“Belle”: Mamoru Hosoda reinventa el clásico La Bella y La Bestia

La película de animé llega al país tras su exitoso recorrido por Festivales, incluyendo Cannes

El director japonés Mamoru Hosoda, que fue nominado al Oscar por trabajos anteriores, presenta en cines argentinos «Belle», la historia de la joven Suzu. Ella vive en un pueblo pero se descubre como una nueva persona al ingresar a U, un mundo virtual, en donde rápidamente será exitosa. Con la excusa del estreno, dialogamos con Hosoda sobre animación y mucho más.

¿Cuándo supiste que querías dedicarte a la animación?

En 1992, recién me había graduado de la secundaria y quise dedicarme a la animación. Para serte sincero fue muy difícil y duro. De hecho pensé en abandonar muchas veces. Ese mismo año se estrenó La Bella y la Bestia, y la vi y pensé que si se podía hacer ese tipo de animación tan poderosa, tenía que seguir. Después de 30 años pude hacer mi propia versión de la bella y la bestia.

¿Tenías alguna referencia en esa época o antes, aún antes del estreno La Bella y la Bestia?

Si, en sexto grado se estrenó una película, que no sé si vio por ahí, llamada Galaxy Express 999, y la primera película de Hayao Miyazaki, «El castillo de Cagliostro». Esas dos películas fueron de gran impacto para mí cuando era niño, y fueron las que impulsaron a la idea de querer hacer animación.

Hemos sido educados con Miyazaki y Disney, pero ¿cómo hiciste para encontrar tu propia voz y estilo en la animación?

Creo que cuando estaba en tercer año de la secundaria vi una película, «El espíritu de la colmena», de Víctor Erice. Fue una experiencia shockeante y pensé que nunca iba a poder ser director, jamás, por lo conceptual de esa historia, con pocos diálogos. Creo que esa película fue la mayor influencia que tuve para luego seguir en animación.

En Belle hay una reflexión, profunda pero dolorosa, sobre relaciones, redes sociales, vínculos. ¿Cómo articulaste todos estos temas en la película?

La idea del mundo digital, o internet, se retrotrae a 20 años atrás cuando hice Digimon Adventure, Our War Game. El comienzo de internet fue tomado por pocos realizadores, y menos en esa época, como posibilidad de crear nuevos mundos, que podrían haber servido para cambiarnos. Era esperanzador en un principio para construir nuevas historias.

¿Cuál es tu relación con internet, redes y las aplicaciones? ¿Sentiste como la protagonista alguna vez que internet era el peor lugar para estar si no te ponen likes?

Sé que a muchos les afecta no tener me gustas en las redes sociales, pero a mí me interesa mucho más la conexión que tenemos con internet y su mundo. Porque al final hay una sola realidad en la que los humanos vivimos. Internet, con su avance, crea otro mundo o espacio para vínculos, en donde muchos pueden ser mucho más libres. Internet sirve para crear estos nuevos mundos y dar opciones a muchos, y es esperanzador en un punto. Las redes sociales sirven, pero deben ser analizadas en todos sus sentidos.

¿Cómo seleccionaste las melodías para la película, que son tan importantes también?

En Belle y su mundo virtual, que es imposible de definir, la música sirve para liberar energías, como la protagonista, que puede mostrar sus sentimientos, y es una manera de sentirse libre. Por eso no es tanto la elección de las melodías sino cómo la música puede liberarnos.

Muchas películas de animación tienen a la mujer en el centro de la historia, acorde a los tiempos que corren. ¿Por qué elegiste en Belle también estar en esa línea?

Hay muchas razones por la que directores y directoras pueden hacerlo, por una estrategia de marketing, por ideas propias sobre cómo debe cambiar la sociedad, en el caso de Belle, basada en La Bella y la Bestia, escrita en el Siglo XVIII en Francia, aun trayéndola a la actualidad, su sentido cambia mucho, principalmente sobre qué es la belleza y la concepción sobre la libertad. Volviendo a ese momento, tanto las mujeres como las infancias, no gozaban de libertad, por eso esta es una transformación de derechos y cómo todos podemos cambiar. Internet tiene mucho más de esa libertad, sirviendo para movimientos y derechos, de hecho tengo una hija de cinco años que crecerá en una sociedad mucho más justa de cuando yo era pequeño.

 

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