El fin del VPF: ¿Cómo sigue conseguir sala para el cine argentino?

Este año se dejó sin efecto el pago (en dólares) que venían recibiendo las multisalas por cada estreno en concepto de tarifa por copia digital (VPF), algo que afectaba las cuentas de productores y distribuidores independientes.

Durante años, una de las siglas más odiadas por productores y distribuidores nacionales era el VPF. El Virtual Print Fee era una tarifa por copia digital que las empresas distribuidoras y proveedores de contenido deben pagar a las salas de cine cada vez que colocan una copia de su película.

La misma se había implementado para que los cines pudieran recuperar los costos de la digitalización, en la que se reemplazaron los proyectores analógicos por los digitales para proyectar con copias en DCP.

Si bien todas las películas debían pagarlo, los costos, en dólares, solían ser prohibitivos para muchos de los productores y distribuidores más independientes. El costo, por lo general, ascendía a 350 dólares por película por sala para un mínimo de 3 proyecciones diarias, y de 700 dólares si la película ocupaba la sala en todas las pasadas.

Si bien la noticia pasó desapercibida ya que todas las salas estuvieron cerradas por la pandemia, a mediados del año venció la resolución que obligaba a pagar este canon. Hoy, una película puede estrenar en cualquier sala de cualquier cine sin tener que pagar ese «peaje».

¿Pero cómo afecta eso entonces al cine argentino?

«El VPF dejó de pagarse a mediados del año pasado. O sea que todo lo que se estrenó en los meses de pandemia se dio sin el VPF», ratifica Manuel García, de la distribuidora Cine Tren. Para la mayoría de los cines, siempre reacios a programar cine argentino, el VPF les reportaba un mínimo de 300 dólares por cine por película, una especie de peaje que se pagaba hasta el año pasado.

¿Y cómo afectó esto a la programación en cines en estos últimos meses, en el interior y en la codiciada zona AMBA, que reporta más del 60 por ciento de las entradas que se venden en todo el país año a año? «Como hay poca programación de productos muy comerciales, salvo excepciones, los colegas del cine argentino estamos encontrando  espacios para estrenar en salas comerciales de CABA. Estos cines siempre fueron muy resistentes al cine nacional menos comercial».

Con los estrenos de «La Noche Más Larga», «Un Crimen Común» y «El Silencio del Cazador», Cine Tren pudo conseguir salas en complejos de las zonas más solicitadas (y por lo general, negadas) del circuito cinematográfico de CABA: Palermo, Recoleta, Belgrano. Lo mismo lograron los estrenos de «Implosión», distribuida por Compañía de Cine; y de «Una Casa Lejos», distribuida por 3C Films.

«En este período de excepción por la cantidad de horarios disponibles no se aplica al pie de la letra lo que dice la cuota de pantalla», admite García. «Por ahí nos dan una o dos funciones (la cuota de pantalla obliga a que haya, por lo menos, tres). Pero eso nos permite tener buenos horarios: porque como está la restricción horaria nocturna, eso nos permite mantener la programación en horarios en los que se elimina las últimas noches y la primeras funciones vespertinas. Venimos teniendo buenas funciones en buenas salas, y en gran parte es por los efectos indeseados de la pandemia».

 

DEUDAS

Sin embargo, no todo es idílico en la etapa post-VPF para los distribuidores y productores. Si bien en 2020 se dio de baja la resolución, hay gastos de copias con los cines que quedaron pendientes de cancelación. Los gastos del VPF venían siendo reintegrados por el INCAA a las distribuidoras, según la resolución 2834 de 2015, que establece un reintegro del Virtual Print Fee que cobran los exhibidores a los distribuidores por la reconversión digital para así garantizar la diversidad cultural.

Pero al llegar la actual administración a la conducción del Instituto, se decidió que no se cancelarían los saldos pendientes, dejando cuentas en rojo para más de un distribuidor de cine nacional y/o independiente.

«Estamos casi todos endeudados con las salas, las cuales retienen BDX -borderaux- de películas nuevas de las distribuidoras que presentan deuda para pagar los saldos pendientes de películas viejas. Lo cual es un absurdo total desde el punto de vista político y contable. Pero del INCAA no hay respuesta al respecto, aun con un dictamen de parte de la Unidad de Transparencia del INCAA mismo que resolvió que el Instituto tiene que pagar esas deudas, el cual es un monto bajo dentro de todo para las cuentas del instituto. Pero no hay ninguna respuesta al respecto».

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