«El Cazador»: Lo nuevo de Marco Berger, estreno en Cine.ar

La última película del prolífico realizador es uno de los estrenos de la semana en la plataforma del cine nacional. Hablamos con su protagonista, Juan Pablo Cestaro

el cazador

En su primer protagónico cinematográfico Juan Pablo Cestaro encarna a Ezequiel, un joven que mientras investiga su identidad sexual se ve envuelto en una red de prostitución y pornografía.

Marco Berger está tras las cámaras de este intenso thriller, coprotagonizado por Lautaro Rodríguez, Juan Barberini y Patricio Rodríguez, que llega a CINEAR y a Cinear Play

¿Cómo te encuentra la cuarentena? ¿Sensaciones de estrenar El Cazador en medio de esto?

Personalmente estoy en La Plata. Soy de acá, pero vivo en Capital, me vine a pasar esto con mi familia. Me tiene como a todos preocupado por la situación y con la incertidumbre que implica.

¿Estás haciendo algo diferente? ¿Hubo algún pendiente que pudiste hacer?

Trato de aprovechar mucho el tiempo, estoy estudiando idiomas, alemán, portugués, inglés. Toco la guitarra, me las busco, tratando de ocupar el tiempo.

¿Cómo estudiás?

Una gran amiga vía Zoom me está enseñando alemán, tomo clases con un profesor de Portugués. Como con las películas cambio los idiomas, trato de aprender.

¿Cómo es protagonizar tu primera película?

Hice un casting, varias etapas, me dijeron que había quedado y ahí me pasaron el guion, que cuando lo leí me asusté mucho porque no tenía ni idea cómo hacer semejante desafío, un personaje complejo, con muchas caras. Por suerte dialogando con el director me fui metiendo en ese mundo, fue un desafío y un ejercicio constante de estar ahí.

¿Soñabas con llegar al cine?

Podemos llamarlo un sueño, siempre me gustó y jamás imaginé que iba a ser tan rápido, es una alegría inmensa, de mucho disfrute.

¿Acompañaste la película a Rotterdam?

Sí, fue una sensación increíble. Un éxtasis, de no entender nada, de jugar en la cancha de Gonnet con los chicos del barrio a encontrarte con Bong John Hoo, darle la mano, decirle hola. Fue una experiencia increíble, el contacto con la gente, responder preguntas, servir como soporte con aquel que quería interactuar fue muy lindo.

¿Qué fue lo más difícil de rodar y de interpretar a Ezequiel? ¿Cómo fue la conexión con el resto de los actores?

Lo más difícil fue que en la primera semana filmamos escenas y no se hace cronológicamente y debes tener el chip para reordenar todo. Fue clave el trabajo con los compañeros, mirarlos y ya estaba el clima. Hubo varias escenas complicadas, algunas que pensé que iban a ser más difíciles y no, hubo una escena que tuve muchos nervios que no se nota tanto en pantalla que es cuando estamos por ir al campo, la última también, por la carga emocional que requería, cada escena tenía su dificultad y por suerte el director me acompañó mucho, estuvo muy presente, él sabía qué quería. La confianza con Marco fue todo a favor, él sabía exactamente lo que quería y yo me subí a su tren.

¿Qué reflexión haces sobre la problemática que trabaja la película?

Es un buen ejercicio para empatizar y mirar a todos lados. Nadie percibe qué le pasa a Ezequiel, y es bueno poder hablar las cosas, profundizar en las personas para ver si está sucediéndole algo similar. Todo se puede hablar para encontrar el campo y tener respuestas.

¿Qué sensación tuviste la primera vez que te viste en pantalla?

Que no quería trabajar nunca más. La vi en Rotterdam, desde la primera fila. Ves todo distorsionado, pero a medida que avanzaba la proyección y escuchaba a la gente entendí que era porque estaba sentado en un ángulo malo (risas).

¿La viste de nuevo?

Sí, la vi tres veces, y después ya la pude disfrutar, correrme, observándola como película.

¿Con qué te gustaría que conecte la gente con la película?

Ojalá que llegue en algún momento a los cines, porque la mística del cine me encanta. Pero sé que de esta manera también llegará a más gente. Me gustaría que conecte con esto de que las cosas se pueden hablar, porque hablando se pueden solucionar muchas cosas.

¿Cómo sigue el año?

Había proyectos, pero con esta eterna pausa no sabemos qué va a pasar. Hay que ver qué pasa con lo que tenía y casi empezar de cero de nuevo, no es momento de pensar lo que yo quiero sino lo que la gente necesita, cuidarse y estar bien.

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