“El Marginal 4”: Claudio Rissi vuelve a ponerse en la piel de Borges.

El actor viene de rodar varios proyectos cinematográficos y coprotagoniza la cuarta temporada de la serie que debutó en el primer puesto de lo más visto de Netflix

Una vez más el talentoso Claudio Rissi es parte de «El Marginal» que, en su cuarta temporada, recientemente estrenada en Netflix, regresa como Borges, un personaje que lo volvió a ubicar en las preferencias del público, productores y la industria.

En esta oportunidad, y junto a Diosito (Nicolás Furtado), deberán recuperar el poder que perdieron en una nueva institución penal, Puente Viejo, luchando no sólo con las bandas contrarias, sino, principalmente, con las autoridades y con ellos mismos.

Haciendo Cine dialogó con Rissi horas antes del estreno para saber más detalles de su personaje y su regreso a El Marginal.

¿Cómo es para un actor recuperar un personaje? ¿Queda algo en el cuerpo, en la memoria, para volver a interpretarlo?

Sí, sin dudas, porque son muchos años haciéndolo. Está ahí, está latente. Después hay cuestiones que hay que resolver y reinventar dado el paso del tiempo del actor y el personaje y determinadas circunstancias que atañen a la nueva temporada. Pero lo esencial del personaje uno lo tiene. Sí hubo una deconstrucción por el nuevo ámbito y conflictos que se plantean al personaje, pero esencialmente ya lo sentís.

Hablas de deconstrucción, y, justamente ¿cómo fue encarnar a este Borges que debe recuperar ese poder que tenía?

En mi caso, el temor era no reiterar la segunda temporada. Pero ayudó el tema del paso del tiempo, no sólo en mi vida, sino en Borges. Entonces hay determinadas circunstancias que me han ayudado a modificar determinadas cosas, el estar sobrepasado de conflictos en tantos frentes abiertos por la pelea y lucha por el poder. Eso ayuda muchísimo: ese conflicto planteado en el guion hizo que fuera más interesante el desafío.

¿Cómo fue encontrarse con el nuevo espacio? Hablando con otros compañeros en otras oportunidades, me decían de la oscuridad de rodar en una cárcel real. ¿Cómo fue ahora en este set armado específicamente para la serie?

Fue maravilloso. Es sorprendente, lo que hizo Julia Freid es maravilloso. El departamento de arte armó un complejo carcelario impresionante, y más que de escenografía fue de arquitectura, con paredes y rejas de verdad, en un lugar donde era una fábrica metalúrgica desarticulada. Algo que colaboraba para la composición era el frío, porque el invierno se hizo crudo en ese lugar. Tenías humedad, paredes nuevas, ladrillos de hormigón, vidrios rotos. Todo eso ayudaba como elementos que los actores vamos absorbiendo para la problemática del personaje, para la tensión. Y el frío fue algo más a sobrellevar, porque no existe la impregnación del horror y la muerte y el olor a tumba que un principio tenía la cárcel de Caseros. Esa había sido una cárcel de verdad, un reformatorio fundado por Sarmiento, con paredes enormes, anchas.

¿Cómo definirías la participación de Borges en esta temporada?

“El tiempo pasa para todos”.

 

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