«El Perfecto David»: Hablamos con su director, Felipe Gómez Aparicio

Única representante latina en el festival de cine de Tribeca, actualmente en desarrollo, su realizador nos cuenta sobre su debut en la dirección.

Único representante latino en la sección Tribeca Online Premieres (Tribeca en Casa) de la vigésima edición del Tribeca Film Festival, Felipe Gómez Aparicio es el realizador de «El Perfecto David», una profunda mirada hacia los vínculos y exigencias.

Esta coproducción argentino/uruguaya está protagonizada por Mauricio di Yorio y Umbra Colombo. En ella, di Yorio interpreta a un adolescente obsesionado con su cuerpo. Entrena día y noche. En esta búsqueda es inducido por su madre, una artista plástica, que busca que su hijo llegue a la perfección en cuanto a las proporciones físicas. La potente propuesta transita momentos perturbadores con una mirada única sobre la adolescencia. Haciendo Cine dialogó con el realizador para saber más detalles de su película.

¿Cómo vivís la previa del estreno?

Es emocionante tener la oportunidad de estrenar en Tribeca, con todo el esfuerzo que significó hacerla. Cuando chequeaba la última versión para mandar, me di cuenta que era la finalización de cinco años de trabajo fuerte y duro. Es una emoción estar con algo que hicimos en Argentina con muchas ganas y estrenar en un Festival como este; es increíble.

Además sos el único latino representante de la sección…

Es algo especial, y obviamente me gustaría que hubiese muchas más.

¿Cómo surge la historia de la película? ¿Qué influencias tuviste, dado que hay momentos muy perturbadores en la película?

Me interesa mucho el mundo de las familias disfuncionales, lo que pasa dentro de ellas. Acá nos centramos en la relación entre David y su madre; siempre vamos a ver todo a través de su mirada. Buscando y hablando con amigos guionistas sobre el tono con el que quería contar, fuimos encontrándole la vuelta.

Es perturbadora, hay escenas increíblemente en ese tono, como cuando la madre le acaricia el pelo y él está reposado en su regazo…

Con esa imagen quería mostrar cómo la madre, que empuja a David hacia un lugar que no quiere, buscando la perfección, tenía una cierta conexión maternal, y no sólo cómo se maneja siempre con él. Hay pocos momentos así, con algo parecido a algo “normalmente” esperable.

En la presentación de los dos personajes también hay una tensión sexual increíble, y a lo largo del desarrollo de la historia hay una transformación…

David trata de tomar sus decisiones, porque además de la presión de su madre, está la presión para encarar en el colegio. Yo quería transmitir esa idea de cómo a partir de los otros se arma un universo de exigencias y creo que está bueno estar perdido en ese momento. Me gustaría que al verla quede la situación de que está bien estar perdido en la adolescencia y no que a los 14 años ya haya que tomar decisiones sobre cómo ser de adulto. No hace falta que sea así, en ese momento y en otros períodos. David está muy perdido en muchas cosas y va logrando cierto progreso en sus decisiones.

Te vuelvo a preguntar por imágenes o referencias que tuviste presenta a la hora de hacer esta propuesta…

Yo estoy influenciado por muchos directores y artistas visuales. Siempre fui un gran fanático de Leonardo Favio e intenté jugar con la temática de la adolescencia en un fuera de campo , como él la trabajó en «Crónica de un Niño Solo», con diálogos plagados de maldad. En esta película, en una de las primeras escenas vemos que hay unos niños que lo quieren violar, y el conflicto sexual se instala ya allí. Después me pasó a nivel actual que Scorsese es un artista clave de los últimos tiempos, mezclando todo. Con gran lejanía con ellos, pero ellos están presentes, al igual que directores contemporáneos que veo a mi alrededor. Hicimos con el DF además, una búsqueda sobre colores, atmósferas. Pero que nos sirviera para contar y no sólo para que la imagen sea linda.

¿Cómo trabajaste con Umbra y cómo encontraste y guiaste a Mauricio?

La clave de poder hacer la película era encontrar a David. Tenía en la cabeza imágenes que combinaran una “cara de bebé, ojos claros”, con un “cuerpo fuerte”. Alguien que fuera frágil de esa manera, y era complicado, hasta que apareció Mauricio luego de buscar por muchos lados. Lo encontró María Laura Berch, quién me ayudó muchísimo en todo el proceso, porque además él no era actor. También le pedimos que dejara de entrenar hasta empezar a rodar, donde comenzó a transformarse. Llegó a deshidratarse para estar todo marcado para la película. Seguía de cerca sus rutinas, sus dietas, para ver cómo crecía su cuerpo, y eso se ve en la película. Mauricio no había actuado, pero al ser tan disciplinado, se aprendía el guion, y se lo sacamos, coucheandolo con María Laura y con Umbra para que actúe naturalmente. Y lo logra con una sutileza increíble para alguien que nunca lo había hecho antes. Umbra fue muy generosa y con mucha humildad me acompañó en mi ópera prima. Además, con ella logramos hacer un trabajo sobre su voz, de aguda a más grave.

Tras Tribeca, ¿cómo sigue el camino de la película?

Vamos a seguir por Festivales hasta fin de año, y seguro estrenamos en sala comercial también a fin de año. Tengo muchas ganas de estrenarla en el país.

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