“Competencia Oficial”: Mariano Cohn, Gastón y Andrés Duprat tras el cine y el acto creativo

Luego de presentarse en festivales y estrenarse en España, la nueva sátira de los directores de "El Ciudadano Ilustre" llega a los cines de Argentina

Esta semana se estrena en cines «Competencia Oficial», protagonizada por Penélope Cruz, Antonio Banderas y Oscar Martínez, y dirigidos por Mariano Cohn y Gastón Duprat, con guión de Andrés Duprat. La película es una propuesta ácida y divertida que analiza el detrás de escena del mundo del cine, pero tambien la construcción del “prestigio” desde los mecanismos de producción del cine.

La comedia, gracias a su ágil narrativa, potencia las actuaciones del trío protagónico, destacandose Cruz, que logra un nivel de comedia único, viéndose como pocas veces la vimos en la pantalla grande. HACIENDO CINE dialogó con el trío creativo para saber más detalles de la esperada historia.

¿Cómo fue imaginar el relato, desde el proceso inicial al final, para que tenga ese ritmo tan arriba?

Gastón Duprat: La película tiene una estructura bastante concreta: tiene un prólogo, un epílogo, y el 80 o 90 por ciento de la historia son los nueve ensayos de esta demente. Al tener esta estructura, simple y concreta a la vez, pudimos trabajar dentro de ella lo que decís: va para arriba, baja, de golpe sube, y eso permitía controlar las tensiones.

Mariano Cohn: Y también, sin dudas, el personaje de Penélope era el que más riesgo tenia de toda la construcción. Hay algo que me gusta de estos ensayos, y es que la apuesta se redobla, una atrás de la otra. Eso tiene que ver con los estados de ánimo, la impredicibilidad e inestabilidad que tiene en manos un director cuando está manejando un artefacto carísimo como el de una pelicula y me gusta que esté en manos de ella esta propuesta.

Andrés Duprat: Tiene un proceso distinto a las otras, si bien es el mismo universo y tiene el sello Duprat/Cohn, y eso me gusta. Porque es una película entroncable en la tradición de películas que hacemos, y creo que eso primó, más allá que es una película de más presupuesto, con productores españoles y con actores internacionales, la impronta es nuestra. Eso me gusta, pese a todo, seguimos siendo nosotros haciendo una película que nos gusta. Pero vuelvo a que el origen no fue el mismo que en las otras. En general entre los tres empezamos a tirar ideas (yo como guionista soy que las desarrolla), pero hay un trabajo colaborativo, tiene un funcionamiento de grupo, como las buenas bandas de rock, que decís “mira que bien que suenan”. Pero en este caso fue Penélope Cruz quien nos convocó. Nos dijo que quería trabajar con nosotros, que había visto nuestras películas y le encantaban. Obvio que nos sentimos halagados, y ahí empezamos con las conversaciones. Se sumaron Antonio, Oscar, y antes de la pandemia comenzamos con encuentros colaborativos, que eran muy divertidos. A nosotros nos interesaba la idea de abordar el mundo del cine, no tanto el tema de la película dentro de la película, que esquivamos en esta propuesta, sino el mundo de la creación actoral. En los encuentros ellos nos contaban anécdotas divertidas sobre su encuentro con directores de todo tipo, y fueron muy histriónicos y divertidos para contarlas, con nombre y apellido, de cada uno, cosas muy interesantes y eso quizás nutrió el relato. Respondiendo a tu pregunta, están esas anécdotas pasadas por nuestro filtro. Claro que además luego subyacen temas más profundos. El origen más diferente residió en esto que no vamos a hablar con los actores cuando escribimos el guion, se da en otra instancia, y acá hasta eligieron los roles, aunque a mí me gustó que Penelope sea la directora.

