“El Piso del Viento”: Gustavo Fontán y Gloria Peirano reflexionan sobre el habitar y la memoria.

La película del prolífico director llega a las salas tras presentarse en FICIC y Doc BuenosAires.

En la primera colaboración en dirección conjunta, Gloria Peirano y Gustavo Fontán, indagan en “El piso del viento” en el hogar como identidad y cómo, a partir de las transformaciones, la vida se ha vuelto a construir entre cuatro paredes.

A lo largo del metraje, un grupo de personas que descubren el departamento en el que la dupla convivirá, encuentran respuestas sobre la vida, pasado, presente y futuro de los visitantes a su piso. En esas palabras se construye un apasionante juego para el espectador en donde los difusos límites también son los que habilitan lo lúdico de la propuesta. Para saber más del proyecto, Haciendo Cine dialogó con ambos realizadores, quienes además acaban de publicar sus nuevos libros: «Miramar», ella, y «Maraña», él.

¿Cómo fue compartir por primera vez la “otra parte” de una película con el otro?

Gloria Peirano: Fue mi primera experiencia dirigiendo y estoy muy agradecida. Con Gustavo creo que entendimos que podíamos complementarnos. En principio porque tenemos sensibilidades afines, y creíamos que esa compatibilidad era central. Pero podíamos complementamos, digo, porque la palabra, las palabras, iban a ser muy importantes en la película, y eso me resulta natural. Pero también la película precisaba de una atención cuidadosa sobre los cuerpos, el espacio y sobre la luz, y Gustavo trabajó mucho en sus películas en estos aspectos de la percepción. El desafío era amalgamar todo esto, y sobre esta cuestión trabajamos mucho, no solo con Gustavo sino con todo el equipo.

Gustavo Fontán: Fue fantástico. La película es una idea de Gloria; la filmamos en 2017, en un espacio que construimos para convivir en el altillo de la casa de ella. En ese momento tuvo la idea de ver qué pasaba en ese espacio, listo para ser habitado, pero sin nada, con líneas muy particulares, si invitábamos a un grupo de personas y las filmábamos mientras lo conocían. Nos hicimos preguntas sobre el habitar y la memoria, el adentro y el afuera, el amor y la casa, un conjunto de preguntas que ante el impacto de conocer el lugar emergieran.

¿Cómo eligieron a los “invitados” y cuánto duró el rodaje?

Gustavo Fontán: Elegimos con mucho cuidado, porque apelábamos a una sensibilidad singular, con experiencias de vida diferentes, con la estrategia de filmarlos desde que entraban, tratando de registrar ese impacto y luego tenían un rato muy largo con Gloria en donde charlaban. Lo que nos sorprende de todo, cuando hablamos o reflexionamos sobre la película, es que la filmamos antes de la pandemia. En la selección que hicimos, muy cuidada, no queríamos que nadie quedara fuera. Por eso filmamos, no de manera continua: intuíamos por dónde debería ir la cámara, y lo que si fue trabajoso fue el trabajo de edición, para elegir quién empezaba, quién seguía. Elegimos y rodamos las imágenes intermedias. Antes de la pandemia la película ya estaba casi terminada, pero después tuvimos que hacer el trabajo de sonido.

¿Cómo se resignificó la experiencia y la propuesta tras la pandemia?

Gloria Peirano: ¿Qué significa habitar? ¿Cuál es el vínculo entre un espacio y una persona? ¿Cómo se convive? ¿Cuál es la relación entre un espacio y la memoria? ¿Qué es una casa? Sabemos que algunas de estas preguntas son motivadas por la película y ampliadas por el contexto. Sin embargo, ya lo sabés, la película fue filmada antes de la pandemia, en 2017, cuando esta realidad en la que vivimos estaba fuera de la posibilidad de ser pensada. Nada de todo esto, el encierro, el confinamiento, estuvo presente en la concepción de la película. Incluso el montaje estuvo listo antes de que tuviésemos que quedarnos en nuestras casas. Durante la pandemia se terminó el sonido y se hicieron las últimas tareas de post producción. Sí, lo que nos pasó, es que ahora la película se encuentra completamente transformada, para nosotros, suponemos también que lo estará para los espectadores, por la relación entre un espacio cerrado y el mundo exterior. Ese efecto no fue pensado ni buscado. Pero existe y lo recuperamos como tal.

Gustavo Fontán: La película está signada por preguntas asociadas al habitar, que se resignifican tras la pandemia. Fue una experiencia maravillosa y estamos muy felices con la película.

¿Expectativas con el estreno finalmente en sala de la película?

Gloria Peirano: Ojalá que ese espacio blanco, el piso del viento, consiga acoger otras experiencias, la de cada espectador. Ojalá despliegue emociones e ideas sobre el modo en que habitamos nuestros espacios.

Gustavo Fontán: Si bien el documental puede ser pensado para la televisión, el origen y la concepción está ligada al cine. Son películas de experiencia, lo que no quita que pueda pasarse en televisión, pero la experiencia de la sala es otra cosa. Incluso gente que la vio en su computadora y luego la vio en la proyección del Doc BuenosAires descubrió otras cosas.

¿Es difícil hacerle entender al público que se debe recuperar esa experiencia en la sala y no en plataformas en las casas?

Gustavo Fontán: En el territorio de la experiencia está la mayor pérdida, porque no es lo mismo la experiencia en la plataforma diferente a la del cine, que es de una potencia y una novedad muy importante. Quienes entendemos el cine como una experiencia ligada a la percepción y en ella hay algo que nos maravilla, nos mueve, nos modifica, nos cala. Pensar que es lo mismo estar en el mar o ver el mar en una fotografía, no es lo mismo, aun siendo el cine una representación. Es una paradoja, y aun paradojalmente, la experiencia es de una fuerza inusitada. Estamos acorralados por las plataformas y las maneras de acceder rápido al cine desde dispositivos. Yo no puedo pensar el cine de otra manera, no me sale pensar una serie para mirar en el teléfono. Ni siquiera emitiendo un juicio, no lo sabría hacer.

 

 

 

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