Berlin: Yendo de la Berlinale al living (Capítulo Final)

Marcelo Alderete analiza el palmarés de Berlín, las buenas noticias y las ausencias de una edición que no estuvo exenta de polémica

Por Marcelo Alderete

Una vieja anécdota del mundo de la literatura, tan antigua como quizás apócrifa, cuenta que una vez se organizó un congreso de la novela y el escritor ruso Vladimir Nabokov no fue invitado. Ante el pedido de explicaciones sobre la ausencia del gran novelista, las autoridades responsables del evento argumentaron que no se invita a una ballena para que hable del océano.

A la hora de armar el jurado de la competencia internacional de la recién terminada edición, los responsables del festival de Berlín tuvieron una idea tan auto celebratoria como peligrosa: armar el jurado con los últimos directores ganadores del Oso de oro a la mejor película. Esto es, un jurado integrado exclusivamente por realizadores. Ni críticos, ni programadores, ni actores, ni siquiera directores de otros festivales. Pero a la luz del palmarés final, podemos decir que los resultados del experimento son difíciles de discernir y que los premios fueron tan variados como los talentos de los jurados. Si especulamos guiándonos por el video de la entrega de premios, ya que nunca sabremos lo ocurrido en la deliberación del jurado, podemos decir que los buenos directores entregaron los premios buenos y los malos, los premios malos.

 

LOS PREMIOS (PRIMERA PARTE)

El israelí Nadav Lapid fue el encargado de entregar dos de los premios a películas sobre las que ya hablamos previamente. El Oso de oro a “Bad luck banging or Loony porn”, de Radu Jude, una de las mejores películas participantes del evento y seguramente la que mejor registra el zeigeist pandémico. Dividida en tres partes (muchas de las películas de esta competencia están armadas de manera episódica, signo de los tiempos), cuenta la historia de una maestra de escuela que ve su vida afectada por la aparición en la web de un video porno en el que ella es la protagonista. En la primera parte la vemos recorrer la ciudad, y también vemos el video en cuestión, la segunda parte está armada de decenas de videos que parecen provenientes de las redes, chistes, musicales, noticias, más pornografía, etc. Y en el tercero asistimos a un juicio popular a la profesora, llevado a cabo por los representantes de la sociedad. Este último momento de la película es lo más cercano que ha estado el cine de filmar una discusión de Twitter. O cualquier otra red social. Nadie escucha, todos opinan, todo es ruido, prejuicio e idiotez. Radu Jude hizo una película tan definitiva como imperfecta y desprejuiciada sobre los tiempos que estamos viviendo. Como suele ocurrir con las comedias, el paso de los años la transformará en un documental sobre esta época.

Lapid también fue el encargado de entregarle el premio a mejor guion a Hong Sang soo por “Introduction”. Con el paso del tiempo, y las películas, Hong se transformó en un abonado a los festivales y en un director amado por la cinefilia. Aunque recientemente, pero cada vez más, empezó a aparecer cierto rechazo a su obra por la facilidad y simpleza con la que parece realizar sus películas. Hong encontró una forma de producción, y un estilo, que lo llevaron a reducir su cine a elementos mínimos. En un mundo convulsionado, parece que eso es una traición o una falta de compromiso con el universo y sus realidades. Basta ver la obra de los cineastas que sí se ocupan de esos temas para seguir pidiendo que Hong siga filmando.

El documentalista italiano Gianfranco Rossi fue el responsable de darle el Gran Premio del Jurado a la película “Wheel of Fortune and Fantasy” del director Ryusuke Hamaguchi. La película del japonés está compuesta por tres cortometrajes sin conexión entre ellos. Claro que hay una relación estilística, pero aquí no hay guiños, ni personajes que se repiten, ni nada de esas cosas. Cada una de las historias funcionan de manera independiente, aunque al ser vistas juntas se potencien. A Hamaguchi se lo ha comparado con Eric Róhmer y esta película no hace más que confirmar esa filiación. Cada historia de “Wheel of Fortune and Fantasy” tranquilamente podría haber formado parte de los cuentos morales del maestro francés. En particular el segundo episodio, ambientado en los claustros universitarios y el mundo editorial. Una clase de suspenso, erotismo y puesta en escena que quizás haya sido el momento cinematográfico más alto de toda la Berlinale.

La húngara Ildikó Enyedi, directora de “On Body and Soul”, película que utilizaba la aparición de unos simpáticos ciervos como metáfora de vaya uno a saber qué, fue quien le dio el Premio del Jurado a “Mr Bachmann and His Class”, de Maria Speth, un documental de 217 minutos de duración sobre los días y trabajos del maestro del título y sus alumnos. Es una película exhaustiva que habla, entre otras cosas, sobre la importancia de la educación. Un tema que, a la luz de lo que ocurre en nuestro país, no deja de tener una relevancia inesperada.

