“Husek”: Daniela Seggiaro reflexiona sobre el choque de culturas.

La película llega a las salas y a Cine.ar después de su debut en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

«Husek», una película bilingüe dirigida por Daniela Seggiaro y filmada entre el chaco salteño y Salta llega a los cines con una perspectiva indígena contemporánea para narrar una historia de tensiones y ruinas pasadas, presentes y futuras. Los pasajes de traducción entre el idioma castellano y el wichí lhamtès dan cuenta de las complejidades idiomáticas que atraviesan las relaciones interculturales entre lo indígena y lo occidental que conviven en un mismo territorio.

La película, protagonizada por Verónica Gerez, Leonel Gutiérrez, y Juan Rivero, entre otros, reflexiona sobre cómo la politiquería intenta arrasar con culturas ancestrales para salir victorioso en una imagen de las redes sociales. Desnudando el detrás de escena del acecho y asedio a una comunidad originaria para destruir su hábitat y ecosistema. Haciendo Cine dialogó con Seggiario, en su regreso al cine tras la extraordinaria Nosilatiaj.

Si bien has estado trabajando en algunos otros proyectos como guionista, ¿por qué demoraste tanto en volver a filmar una película propia?

Es verdad, el tiempo pasa y el cine lleva tiempo. Después de «Nosilatiaj» seguí con mi formación y mis intereses pero no busqué dirigir otra película de ficción hasta no sentirme verdaderamente convocada por un proyecto. Recién me sucedió con «Husek». Me entusiasmé muchísimo cuando empezó a aparecer la película, fue un proceso muy lindo encontrarnos con la historia y escribir el guion. Ahora pienso que no quisiera que pase mucho hasta una próxima película de ficción, quizás hacer la segunda obra funciona como una forma de romper el hielo, no lo sé, eso espero.

¿Cómo surge la historia de Husek?

En un viaje al monte escuchamos con Osvaldo Villagra la historia del fuerte con el que empieza la película y nos llamó mucho la atención ese lugar y esa historia. A partir de ahí empezamos a observar la cantidad de lugares abandonados y en ruinas que van quedando por el territorio y empezamos a conversar mucho sobre el habitar de las comunidades, la convivencia con el monte, con el río. Tiempo después, trabajaba en un proyecto documental sobre la lengua wichí, y me di cuenta que en realidad estaba escribiendo una ficción, entonces cambié de proyecto y lo convoqué a Osvaldo nuevamente para retomar nuestras conversaciones y trabajar juntos en esa nueva película. Me parecía importante incorporar en el relato su perspectiva, su conocimiento y su punto de vista particular como wichí. Es un lujo haber compartido el trabajo con él porque si bien veníamos trabajando juntos desde Nosilatiaj, creo que aprendimos mucho juntos en la experiencia de esta nueva película. Aprendimos fundamentalmente a no entender todo y confiar porque de alguna manera de eso se trata Husek, de percibir mas que de entender. Sabíamos que la cuestión lingüística sería uno de los pilares fundamentales y que la película sería bilingüe, estábamos dispuestos a problematizar esa tensión idiomática y fue fascinante esa tarea, la seguimos después en la post producción del film e incluso en la gráfica que trabajamos con Vanina Scolavino.

¿Cuándo supiste que ibas a cruzar el cine de lo real con la ficción, una vez más, en la propuesta?

Tenemos una forma de trabajar la ficción que inevitablemente siempre se cruza con la idea de “lo real” quizás porque trabajamos en un tono realista y con motivos que pertenecen mas al imaginario del cine documental que al de la ficción, incluso cuando incorporamos elementos sobrenaturales o desopilantes o exagerados. No se si nos lo buscamos conscientemente o es algo que sucede. Sí hay un planteo desde todas las áreas de una cierta búsqueda de verdad en toda la construcción de la puesta en escena que cuando incorpora también los excesos o “lo corrido”, pareciera que lo hace vibrar en ese tono realista y lo incorpora.

¿Cómo seleccionaste al casting?

Trabajamos muchísimo buscando a los actores. Me acompañó en esta tarea Mar Pérez (música y directora de teatro salteña). Hicimos muchos tipos de casting diferentes, tratábamos de encontrar la energía que cada personaje necesitaba. Fue una tarea ardua pero también muy divertida y muy necesaria porque ese trabajo minucioso en el casting es después un gran alivio en el rodaje. Encontrar los personajes es clave y una de las tareas que considero más importantes.

