mi productora local. Cada vez que necesito algo en Crespo, ella ya conoce a alguien y me facilita esa parte. Igual para filmarla a mi mamá, cosa que no fue fácil, tuve que llevar un amigo (Ariel Gurevich) como excusa para filmar otras cosas y de apoco nos fuimos quedando en casa y terminamos filmando con ella. Creo que solo no hubiese podido.

 

¿Cómo fue el proceso de montaje, y cuánto considerás que influyó esa etapa del trabajo en el resultado final?

El montaje fue largo pero muy disfrutable. Era la primera vez que trabajaba con Lorena Moriconi en una película mía, pero nos conocemos de hace mucho y ya habíamos trabajado juntos en Doce casas y en otros proyectos de amigos. Ella se tomó el tiempo de ver todo el material que yo había filmado y recolectado, hasta los archivos que yo le había marcado como desechos, todo. Luego hablamos mucho de la experiencia del rodaje antes de empezar a editar porque sabíamos que la película tenía que aparecer ahí y queríamos encontrar una forma única y particular.Entonces, con toda esa información, Loli puso manos a la obra. Nos juntábamos al final de cada semana para ver lo que había armado y pensar cómo continuar. Fueron como tres meses de trabajo intenso y muy enriquecedor.

 

Algo que me parece central en la película es el trabajo del vínculo entre el cine y la memoria. No solo cómo el cine puede ayudar a construirla, sino también cómo puede funcionar, de algún modo, como ella; hay algo del fluir del recuerdo que se percibe en las idas y vueltas del relato. ¿Cómo trabajaste esta cuestión, más allá de lo temático?

Creo que fue mi disparador inicial a la hora de pensar en retomar el proyecto. El desorden de los sentidos que genera la pérdida de un ser querido. A partir de esa idea, que ya aparecía en esa suerte de guion o escaleta, fuimos trabajando con Loli en el montaje. Fue pensar en las formas del accionar de la memoria física, por llamarla de alguna manera, con elipsis temporales, espaciales, relaciones a través de las formas y algunas que otras lagunas.

 

¿Quiénes fueron tus referentes e influencias a la hora de pensar esta película?

Uno de los mayores referentes que tuve, además de los que forman parte de la película, fue el documentalista chileno Ignacio Agüero. Había visto su última película en Bafici y sentí que había algo que me identificaba con esa forma de hacer cine. Luego tuve la suerte de conocerlo, y su ayuda en la películaterminó siendo fundamental. Me interesa su forma de pensar y de hacer cine, sus películas me contagian mucha vitalidad y ganas de salir a filmar.

 

Crespo, la continuidad de la memoria

De Eduardo Crespo

2016 / Argentina / 65’

Estreno: 4 de junio (Obra Cine)