Cobertura Especial: Jeonju International Film Festival (2) – El cine coreano y la competencia

Por Marcelo Alderete

Los actos oficiales de los festivales, a veces, suelen ir en contra de la propuesta de programación de los mismos. Por ejemplo, en algunas aperturas de estos eventos solo se tratan del desfile de políticos (culturales, si es que tal cosa existe) que repiten hasta el hartazgo lugares comunes y agradecimientos que, seguramente, solo le interesan a ellos y a sus respectivas carreras.

Otras veces, a estos pesados personajes, se les suma algún tipo de concierto. Casi siempre algo solemne e interminable que suele hacer insoportable la espera de la llegada de la película de apertura. Por suerte, en la fiesta inaugural del festival de Jeonju ocurrió todo lo contrario y no solo porque los políticos fueron breves.

Un dato de color: el gobernador de la ciudad de Jeonju, Kim Seung-su, aquí es muy querido por todos y éste será su último año en el puesto. Que un político sea querido por la gente ya suena extraño, pero que además se trate de una persona absolutamente amable, es algo que en Argentina seguimos esperando y necesitando y no solo los festivales de cine.

La apertura, clausura y demás eventos populares del festival se llevan a cabo en un domo que se levanta para la ocasión, una carpa enorme de más de 1500 butacas, en donde no solo se proyectan películas, sino que también se realizan recitales. La carpa volvió este año, luego de dos en los que debido a la bendita pandemia no fue utilizada, para despedirse, pero no por algo malo, sino porque el festival a partir del 2023 tendrá su propio palacio que contendrá salas y espacios para todas las diferentes actividades. En el capitalismo también suceden cosas buenas.

En esta edición, uno de los números musicales estuvo a cargo de un dúo de comediantes, Hyungdon & Daejune, de tremenda popularidad televisiva, quienes hace unos años realizaron un video clip de un rap titulado The Gloomy Song (link: https://www.youtube.com/watch?v=KJSXolyj4DM ), ten berreta como divertido, que se terminó transformando en viral. Al verlos aparecer, nadie sabía que lo harían, el público estalló en aplausos que luego se transformaron en risas, al menos entre el público coreano. Los invitados extranjeros, creo, nunca terminaron de entender lo que estaban viendo.

Jeonju es esto, un festival que abre con recital de unos comediantes y que además incluye en su programación la copia restaurada de las más críptica de las películas de Godard, elige películas independientes en cada una de sus secciones y hasta le da dinero a un artista argentino para que realice su primer largometraje.

Pero como sucede en la vida, las risas dejaron lugar al llanto, o a la tristeza, mejor dicho, ni bien comenzó la película apertura: After Yang del coreano / norteamericano Kogonada.

Lágrimas de robot

Kogonada es un hijo prodigo de la idea del cine que tienen los responsables (históricos) del festival de Sundance. Un cine que se llama independiente a pesar de contar, en varios casos, con grandes presupuestos y estrellas en su elenco. O a veces muchas estrellas y menos presupuesto. O viceversa. Pero siempre una formula que a las películas le sirva a la hora de ser difundidas con el sello del festival creado por Robert Redford hace ya bastantes años.

Kogonada y su cine representan esa formula, o estilo, como pocos. En sus películas siempre hay actores famosos y un cuidad formal que roza el perfeccionismo pero que en verdad solo transforma a sus obras en algo frio y autista, un poco como los personajes que recorren sus historias. En After Yang se suman a esas características, una historia de ciencia ficción que incluye a una familia y la perdida (¿muerte?) de un androide. Kogonada, finalmente, termina siendo eso, un robot que anhela sentimientos humanos y en el camino nos quiere hacer llorar a todos.

Coreanos en competencia

La competencia de largometrajes coreanos del festival suele ser un grupo de películas tan variadas como heterogéneas. Este año se repite este tendencia con obras que van desde géneros cinematográficos reconocidos, las películas de juicios en Havana de Hong Yongho, el thriller en Drown de Lim Sangsu, la comedia en Missing Yoon de Kim Jinhwa, junto a otras películas de tono más personal como los dramas Mother and daughter de Kim Jung-eun y Jeong-sun, ambos, extrañamente, tienen en el centro de sus historias el tema de los videos íntimos filtrados a internet, las historias sobre relaciones humanas en Archeology of love de Lee Wanmin y When I sleep de Choi Jungmoon y The Hill of secrets de Lee Ji-eun, drama familiar protagonizado por una arisca niña y, finalmente, Saving a dragonfly de Hong Daye, documental en donde la directora retrata a su grupo de amigas en los días previos al ingreso a la universidad, un momento tan importante como dramático para la vida de los coreanos.

El dato que exige la época es que, sobre un total de 10 títulos, 8 fueron realizados por directoras mujeres. El festival de Jeonju entrega sus premios a la mitad del evento, así que en la próxima entrega podremos hablar y analizar los palmarés tanto de esta competencia como la internacional.

Al ritmo de The Gloomy Song de Hyungdon & Daejune, nos despedimos nuevamente desde la fría noche de Jeonju.

Hasta la próxima.

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Cuatro preguntas a la programadora Sung Moon

Sung Moon es una de las tres programadoras del festival desde el año 2019, la única mujer, especialista en el cine latinoamericano, una parte del mundo en donde supo pasar varias años de su vida. También fue la creadora en la Argentina del festival de cine coreano Han Cine. Dentro de la programación del festival, entre otras secciones, es la responsable de Expanded Cinema, una de los espacios de mayor riesgo dentro de la programación del festival.

¿Cuáles son la características del festival de Jeonju?

La programación del festival de Jeonju está centrada en el cine independiente y experimental. No solo la difusión, sino también el apoyo a este tipo de cine a través del Jeonju Cinema Project. En las competencias tanto de las películas coreanas como la internacional participan primeras y segundas películas de los realizadores. Y en el panorama, si bien incluimos algunos títulos más populares, también se puede ver esa idea y el gusto por ese cine.

¿Qué tipo de público tiene el festival?

Es un público mayoritariamente joven, que suele reservarse los días para venir por lo menos el fin de semana o un par de días al festival. Muchos de ellos vienen de Seúl u otras ciudades de Corea y hacen que los días del festival la ciudad esté con la capacidad hotelera al tope. Y lo mismo pasa con la venta de entradas, que se agotan rápidamente ni bien salen a la venta. Es muy lindo para los directores, sobre todo para los extranjeros, ver las salas llenas en donde se proyectan sus películas. Es una sorpresa para ellos y un placer para nosotros.

El festival suele tener una gran presencia de cine latinoamericano ¿a qué se debe esto?

Creo que de esa parte del mundo sale un cine muy bueno y personal que difícilmente llega a difundirse en Corea. Películas realmente independientes y originales. A veces hechas por el propio realizador sin mayores aportes externos. Me gusta poder ayudar y mostrar a esas películas que, de nos ser por los festivales, tendrían una audiencia muy pequeña o inexistentes. Que el público conozca y disfrute de un cine tan único como diferente.

Este año el festival volvió a contar con invitados extranjeros, salas con aforo completo ¿Cómo fue la vuelta a la presencialidad?

Es lo mejor que nos pudo haber pasado. Sin la audiencia en las salas, sin publico en las diferentes actividades, los festivales se transforman en otra cosa. Volver a tener invitados extranjeros, las salas con aforos completos, la gente reunida después de las películas, hablando y discutiendo, es lo que hace que un festival sea eso, una fiesta. Y este año Jeonju volvió a ser eso: una fiesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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