¿Qué trabajo hiciste con el elenco para que profesionales y amateurs o debutantes manejaran el mismo tono de verdad que tiene la propuesta?

No me pasó nunca hasta ahora que exista el suficiente tiempo de ensayo antes del rodaje pero por suerte Mar estuvo también durante la filmación para ayudar y contener a los actores y para estar muy atenta a los extras y a los roles secundarios que dan vida a todo el relato. En el set repetíamos muchas veces cada toma hasta que la sentíamos bien de actuación. Para mi es la gran prioridad. En el momento parece exagerado dar toma tantas veces pero cuando se revisa el material siempre estoy contenta de haber insistido hasta sentir bien la escena. A veces no se puede repetir por algo que nos excede y generalmente lo lamento mucho cuando estoy en la mesa de edición. En el equipo de dirección estaban además Cesar Sacaría y también Osvaldo Villagra que daban las directivas a los actores wichí en su propio idioma y eso era muy bueno porque lograban grandes cosas y estaban atentos a que suene bien la actuación también para un wichí hablante.

Ana padece, constantemente, el ninguneo de los hombres con los que trabaja, pero también, el acoso callejero, entre otras cosas. ¿Cómo fue que surgió la idea de unir este tema, también, en la película?

Las violencias cotidianas y los acosos son permanentes, Ana lo puede ver cada vez más claro y se harta. Quería que el personaje tuviera ese arco, esa incomodidad y ese ruido todo el tiempo. En la película se entrecruzan tipos de violencia, lo mismo les sucedía en Nosilatiaj a los personajes de Sara (Ximena Banús) y a Antonella (Camila Romagnolo) pero el ámbito en el que Ana se mueve es diferente, tiene otra exposición y está viviendo otra época: la época dónde esas violencias y acosos son cada vez menos naturalizados y más repudiados. Creo que en mis relatos aparece esa dimensión porque son problemáticas que atraviesan a nuestro mundo contemporáneo y, por lo tanto, les suceden también a las mujeres protagonistas de mis películas. Intento ubicar ahí los relatos, en la observación de esa gran cantidad de factores, de detalles donde se manifiesta todo lo que está roto, lo que sería interesante reparar.

Como realizadora, y siendo que tus películas justamente provienen de una provincia en la que hay una tradición de realizadoras, ¿qué es lo más complicado aún para poder generar cine desde otros lugares que no sean Buenos Aires o ciudades centrales del país?

Es maravilloso pensarnos ya como parte de una “tradición salteña” en una provincia donde esa palabra tiene un peso específico muy grande, me encanta. Lucrecia Martel es la gran maestra del cine contemporáneo, es un orgullo tenerla como referencia y también como vecina, enorme privilegio el nuestro. Es cierto que todavía nos cuesta descentralizar la actividad cinematográfica en todas sus dimensiones. Creo que también estamos juntas en esa tarea las realizadoras y realizadores de todo el país. Quizás todavía necesitamos encontrar nuevas formas de producción que traccionen de otra manera las políticas culturales. Se hace un trabajo grande en esa dirección pero no sé si le encontramos todavía una forma realmente interesante desde la producción, creo que no. Igual seguimos filmando, porque hay fuego.

La película viene de presentarse en festivales de cine internacionales y Mar del Plata. ¿Cuáles son tus expectativas con el estreno? ¿Con qué te gustaría que se conecte la gente que la vea?

¡Es tan hermoso volver a ver nuestras películas en el cine! Husek fue hecha para compartir en una pantalla grande y es un placer que tenga su estreno en salas. Tuvimos ya una primer experiencia de verla con público en Mar del Plata junto a la actriz Verónica Gerez y al co-guionista Osvaldo Villagra y además de disfrutar mucho la proyección. Lo más interesante es siempre la conversación con el público y entre el público. Pienso que es una película para ver con tiempo, para entregarse sin sacar conclusiones apresuradas. Ya sea en la sala o en las casas en los estrenos de cine AR Play es necesario verla con tiempo, vincularse con la complejidad, la fuerza y la fragilidad de lo que estamos intentando hablar.

 

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