Vuela, vuela

Filmada en Concordia, Mi mamá lora se destaca por ser una película argentina dirigida al público infantil. Intercalando acción viva con escenas animadas, el largometraje de Martín Musarra invita a los más pequeños a una aventura donde los elementos fantásticos llevan la batuta.

Mi mamá lora se presenta en cartel como una de las propuestas más singulares no solo en el cine argentino sino también en la tradición de películas infantiles. Con un tono cercano al realismo mágico y muchísimos elementos fantásticos de corte netamente localistas. Su director, Martín Mussara, nos cuenta cómo fue el proceso de creación de su ópera prima y cómo se propuso reivindicar la imaginación de los chicos que, según sus palabras, es invadida en tantas ocasiones.

 

¿Cómo y cuándo nació Mi mamá lora?

Mi mamá loranació de una idea de Diana Russo y Paula Mastellone, las guionistas, que fueron mutando entre distintos formatos hasta que finalmente, en 2011, se convirtió en un largometraje. La película fue filmada en Concordia, Entre Ríos, que fue uno de los lugares que más nos gustaron para enmarcar el relato. Queríamos contar una historia desde el interior de Argentina, aunque indefinida de tiempo y también de espacio.

 

Esa indefinición favorece el tono de fábula de realismo mágico. Además, la decisión estética de incorporar animaciones e ilustraciones a la película aporta y enriquece su tono.

Costó mucho encontrar la estética porque intuía que tenía una identidad muy peculiar. No había muchas referencias del género pero poco a poco comenzó a surgir, a decantar con la naturalidad que hoy puede verse. Con respecto a la animación, estuvo pensado desde el principio pero tomó más cuerpo en la posproducción; allí fue más fino el trabajo que se hizo con Eva Irungaray, directora de animación. En esa instancia fue que definimos que sería en modo de collages, y luego surgió la idea de que esos animales fueran rescatados de libros del siglo XIX.

 

Dicen que trabajar con chicos y con animales en cine está entre las cosas más difíciles. En Mi Mamá lora trabajaste con ambos. ¿Cómo resultó la experiencia?

Animales y niños no es una buena combinación, decía el maestro Hitchcock. También sumaba los barcos. ¡La verdad es que tiene toda la razón! Solo un inconsciente asume este desafío. Por suerte tuve esa inconsciencia que me hizo decir: “sí, quiero hacerla”. Todo esto sumado a que es una ópera prima. Creo que hay un universo de exploración muy lindo en ellos, propician cosas inéditas y espontáneas. Eso desestabiliza pero a su vez produce una frescura bellísima. Yo intentaba sintonizar con eso. En los momentos de crisis, que no fueron pocos, intentaba conectar con la mirada del niño espectador, como una fuente de fuerza. Pero lo más gratificante fue cuando, luego del estreno en Concordia, Nico, uno de los chicos, me dijo: “Yo quiero seguir haciendo esto”. Y con los animales es todo un tema. Hay que entenderles el ritmo, aprovecharlos cuando están de ánimo, respetar su descanso. La verdad es que trabajar con Zulma Randazzo de Animales en foco, fue de gran ayuda, por su sensibilidad y conexión con los animales. Anécdotas con los animales hay miles. La más destacable fue ver a todo el equipo, incluyendo actores, corriendo al loro protagonista que se nos había volado. Ahora me río, pero en ese momento fue una tragedia. Y en el montaje trabajamos mucho con el loro para que siempre estuviera la presencia de la madre dentro del animalito. Trabajamos con dos loros: una era dócil y el otro era más bravo. El bravo siempre estaba a la espera; era un doble o aparecía cuando se ven dos loros. Él nos había tomado el tiempo y sabía que cuando todos hacían silencio era que estábamos grabando. Él hablaba en toma y se reía. Disfrutaba de hablar en ese momento de silencio que hace al ritual del cine. Trabajar con animales es una tarea que requiere de mucha paciencia.

 

¿Cómo fue el proceso de casting con los chicos?

El proceso de casting fue muy largo. A medida que nos íbamos reencontrando con los diferentes chicos se fueron definiendo los perfiles y algunas características de ellos nos hicieron reacomodar escenas y personajes. Finalmente encontramos a Nicolás, el más chico, y fue el personaje más simpático. A Maxi García volvimos a convocarlo luego de haber trabajado en El Gurí; Luciano fue al casting para darle el gusto a su mamá y terminó quedando. Y Valentina siempre fue encantadora, con un temperamento fuerte y determinante; su mirada siempre me transmitió un universo interno complejo que me parece que sumaba a todo lo que le pasa a Juana.

 

Este tipo de fábula es una apuesta fuerte porque es muy poco habitual en el cine argentino. ¿Cómo fue que te le animaste al género fantástico para chicos en tu primera experiencia como director de largometraje?

La verdad es que cuando la productora me ofreció dirigir esta película dije que sí, sin reparar en el desafío. Nunca había tenido un acercamiento al género. Creo que era una película más difícil para alguien con una filmografía previa. El desafío era tan grande que solo se podía encarar desde la ópera prima. Tengo mucha gratitud con la productora, con los actores, con el INCAA, porque la verdad es que semejante confianza es algo difícil de encontrar. Que se permitan posibilidades como esta, que se pueda arriesgar, que se pueda intentar un cine diferente, con propuestas diferentes creo que nos hace bien. Poder plantear distintos paradigmas con relación a los modelos de belleza, de poder, de valores, defendiendo la imaginación de los niños (hoy está siendo muy invadida) para recuperar esa magia que esconde el cine en lo que no se ve o en lo que no se dice.

 

Mi mamá lora

De Martín Musarra

2016 / Argentina / 80’

Estreno: 12 de octubre