“I nostri giorni”: Gisela Peláez reflexiona sobre el universo laboral

Rodada en Italia, las rutinas diarias de trabajadores confluyen en un potente documental, estreno del Gaumont esta semana.

Recorriendo grandes ciudades italianas como Milán, Nápoli o Venezia, y pequeños pueblos como Erice o Matera, Gisela Peláez presenta en I Nostri Giorni un relato sobre la humanidad ante el inevitable hecho que atraviesa a todas las clases, el trabajo.

Con la mirada detenida en la intimidad de industrias familiares, artesanías de lujo, comercios, cooperativas y fábricas recuperadas, la intimidad del proyecto sirve para extrapolar lo particular a lo universal. Hablamos con ella para conocer detalles de la propuesta.

¿Qué concepción tenías sobre el trabajo, y el trabajo artesanal, antes de realizar el documental?

El trabajo tiene muy mala prensa, inevitablemente. Pero yo tenía la sospecha de que detrás de una idea del trabajo entendido como la explotación del hombre por el hombre, había algo más para contar. Muchas veces me han dicho que soy “workaholica” porque realmente trabajo mucho e intensamente, y me he preguntado el por qué y creo que tiene que ver con el deseo y el ser. El trabajo permite poner en movimiento el deseo y desarrollar un ser, es parte fundamental de quien soy, para mi y para los demás. Después el sistema es muy complejo y muy injusto, donde se libran las batallas más cruentas. Sin soslayar esos aspectos, me interesaba ir más allá. No me preocupaba tanto el ámbito de la artesanía, yo estaba segura que un artesane persigue su propio deseo. Pero, ¿qué pasa con una persona que opera una máquina en una fábrica? Yo me preguntaba más por los ámbitos que me resultan más distantes y donde prima una idea muy desvalorizante. Para muchas personas trabajar en una fábrica o similar es lo peor que te puede pasar, y yo no comparto esa idea. Tampoco idealizo, pero creo que hay formas de ser y de motorizar el deseo también en esos contextos. Por eso quise poner en contacto tanto la producción artesanal como la industrial.

¿Cómo seleccionaste a los protagonistas y por qué?

Fue todo un poco fortuito. El primer viaje lo hice en 2017 en el contexto de un festival itinerante que tiene un recorrido propio. Cada semana nos hospedábamos en una localidad diferente y teníamos 5 o 6 días para producir un cortometraje. Fui con la idea de hacer una serie de piezas bajo un mismo tema que pudieran luego articularse. El primer hallazgo fue la fábrica de zapatos. Conversando con un niño en un mirador de un pueblo, me señala en medio del campo la fábrica de zapatos de su compañerito de clase. Vi la oportunidad y por suerte la madre me facilitó el contacto. Al otro día a las 6 de la mañana me pasó a buscar el dueño en persona, un señor de unos 70 años que me dejó deambular en la fábrica durante un día entero. Ese primer registro fue como un trance. Los demás fueron apareciendo buscando complementar o contrastar, hasta articular algo que sugiere una totalidad, aunque obviamente esté muy lejos de representar toda la complejidad de la producción material en Italia.

¿Cómo lograste la intimidad y qué trabajo hiciste con cada uno para que accedieran a ser filmados todo el tiempo?

No pude hacer un gran trabajo previo con les personajes, no tuve el tiempo ni los medios. La intimidad creo que surge del estilo del registro. Como el tiempo era escaso, me presentaba y luego pasaba a filmar, a explorar directamente con cámara en mano. Creo que el hecho de hablar italiano me ayudó mucho, poder hablar directamente con elles, y luego a filmar. Me iba acercando de a poco a les personajes, adentrándome lentamente en el espacio y en la actividad que realizaban. Dejando que el tiempo y la concentración en el trabajo les hiciera olvidar mi presencia. Mucha concentración, poca intervención y estar ahí con elles tratando de anticipar las acciones sin marcarles el paso. La cámara a disposición de la acción y no a la inversa.

Si la película se hubiese rodado en Argentina: ¿qué profesiones, oficios, trabajos hubieses elegido?

Creo que hubiese buscado con un criterio similar pero no podría decir qué encontraría si lo hiciera. Una vez, haciendo una primera investigación para otro proyecto (que no es el equivalente de “I nostri giorni” en Argentina, pero tiene algunas similitudes) estuve tratando de hacer un registro fotográfico en una fábrica. Finalmente no se concretó porque tuve que pausar ese proyecto, pero después de varias conversaciones con la persona a cargo de la comunicación de la empresa todavía no había logrado convencerlos de dejarme entrar a registrar. La realidad argentina es mucho más inestable y es necesario vencer primero la desconfianza y el miedo. Aquí sería muy difícil hacer un trabajo de rodaje tan espontáneo como el que logré en Italia, por lo menos al nivel de las medianas o grandes empresas.

Recién te preguntaba por qué cambiarias para una versión “argentina”, pero, más allá de esto, ¿cómo lograste universalizar el discurso desde las particularidades del lugar donde rodaste?

La universalidad del discurso se logra, creo yo, obviando o sobrevolando las cuestiones más coyunturales de cada caso. Si yo hubiese profundizado más en temas como las condiciones de producción en un lugar determinado, las políticas de estado o municipales, el mercado en términos abstractos, ese tipo de discurso que tiene que ver con la forma local y actual de existencia o supervivencia de un negocio, hubiese sobrecargado el relato. En su lugar lo que la película intenta representar es la vivencia humana, física y espiritual, del trabajar, y esto es algo que trasciende las particularidades de cada contexto.

¿Cuáles son tus expectativas con el estreno en Argentina?

Con el estreno de la película en Argentina espero lograr el encuentro (o reencuentro) de dos mundos que tienen vínculos invisibles pero muy fuertes. Por supuesto, con la enorme inmigración italiana en Argentina vino también una cultura que hoy, transformada, reapropiada, mezclada con otras cosas, es también nuestra cultura. Pero no todos esos vínculos van de allá hacia acá. En la fábrica recuperada Rimaflow, donde tuve la oportunidad de presenciar la resistencia pacífica a un desalojo, todas las personas que construyeron esa experiencia colectiva tenían muy presente el movimiento de fábricas recuperadas en Argentina iniciado en los años 2000. De hecho, me atrevo a decir, que en materia de autogestión y defensa de los derechos de les trabajadores, Argentina es un ejemplo notable a nivel mundial.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Estoy trabajando en un nuevo proyecto, del que prefiero no decir mucho aún, que también tiene como protagonistas a trabajadoras y trabajadores, pero con una impronta mucho más histórica. La idea es contar la evolución de un mismo territorio a lo largo de varios siglos como sinécdoque de la historia argentina. De cualquier manera, de alguna forma me las arreglaré para hacer registro directo lo más espontáneo posible, si me dejan.

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