“Cadáver Exquisito”: Lucía Vassallo nos presenta su primera ficción

La película protagonizada por Sofía Gala Castiglione abrirá la edición verano de MAFICI

Foto por: Paula Montenegro

Protagonizada por Sofía Gala y Blanca Nieves Villalba, «Cadáver Exquisito» marca el debut en la ficción de Lucía Vassallo, quien tras sus realizaciones documentales, junto a Sebastián Cortés, imaginó un universo de pulsiones latentes para contar la historia de Clara (Gala), que tras encontrar a su novia sin signos vitales en una bañera, comenzará a rearmar el pasado de ésta y se topará con alguien a quien realmente no conocía.

Los deseos, los cuerpos, las atmósferas, comenzarán a enrarecerse cuando ese cadáver exquisito termine por configurar una nueva etapa en la vida de ambas. Haciendo Cine dialogó en exclusiva con Vassallo para saber más detalles de una de las más originales e inteligentes propuestas del último cine nacional.

La película pasó por varios festivales internacionales pero es el debut en Argentina. 

Estoy feliz. En estos dos años de pandemia estrené tres películas:  Línea 137, Transoceánicas y Cadáver Exquisito. Pero casi no viajé a ningún festival, hice todas las presentaciones online, a diferencia del recorrido que hice con «La cárcel del fin del mundo», con la que fui a muchos festivales. El poder mostrarla, encontrarme con el público, me hace sentir la película en el cuerpo. Y una de las partes de hacer películas es compartirla, que es algo que no se genera a través de las plataformas. Así que estoy re contenta y quiero ver cómo la reciben.

¿Cómo surgió la idea de la película?

Es una idea que tuve hace bastante años y cuando comencé a escribir con Sebastián Cortés, el coguionista, fue mutando. Al principio los personajes eran hermanas y ya estaba la idea del coma y que no se podía acceder a esa persona mientras la otra comenzaba a meterse en su vida, como reconstruyendo la vida de esa persona que no puede hablar y que no está ni viva ni muerta. Siempre estuvo la idea de la reconstrucción del “cadáver exquisito” de la otra persona, metiéndose también en la vida privada, en la casa, teléfono, computadora, cajones, que no siempre se hace.

Comienza una fusión potente entre los dos cuerpos…

Hay una fusión en todo sentido, una vampirización también, una transformación, como que una termina abduciendo a la otra y la otra se va desintegrando.

¿Qué tan complicado fue explicarles a las protagonistas la comunión entre los cuerpos?

Estuvo bueno. Soy amiga de Sofía, tengo una cercanía. Ella había leído las primeras versiones del guion y quería participar de la película. Le gusta el concepto de “cadáver exquisito”, ella hace todo el tiempo collages de imágenes. Y cuando la historia fue mutando llegamos a la idea de que hubiera una chica albina, por lo fantasmagórico de la condición. Pero en un momento se comenzó a complicar encontrar a una actriz de estas características. Trabajamos con Mónica Lairana donde tratamos de transformarla en albina, pero fue imposible. Ahí debía tomar decisiones, que afectarían por completo a la película. Pero después apareció Nieves, y nos reíamos que hasta la piel de Sofía era más blanca que la de Nives. Ellas comenzaron a conocerse, se fue armando todo meses antes del rodaje. Lorena Vega me ayudó mucho, porque además de actuar se encargó de couchear a Nieves, que es la primera vez en su vida que pisaba un set.

Y está increíble, es como si hubiese trabajado toda su vida…

Ella quiere que se estrene para ver qué responde la gente. Fue un desafío, y Lorena me ayudó mucho. Tuvimos encuentros entre las tres, con Nieves súper disponible, hasta tomó clases de danza Butoh.

Hablas de la danza, el género, hay muchas imágenes que remiten a Suspiria. ¿Tuviste referentes de género?

«Suspiria» fue casi la película de cabecera, pero también hablamos de «Hable con ella», «El inquilino» y «El bebé de Rosemary», ambas de Polanski; «Psicosis», «La doble vida de Verónica», y de hecho Rhea Volij, que es quien armó la coreografía, y es la referente de la danza butoh en Argentina, en un momento le mostré «Suspiria» y encontró al coreógrafo que había armado todas las coreografías de la película. Había una filmada en un palacio en Francia, y ella me decía que ahí había algo más de danza contemporánea, pero la danza butoh, que surge luego de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, evoca a los fantasmas que quedaron tras eso.

¿Cómo fue el paso del cine de lo real a la ficción?

Desde «Pizza, Birra y Faso», trabajé en muchos rubros técnicos de cine. Y si bien no es lo mismo que dirigir, aprendí mucho de realizadores y realizadoras, no me daba miedo el salto. En el documental se muestra lo que está ahí, en cambio en ficción podes crear un mundo nuevo y jugar. En un punto fue meterme en un lugar más lúdico y experimental. Tomé unos años de clase de teatro con Lorena Vega y Santiago Gobernori para tratar de entender, desde la actuación, lo orgánico de la interpretación, porque vengo de rubros técnicos.

¿Después de esos talleres te dieron ganas de actuar?

Nunca me lo plantee mucho, y luego de Cadáver Exquisito tal vez me anime a hacer algo menor. Entiendo que es algo que tiene que hacer gente con más preparación. En Transoceánicas, actúo de mí misma, por ejemplo, por eso todavía no tengo muy en claro esto. Estoy muy metida en el proceso de hacer una película que no di el paso aún de “y además actuarla”.

¿Qué podes adelantar de tu nuevo proyecto? ¿Es de género?

Se llama «Carrousel», pero no es de género, y Cadáver… en un comienzo tampoco lo era. Sí acá hay cosas oscuras y un tema complejo, pero es un drama, sin lugar para la fantasía o el terror. Aunque si después tiene un aire de extrañeza, es por cómo me imagino yo las cosas.

 

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