 

LOS PREMIOS (SEGUNDA PARTE)

A partir de aquí, de a poco, comienzan los problemas.

El premio a la actuación, que antes se entregaban a la mejor actriz y al mejor actor, ahora se entrega al mejor interprete. Y otro premio a la actuación de un secundario. La directora Jasmila Žbanić fue quien anunció que el Oso de Plata a la mejor interpretación era para la protagonista de la película alemana “I’m Your Man”, Maren Eggert, actriz que los seguidores de la realizadora Angela Schenelec reconocerán de varias de sus películas. “I’m Your Man”, dirigida por Maria Schrader, es una comedia romántica en la que una mujer muy seria y comprometida con su trabajo se relaciona con un robot (interpretado por el actor norteamericano Dan Stevens) que le enseñará lo que es el amor. O al menos a tomarse la vida más relajada. Es el tipo de historia que, en los 90, bien podrían haber protagonizado Sandra Bullock y Keanu Reeves. No hay nada malo en esto. Claro que sí había actuaciones más interesantes en otros títulos de la competencia, pero los premios a las actuaciones suelen ir a los actores (algo que suena a verdad de Perogrullo, ok, pero que en el mundo del cine contemporáneo no lo es tanto), y si son un poco reconocidos, mucho mejor.

Ahora hace su aparición la jurado, y directora, Adina Pintilie y las cosas se terminan de complicar.

Adina Pintilie tiene el mérito de haber dirigido un solo largometraje y con ese único largometraje haber ganado el Oso de Oro. Quienes hayan visto su película, titulada “Touch Me Not”, seguramente la recordarán, pero no querrán volver a verla. Pintilie fue quien entregó el Oso de Plata a la mejor interpretación en un papel secundario a la joven Lilla Kizlinger por la película “Forest – I See You Everywhere” del húngaro Bence Fliegauf. En el catalogo online del festival se habla de esta película citando como influencias, de la obra y el director, los nombres de Raymond Carver y John Cassavetes. La mención al escritor norteamericano es entendible: personajes con hechos trágicos en su pasado, parejas al borde de la separación, y otros lugares comunes con los que se suele reducir la obra del autor. Pero citar, y aún peor, comparar a Cassavetes para hablar de una película armada a partir de diálogos interminables y una cámara (en mano) que lo único que parece saber hacer es moverse y encuadrar al personaje al que le toca hablar, es demasiado. La actuación de la joven, como toda la película, es bastante insoportable.

También fue Pintilie quien anunció el Oso de Plata a la mejor contribución artística a Yibrán Asuad, editor de la película mexicana “Una Película de Policías” de Alonso Ruizpalacios. Antes de comenzar el festival, el director del festival, Carlos Chatrian, declaró a la prensa que él, junto a su equipo, habían visto y seleccionado dicho título antes de que este fuera comprado por Netflix. La película comienza con una placa que dice Netflix original. Vaya uno a saber. Samuel Fuller aseguraba que el gran problema de las películas de guerra era que todas parecían propagandas de reclutamiento. Algo que también le ocurre a “Una Película de Policías”. Aunque quizás ese sea, finalmente, el único gesto arriesgado del film: hablar bien de la policía, y no su forma cinematográfica, que va del documental “ficcionalizado” al documental clásico, pasando por un momento en donde escuchamos a los actores darnos su parecer sobre el funcionamiento de las fuerzas del orden. Parece que escuchar a los actores opinar sobre cualquier tema, y pensar que eso puede ser interesante, no es solo una costumbre de nuestro país.

El premio Oso de Plata a la mejor dirección fue entregado por el previo ganador del Oso de Oro, el iraní Mohammad Rasoulof, quien recibió dicho galardón por “There is no Evil”, otra película que es difícil de recordar y más aún decir algo bueno. Esta vez el reconocimiento al mejor director fue para Dénes Nagy. “Natural Light” es una película de guerra, filmada con realismo, escenarios naturales, actores no profesionales de rostros adustos, bella fotografía, barro, suciedad, pobreza, dolor y esas cosas. No falta, tampoco, una secuencia de faena de un animal. Un ciervo en este caso. Es el cine de qualité de siempre que sigue teniendo su lugar, y sus premios, en casi todos los festivales del mundo. La guerra, claro, no termina nunca.

Y eso fue el palmarés de esta edición: la primera -y esperemos que única- online del festival de Berlín. A cada uno le corresponderá ver el vaso medio lleno o medio vacío. El premio mayor a Radu Jude indicaría lo primero. Sin embargo, dos notables ausencias, en particular una, podrían inclinar el vaso y terminar de derramar un poco de agua. Veamos.

