Vuelta y vuelta

Todo en 11.22.63 equivale a ir a los bifes: es una adaptación de una de las mejores novelas de Stephen King, está producida por J.J. Abrams y protagonizada por James Franco. Encima contiene elementos como viajes en el tiempo y el asesinato de JFK, más otras rusticidades narrativas que, más que restar, le suman una entrañable contundencia.

Ojalá se pudiera volver el tiempo atrás para hacer, decir o evitar: la fantasía se repite en la pantalla grande y chica una y otra vez, es capaz de seducir hasta al más acartonado de los supersabios y de sacar los pies de la tierra de los estudiosos. No es que haya habido pocos intentos de investigar el efecto mariposa. Tanto Los Simpson como sujetos mucho más puristas han pensado, dibujado –incluso manejado un DeLorean– o filmado sobre esa maravillosa posibilidad que son los viajes en el tiempo y sus consecuencias en el presente. Pero en 11.22.63 el cóctel tiene una interesante cantidad de ingredientes para maridar y eclosionar los traslados temporales: un hecho histórico que cambió el rumbo político de muchos, un autor prestigioso y aplaudido, un director de cine de esos que merecen siempre atención del público, y un actor que desde Freaks and Geeks genera pasiones.

La muerte de John Kennedy es una de esas intrigas poco resueltas que con el pasar de los años no han hecho más que juntar mitos, historias laterales y teorías conspirativas. Un misterio que se ha ensanchado a la distancia y en el que el enorme Stephen King encontró un recoveco para una de sus historias apasionantes (que tan bien se llevan con sus versiones audiovisuales). Con un staff que lista a J.J. Abrams y al mismísimo King entre sus productores ejecutivos, y con James Franco cumpliendo roles delante y detrás de la cámara (dirige dos episodios), esta serie original de Hulu brinda ocho capítulos a pura tensión.

El punto de partida es tan simple como abrumador (como tantos otros puntos de partida del escritor): un portal en el fondo de un diner clásico que va hacia el pasado. Siempre al mismo día y al mismo momento, y al regresar, no importa cuánto tiempo de realidad paralela haya pasado, en el presente solo han transcurrido unos pocos minutos. Jake Epping es un profesor de esos que salen de la norma, cuyas intenciones y estilo parecen sacados de otro contexto, algo desajustados. La vida parece arrollarlo bastante y sus (pequeñas) batallas se vislumbran poco exitosas antes de empezar. Cuando se acerca a comer o a tomar un café en el lugar que será la puerta de su próxima (y por primera vez verdadera) aventura, carga con esa melancolía marca Franco que divide aguas desde el arranque. Y es cierto que aquellos que no logren pactar con su versión de docente aproblemado devenido en posible héroe de ojos soñadores quedarán un poco fuera de la posibilidad de arrojarse (vía rabbit hole) al ida y vuelta histórico.

El pacto que le propone el dueño de la cafetería interpretado por Chris Cooper parece bastante armado y prometedor: él viajó muchas veces, tiene material, anotaciones, algunas certezas y una libreta con apuestas seguras, pero tiene que dejar de viajar porque su salud se lo impide. Le ofrece de todo a Jake a cambio de que aguante un par de años en el pasado e intente evitar el asesinato de JFK. Si todo sale mal, puede volver al presente donde solo habrán pasado unos instantes y, si así lo quisiera, volvería al túnel y empezaría de nuevo. Cada viaje resetea el anterior, así que tiene que ser cuidadoso.

Un compinche medio polémico interpretado por George MacKay (al que pronto podremos ver en Outcast) y, como no podía ser de otra forma, un amor que poco sabe de normas y chances (Sarah Gadon) serán sus laderos a la hora de seguir de manera más o menos sigilosa al joven Lee Harvey Oswald (Daniel Webber). En la vereda definitivamente opuesta está el pasado como un personaje más, uno que posiblemente sea más literario que otra cosa y tenga que encontrar su forma audiovisual a los codazos. El pasado con sus pocas ganas de ser torcido es la fuerza borrosa que cachetea los planes de los personajes sin previo aviso. La trama se mueve entre lo mucho que hay por cambiar, lo sencillo que parece y lo difícil que puede resultar en realidad.

El juego se arma en torno a todas las tentaciones. Las posibilidades son múltiples porque, claro, una vez realizado el viaje, el profesor tiene el diario del lunes, y no solo para el asesinato del presidente sino para tantas otras subtramas menos complejas y hasta más tentadoras. ¿Por qué no modificar la vida de unos cuantos sujetos queribles? ¿Por qué no dejarse querer en un tiempo en el que parece encajar tanto mejor que en el propio? Cuánto de eso se podrá dejar de lado en pos de un objetivo histórico cuyo resultado, en definitiva, no es del todo claro. Las decisiones de Epping siempre lo encuentran aturdido y con moretones de todo tipo y, aun con algún bache (de esos que se convierten más en la intención de apretar FF que de dejar de verlos), la única certeza es el deseo de abandonar una vida anodina para meterse en una buena cantidad de pasiones desgarradoras.

 

11.22.63

J. J. Abrams

Estados Unidos