«El Cuaderno de Tomy»: A solas y en profundidad con Esteban Lamothe

El actor es, junto con Valeria Bertucelli, el protagonista del nuevo éxito nacional que debutó en el primer puesto en Netflix

Acaso el actor argentino con más onda de todos los tiempos, Haciendo Cine se reunió, una vez más con él, para saber más de su reciente estreno, «El cuaderno de Tomy», la película dirigida por Carlos Sorín y protagonizada junto a Valeria Bertuccelli.

El film, un relato inspirado en la historia real de María Vázquez, una mujer que enfrentó al cáncer de una manera única, le permite a Lamothe mostrar una contenida y sentida interpretación.

Recordando su primera tapa con nosotros por El estudiante, de Santiago Mitre, el también director, repasa el trabajo para esta película y otras reflexiones.

¿Es la primera vez que interpretas a un personaje inspirado en alguien real?

Creo que sí, así de ese orden, seguro, de las características de Sebastián seguro.

¿Te juntaste con él?

Sí, hablé con él por teléfono y fui a la casa donde vivía con María.

¿Cómo fue el encuentro? ¿Qué busca un actor en este tipo de momentos?

Fui entregado.  A ese tipo de encuentros tan intensos, sobre todo para esta película, que era algo nuevo para mí, vas lo más abierto y flexible posible a lo que pase ahí. No es que vas con un plan “a ver cómo es”. Estoy muy agradecido con Sebastián Corona, quien me abrió su casa. Fue inspirador, porque pude ver hasta los libros de María. Por ejemplo, le gustaba Carver, Cheever, Banana Yoshimoto, un montón de autores que también a mí me gustan. Nos dimos cuenta charlando que habíamos estado en el primer BAFICI en una función de una retrospectiva en fílmico de John Cassavetes de «Minnie and Moskowitz», presentada por Seymour Cassel, ya era viejito él. Me di cuenta que ellos podían ser gente cercana, que no estaban tan lejos. Y eso me ayudó mucho para actuar, un montón, sentir que yo podía ser ese “chabón”.

En tu personaje vemos cómo va resolviendo cosas, pero es alguien muy introspectivo. Acá actuás conteniendo mucho, porque generalmente estamos acostumbrados a verte, en el último tiempo, en cosas más “explosivas”. ¿Cómo encaraste ese desafío de interpretar sin revelar tanto?

Ese era el desafío del personaje: frente a la muerte, lo que pasa ahí, más allá de la reacción del personaje de María, hay como una ausencia de ego en él. Así como ella se ilumina frente a la muerte, y en vez de huir del miedo lo enfrenta, él también va un poco en dirección hacia eso y está corrido de su ego. Y está ahí, haciendo trámites. Eso hablamos con Carlos, en ningún momento se quiebra y le pega al piso y dice “por qué me quedo yo solo con mi hijo”. El desafío más grande era transmitir lo que él estaba haciendo por amor, por su hijo y por su mujer, sin caer en ningún golpe bajo y con el gran y enorme desafío que no se quiebra nunca. Cuando está en la terraza en la escena con Malena Pichot, se pone un poco mal pero está enojado, no está quebrado, ¿entendés? Está enojado porque no le quieren filmar un papel. No sé, era una nota muy fina que había que tocar y Carlos, además de ser el cineasta que es, sabe escuchar los diálogos y sabe cuándo suena bien y cuando suena mal. Me apoyé mucho en él y en Valeria. Me sentí muy libre, muy contenido; y también fue un rodaje donde estábamos filmando en La Matanza, en un hospital de verdad.

Eso pone en situación, ¿no?

Sí, pone, pero me parece que lo que más pone en una película es cuando todas las personas involucradas quieren estar ahí. Todos queríamos trabajar con Carlos, queríamos estar ahí. Los actores queríamos trabajar con el resto de los actores, y es medio milagroso, no pasa siempre. Todos queríamos hacer esta película, porque no era por un tema de plata, porque es Netflix. Todos queríamos contar esta historia.  Fue un encuentro bastante mágico lo del rodaje, y confié mucho en Carlos. Habíamos querido trabajar otras veces y no habíamos podido, y era una oportunidad buena para mí de hacer un personaje, no distinto, pero sí de alguien que requería esa energía más para abajo. Yo venía, sí, de personajes más irascibles, más para afuera.

Más explosivos…

Sí, y acá, para mí, el punto de quiebre es cuando ella le dice “pongamos fecha”. Él estaba comiendo una hamburguesa sentado ahí, y ese era el desafío más grande, el de poder contar lo que le pasa a ese muchacho, que se la pasa haciendo trámites, ante la inminente muerte de su mujer.

Que quiere tirarse a dormir en el piso, improvisando…

Sí, totalmente, está pasado, y está ahí. Es muy hermoso cómo esa pareja atravesó todo, y Sebastián me dijo que recién lloró meses después. No ves el quiebre, y eso es lindo, porque no es alguien que pide atención. Él está ahí con su mujer e hijo, era muy noble. Me gustó, justo estoy leyendo unas cosas de budismo y que están asociadas con la muerte y la manera de enfrentarla, las enfermedades que tenemos en occidente, o esta cosa de la medicina tradicional de querer mantener con vida a una persona a cualquier precio. Porqué cuando alguien nace es todo de colores y cuando alguien muere es todo negro y solemne, triste, y serio. No digo que haya que hacer una fiesta de cumpleaños cuando alguien se muere, pero me parece que te hace pensar en que hay otras maneras.

