Entrevistas BAFICI: Sebastián Alfie trae «El Kaiser de la Atlántida»

El director estrena su nuevo opus en el BAFICI y hablamos con él sobre esta obra filmada en España que le llevó más de media década de realización.

Sebastián Alfie fue uno de los más celebrados cortometrajistas de principios de siglo del cine argentino antes de debutar en el documental en 2012 con «Gabor», la sentida historia de un director de fotografía retirado que perdió la vista y que, años después, se dedicaba al alquiler de equipos de filmación.

Pasó casi una década hasta que volvimos a tener noticias de Alfie, con «El Kaiser de la Atlántida», coproducción entre varios países que documenta el derrotero de Kerry Woodward, quien encuentra en 1975 la obra de teatro homónima escrita por Viktor Ullman y Peter Kien en un campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial. Cuarenta años después, en 2015, Woodward vuelve a reponer la obra en el Teatro Real de Madrid mientras la cámara íntima de Alfie sigue todo el proceso.

«El Kaiser de la Atlántida» se estrenó en el festival de Málaga y ahora llega al BAFICI, en funciones en el Centro Cultural 25 de Mayo y en el San Martín.

Hablamos con Alfie sobre el proceso de realización que le insumió los últimos siete años y que finalmente llega a los espectadores.

Pasó casi una década desde el estreno de «Gabor». ¿Qué estuviste haciendo en este tiempo hasta llegar al documental sobre Diego Maradona y ahora Kaiser?

La música producida durante el Holocausto es un tema tan complejo que la única forma de aproximarme a él era convirtiéndome en un buen conocedor de esta materia. Pasé tres años investigando antes de encender la cámara. Además, la historia de estos músicos asesinados en Auschwitz quiso ser borrada por los nazis y aún hoy es muy difícil encontrar información sobre ellos. La sensación fue la de estar completando un rompecabezas.

Comencé formando una biblioteca sobre el tema, luego hice charlas con musicólogos expertos en este periodo, entrevisté a supervivientes, hice dos viajes al campo de concentración, otro a Basilea para estudiar el manuscrito original de la ópera…

Una vez terminada la etapa de investigación comenzamos a producir. Y ocurrió lo que suele suceder en en procesos como este: escribís, filmás, editás…y ves que te falta algo. De nuevo, escribir, editar, filmar… Así, durante otros dos años. Sumale la pandemia y ahí salen los siete años. No lo hubiera logrado sin Angela Álvarez, mi incansable coproductora española, los queridos Mariano Nante y Daniel Rosenfeld y el gran equipo que me acompañó.

En cuanto a la velocidad, por contraposición, «Diego, el último adiós» se hizo en tiempo récord. Sólo 9 meses desde que arrancó el proyecto hasta que se estrenó: teníamos como deadline de HBOMAX la fecha del aniversario de la muerte de Maradona y ese calendario nos marcó un tempo muy veloz.

Tomaste contacto con la obra en 2016, cuando se repuso en el Teatro Real de Madrid. ¿Cómo fue el trabajo mientras se realizaban los ensayos de la obra y cuáles fueron los más grandes desafíos?

Tuvimos que encontrar una forma de «colarnos» en medio de algo tan íntimo y complejo como es el proceso de creación de una ópera. Al igual que en otros documentales, tratamos de ganarnos la confianza del equipo artístico y de ir poco a poco. El rodaje en el Teatro Real lo diseñamos de forma que en los primeros días, en los ensayos, utilizáramos sobre todo teleobjetivos. La idea era permanecer a una distancia respetuosa, ya que éramos un cuerpo extraño y ese es el momento más delicado, ya que es cuando surge el germen de la representación. Como no nos autorizaron a entrar el escenario principal más de dos personas, aprendí a operar la cámara yo mismo, ya que, por supuesto iba con sonidista y no podía meter un director de fotografía. Luego se acostumbraron a vernos e incluso algún día logramos «robarnos» un rato a los cantantes (en medio de una agenda vertiginosa) para filmar algunas escenas que yo tenía en mente y requerían cierta puesta en escena.

Uno de los desafíos más grandes fue registrar el sonido, ya que la materia prima sonora tenía tres fuentes muy diferentes: las voces, la orquesta y los diálogos. Para tener la calidad que queríamos tuvimos que montar un dispositivo de micrófonos y grabación bastante complejo.

¿Cómo fue la participación de los distintos países y fundaciones que producen la película?

El proyecto surge en España, es una coproducción entre mi productora y Sintonía Media, una empresa especializada en el audiovisual de música clásica. Luego se sumó la parte argentina. Con la experiencia de haber hecho «El año del tiburón» y «La calle de los pianistas» Rosinante fue el socio ideal. Ellos también trajeron una ayuda del INCAA que fue fundamental. La TV Checa coprodujo lo que filmamos en Praga y en el campo de concentración de Terezin. Y en Ámsterdam, donde ocurre gran parte de la historia, contamos con un coproductor muy implicado, De Productie.

Pese a que pasaron 80 años de la obra de Ullmann y Kien, la película y la obra en sí se sienten muy actuales en su sátira y burla. ¿Sentían eso a medida que iban desarrollando la película?

La ópera es una burla a Hitler, pero principalmente una advertencia sobre el peligro de los tiranos que, como Putin, Trump (o, para nombrar un ejemplo más cercano, Galtieri), quieren jugar a la guerra y en ese afán arrastran al mundo a la destrucción. En esta ópera, la Muerte, el personaje antagonista del Kaiser, se declara en huelga ante los planes belicistas de éste, quien así se ve imposibilitado de matar. Nadie mata, nadie muere, los unos comienzan a escucharse a los otros. Como dice la Muerte «yo no soy quien causa la peste, yo soy quien alivia la peste».

Tristemente en estos siete años no faltaron oportunidades en las que, al escuchar esta música, sentíamos que nos hablaba directamente. Pero eso también nos dio la fuerza que necesitábamos para mantener la motivación durante tanto tiempo: nuestro objetivo era dar a conocer este mensaje pacifista y antifascista tan necesario, fruto de la valentía de Viktor Ullmann (el compositor) y el poeta Peter Kien.

Por supuesto, la invasión a Ucrania y sobre todo el papel de Putin, tan similar al Emperador de la Atlántida en su ambición y su locura, dan otro peso a nuestra película y (lamentablemente) la vuelven más contemporánea.

Además de BAFICI la película pasó por Málaga. ¿Cómo fue la experiencia y cuál fue la reacción del público?

Fue una proyección conmovedora. Primero porque el festival tuvo el acierto de programarnos en el hermoso auditorio del Museo Picasso. En la presentación hablamos sobre cómo el pintor español creó un ícono pacifista tan potente y contemporáneo como el Guernica. ¡Si hasta por vergüenza tuvieron que cubrir el tapiz que reproduce esta pintura en la ONU cuando Powell declaró la guerra a Irak! Siempre es emocionante ver la película por primera vez con público. Hubo un silencio muy respetuoso, y a mí me pareció que todos pensábamos lo mismo al ver las imágenes de las ciudades bombardeadas en la Segunda Guerra…parecía que estabas viendo Kiev.  Kerry Woodward, el protagonista del documental (él fue quien descubrió el manuscrito perdido de la ópera) viajó desde Londres y nos acompañó en esos días. La gente pudo verlo en persona, saludarlo y le dio una emocionante ovación.

 

El Kaiser de la Atlántida, de Sebastián Alfie. FUNCIONES: Centro Cultural 25 de Mayo: 21/04 20.30h / Cultural San Martín: 22/04 20h / 26/04 16.30h.

 

 

 

 

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