¿Qué les pasa cuando ahora, por ejemplo, quieren ponerle nombre a los personajes? Lola es igual a Lucrecia Martel, y así…

Gastón Duprat: Ese personaje es multifacético y contradictorio, y no creo que Lucrecia sea contradictoria; me encantan sus peliculas. Quisimos construirla más cercana al arte conceptual que al cine, porque en el rodaje, en el set, estás encorsetado, no tenés libertades extremas. Tiene algo de Marina Abramovic, tiene muchas cosas de las experiencias que nos contaron los actores, como por ejemplo Penélope nos dijo que un director muy conocido le preguntó si no se comía la ropa del personaje, con los botones, para incorporar el rol, algo que finalmente no hizo. El director en el esquema del cine es vertical absoluto, en el rodaje es como el presidente, y le puede pintar un Napoleón: se le pegan los caramelos, da mucho para el autoritario y el salvaje, para marcar su territorio, hay algo de eso.

Mariano Cohn: Está eso, y en la actualidad, con la demanda de plataformas, la dirección, en un punto, se volvió casi un servicio técnico. Se desdibujó, quedando inmersos al servicio que no pensaron, escribieron o imaginaron. Se abandona la parte autoral.

Andrés Duprat: Para mí Lola es más alguien que no es tanto de la industria del cine, sino a una performer, o alguien del mundo de las artes visuales de alto nivel más extrema, porque los directores de cine no san tan extremos. Pero en el mundo del arte sí, si vas a ver una performance de Marina Abramovic, te quedás corto. La película habla sobre aquellos directores que sufren y hacen sufrir a los actores, como pasa en el mundo del deporte, donde muchos tratan mal. Somos individuos que al rigor respondemos, o por ahí no, pero es verdad que hay un tipo de persona que se siente desafiada y eso me parece el pensamiento de Lola: quiere a estos dos que son excelentes y los humilla. Pero no estan basados en nadie específico.

En tiempos de plataformas y mundialización de los contenidos, ¿cómo hacen para que su firma siga presente?

Gastón Duprat: Eso debe ser porque no tenemos carnet de director, tenemos una formación mas sui generis. Venimos del video arte, de Cupido, fundamos un canal de televisión, no venimos de la escuela de cine y con que no enseñaron a filmar el eje cruzado, que al día de hoy no se cómo es. Tenemos nuestra manera de narrar con nuestro lenguaje, y eso es un distintivo, no hacer un switcheo como el que se hace en la TV. Nosotros tenemos planificados hasta los cortes, los planos, el tiempo, cómo se habla, configurando un estilo reconocible, y eso me parece un elogio. Algunos putean o nos piden que agreguemos planos, y no queremos que se parezca a otra cosa. Es algo nuestro, meticuloso, con pocos cortes. Porque con la austeridad de recursos también se arma un lenguaje, una serie de tópicos que configura un estilo, todos raros.

Mariano Cohn: También la incapacidad de no poder soltar un proyecto y querer que siempre esté tocado por nuestras manos es una falencia, porque siento que perdes horas de filmación, de equipo, uno se involucra mucho.

Gastón Duprat: Es un lenguaje que no es el usual y otro es imposible que lo replique.

Mariano Cohn: Y si lo queres explicar, no te entienden, pasa eso.

Andrés Duprat: Yo admiro a Mariano y Gastón, y creo que juntos somos más que cada uno por su parte. Soy más grande que ellos, y si bien siento que las ideas son buenas e interesantes, me gusta el ácido que le ponen, y también me gusta la persona que configuramos los tres. Si fuera yo solo sería más pontificador. Ellos le ponen una línea más fresca, liviana, interesante, encontrando una voz, y eso se valora. Yo lo hago como espectador y lector, y hay veces que me gusta más alguna obra que otra, pero si reconocés el ADN está muy bien. Porque por ejemplo, en las series, que en la pandemia me doblegaron, vez que no hay autor y todo es lo mismo. También me gusta el desafío que significa para Mariano y Gastón hacer cine inteligente y popular. Cada vez más le doy valor a eso, a hacer algo con muchos niveles de lectura, porque veo que hay mucho cine que subestima al público con una propuesta grotesca y estúpida, pero también la contracara, igual de nefasta, la obra del artista incomprendido, con una poética propia solo accesible para una élite de iluminados y no hay una mentira más grande.

 

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