Y que es algo que la película maneja: el proceso de María y su familia y algunas posiciones médicas, porque aún nos debemos un debate sobre la muerte y sobre cómo mientras se muere alguien otros tienen que estar completando papeles…

La película viene a hablar un poco de eso, de cómo una persona que ya sabe que se va a morir, esto es un pensamiento mío, y que su muerte es inminente, cómo no puede elegir la manera, o por qué estirarle la vida a una persona, creo que es auto conocimiento y que si bien es distinto en cada persona está bueno que se abra el debate de eso, porque siempre vemos que gente que perdieron a alguien o tienen a alguien internado, además que tienen a una persona internada con cáncer o con una patología cardíaca o en un velorio, siempre, además de eso, tienen que hacer un montón de trámites, re difíciles, re caros, perder un montón de tiempo, y es eso, mi personaje está ahí resolviendo eso que no es poco, para mí entrar a la página de la AFIP y hacer un trámite es tan difícil como pedirle perdón a un amigo, es un gasto emocional que no tienen idea, a mí eso me puede destruir. Creo que la película tiene eso, es popular porque el cáncer es popular, la muerte es popular, porque todos nacemos y nos morimos, eso es algo seguro, que todos nos vamos a morir, y está bueno porque si la ves con amigos o amigas nos da ganas de charlar de eso, de cómo se enfrentaron al papeleo, es una chance que tenemos para hablar de lo que tenemos que cambiar como sociedad.

¿Habías trabajado con Valeria?

No, habíamos participado de una película pero no tuvimos la oportunidad de trabajar juntos, y yo tenía muchas ganas de actuar con ella, la admiro muchísimo, cuando me dijeron que iba a estar es como que te digan que vas a jugar al fútbol con Messi, me puso muy contento. En el set fue increíble, desde que nos conocimos, ahora nos hicimos amigos, se armó una muy buena con ella, muchas ganas de trabajar juntos y de contar la historia, y eso se filtra, la pasamos muy bien y era una experiencia muy intensa que con otro compañero tal vez hubiera sido muy difícil, porque además exigía compromiso y verdad.

¿Se complicaba entrar y salir del personaje?

Yo me dí cuenta después, cuando terminé la película me di cuenta que estaba devastado, muy cansado, angustiado, con mucha ira y entendí que fue la película, porque fue silencioso, ocho semanas de rodaje, bastante, y si bien el clima que generamos era en contra, siguiendo la lógica que ellos tuvieron en la vida, la seguimos, con humor. Al llegar al hospital pasaba las consecuencias de ser un actor de algunas cosas populares y subía al set.

Si no te arruinaban la preparación…

Había que administrar la energía, en todo rodaje lo hacés, pero acá más, sabiendo cuándo darlo todo y retraerte, y por suerte estaba todo organizado, podía comer, descansar, todo fue muy fluido, y el set era un piso entero, no pasa nunca.

El tiempo que me mencionás de rodaje es algo poco frecuente para lo que últimamente son los tiempos de una película, un milagro…

Sí, es inédito, no sé, creo que Relatos Salvajes se filmó en ocho semanas o doce, ya casi nadie filma así.

Si bien todo se estrena online ¿cómo viven el estreno así? ¿Tienen pensado hacer algo el día del lanzamiento?

No sé, Netflix propiamente no organizó nada porque no se puede, y para mí es rarísimo. Es la primera película que hago y que no voy a ver en un cine con mis amigos y el equipo que la hizo. Pero no sé, es así, porque si bien es de Netflix, me imagino que alguna alfombra roja y proyección en sala se hubiera hecho. Tal vez podemos hacer un asado y comer en la terraza y verla todos el 24.

Presentaste en Sitges «La zona caliente», tu último corto…

Sí, había presentado «El Bosque», en Mar del Plata, que se puede ver en Cinear Play. Y este corto es algo que había escrito hace mucho. Tenía ganas de hacerlo y lo de Sitges es curioso, porque yo no miro películas de terror. Se ve que me asusté mucho de chico. Y el corto, sin querer, es una comedia pero con una parte como de terror. Me sorprendió, porque el corto se volvió otra cosa, de terror. Habíamos quedado en el BAFICI y ahora lo voy a volver a mandar porque quiero que se vea en sala y acá. Ahora estoy con un guion mío, que son los personajes del corto pero para un largo, con un primer acto realista de drama familiar donde actúa mi hijo, mi novia y Julieta Zylberberg por ahora.

Esa sería la intención, presentar el corto en BAFICI y después filmar…

Sí, los cortos son para practicar, los videos también. Tengo pendiente de hacer uno con Cabeza Flotante, y alguna otra banda, ligado a eso. Tengo ganas de armar una productora chiquita, comprar una cámara, apuntando a eso. Y me imagino en mis 50 años en ese flash, actuando pero cada tanto poder dirigir.

(Foto cortesía: NETFLIX)

Más artículos
Series: «The Crown» empieza a filmar su quinta temporada