 

RETRATO DE UNA DIRECTORA TALENTOSA

La noticia de que Celina Sciamma ya tenía una nueva película terminada, luego del éxito de público y crítica con la que fue su película más grande, “Retrato de una Mujer en Llamas”, fue una noticia bastante sorpresiva. Y más aún enterarnos que el film no iba a participar en Cannes, sino que formaría parte del line-up de Berlín. Nicolas Ray, volviendo a buscar sabiduría en nuestros ancestros, decía que después de hacer una película grande y exitosa, no podía hacer una pequeña (hablamos de tamaño de producción) porque sus pares de la industria pensarían que había fracasado en sus intentos de hacer otra película de gran presupuesto. Claro que se trataba de otra época, otro mundo y otra industria. La pregunta, y el misterio, seguían en el aire. ¿Qué había hecho Celine Sciamma? Las primeras noticias, que nos informaban de su duración, hacían pensar en un proyecto realmente pequeño, quizás en un experimento que no salió del todo bien, pero que la Berlinale, necesitado de grandes nombres, aceptaba de todos modos. Sin embargo, al ver la película, todos los misterios quedaron de lado. Sciamma tuvo el gesto de una verdadera cineasta. Juntó a un pequeñísimo grupo de colaboradores, se fue al bosque, he hizo su mejor película hasta la fecha. “Petit Maman” fue una verdadera sorpresa. Una película que, con elementos mínimos, y dejando de lado cualquier tipo de dramatismo, logra una emotividad honesta. Quizás estos sean los motivos por los cuales el villano Thierry Fremeaux la haya dejado afuera de Cannes. Nada terrible ocurre en la historia de estas dos niñas que se encuentran por unos días y se divierten juntas en un bosque de la campiña francesa. Pero no se trata de una fábula feliz e inocente. Ahí están la muerte y la enfermedad sobrevolando, pero Sciamma logra que todo esté ahí, sin necesidad de remarcar nada ni torturar a los espectadores. Es el registro de un momento de felicidad que, sabemos desde el principio, no durará mucho. “Petit Maman” se fue con las manos vacías. Vaya uno a saber qué vieron sus colegas del jurado.

Se puede especular que un jurado deje de lado a una figura importante como Celine Sciamma justamente por eso. Es alguien que no necesita de premios. (Sin embargo, eso no evita que Hong Sang soo sí se los lleve, otro tema). Pero ese razonamiento hace que sea aún más dolorosa la ausencia de la que quizás haya sido la mejor película de toda la competencia internacional. “What Do We See When We Look at the Sky?” es una película ambiciosa, mayor y feliz. Que además sea un canto de amor al futbol argentino, es un dato no menor. Su director, Alexandre Koberidze, ya había demostrado talento con su ópera prima, también de título extenso, “Let the Summer Never Come Again” (2018). Pero esta vez se supera y crea un pequeño universo en donde todo parece fluir con belleza y naturalidad, aunque con conciencia de los males del mundo, pero con el cine como herramienta para conjurarlos. Es una historia de amor y también un cuento fantástico en donde los perros se juntan a ver partidos de fútbol y en donde la historia se puede reescribir para hacernos felices a nosotros, los argentinos. Así como suena. El jurado pudo haber apostado a un director nuevo y a una película diferente. Pero no lo hizo. Nada para el georgiano, ni para sus enamorados, ni para sus perros. Una nota triste de despedida.

 

ENCOUNTERS

En cuanto al jurado de Encounters y sus decisiones, no hay mucho que agregar. Demasiados premios para una sección que apenas si tuvo un par de títulos rescatables y uno polémico. “Taste”, de Lê Bảo, es una película que despertó alegrías y sospechas. La pobreza bellamente fotografiada y con aires artísticos sigue despertando admiración y encontrando financiación de una de las compañías más poderosas del cine mundial. Habrá que ver cómo sigue la carrera de Lê Bảo para confirmar nuestras sospechas o reverlas. Encounters, también hay que decirlo, fue la sección que tuvo la mejor película alemana de la Berlinale: “The Girl and the Spider”, de Ramon & Silvan Zürcher. Título que, a pesar de haberse llevado un premio a la dirección, mereció mejor suerte y, desde ya, formar parte de la competencia mayor.

Las decisiones de un jurado en un festival de cine están atadas a muchas cosas. Desde el humor del día de alguno de sus integrantes, hasta la amistad (o enojos) entre ellos o algunos de los realizadores participantes, hasta intereses personales o la necesidad de quedar bien con ciertas personas. Cualquiera que haya formado parte en una deliberación de este tipo sabe que una palabra dicha en el momento justo puede cambiar todo lo que se había hablado previamente. Discutir las decisiones de manera online, seguramente, le agregaron mayores dificultades. En el mundo (mundillo) del cine, los premios tienen su importancia, negar eso es de necios. Por eso es importante prestarles atención. Aunque tampoco tanta, ya que también es cierto que con el tiempo se olvidan. Algo que no ocurre con las buenas películas. O al menos eso quiero creer.

Nos vemos en el próximo festival.

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