Informe: Filmando cine argentino en 4 semanas

Hablamos con varios realizadores sobre la nueva realidad impuesta por las limitaciones de presupuesto: tratar de ejecutar la mejor película posible con cada vez menos jornadas de rodaje.

Por Mariano Cattaneo.

 

Pienso sin que me tiemble el pulso, que hacer cine tiene que ser una pasión indiscutida: no hay otra. Es una actividad que, al realizarla, te completa de tal manera que sentís que estás en total armonía. Ahora, ¿uno logra trabajar en esa armonía? Claro que no.

En la actualidad, el trabajo cinematográfico está sufriendo un cuello de botella que, lejos de ayudar a la industria, está arrinconando su productividad. Rodajes de tres o cuatro semanas ya son casi el modelo a seguir y los proyectos empiezan a pensarse con esas limitaciones. No es que no se pueda hacer cine en poco tiempo. Es que no todos los proyectos pueden acomodarse en la misma estantería. Si al iniciar una película, uno tiene que condicionarse para que sea realizable, hay algo que se está perdiendo a la hora de contar las distintas historias. No es lo mismo pensar una producción de tres semanas, que tener un proyecto que requiere más tiempo y verse en la emergencia de acotarlo para poder concretarlo.

Una Tumba para Tres” (En post-producción) es mi primera película INCAA realizada en esta etapa de planes de rodajes reducidos. La experiencia fue todo un movimiento mecánico, físico y mental. ¿Lo disfruté? Por supuesto, pero todo se pareció al armado de un Tetris: hubo que acomodar las piezas en los lugares correctos para que la película exista y, aun así, pasarla lo mejor posible mientras sucede. Me pregunté cómo estaban viviendo algunos colegas directores esta situación y los reuní para indagar en las mismas inquietudes a las que yo me enfrente cuando inicie el rodaje.

Para entender el proceso y el trabajo de dirección, hable con Sebastián De Caro (“Claudia”), Pablo Pares (“Soy Tóxico”), Laura Casabé (“Los Que Vuelven”), Nicolás Galvagno (“Pistolero”), Jimena Monteoliva (“Matar al Dragón”) y Gabriel Grieco (“Respira”). Esta charla, además de interesante y reveladora, fue una muestra sincera del amor que genera hacer cine.

 

Laura Casabé: Una es una persona apasionada que quiere filmar y es optimista a la hora de encontrar la forma de hacerlo. Además, es difícil renunciar a la obra.

Nicolás Galvagno: Ese ideal lo vas acomodando, lo vas corriendo a las posibilidades que tenés. Hay un límite que, por supuesto, no lo vas a cruzar jamás. Ahí entra la magia en el diseño de producción y uno como director va a ir viendo hasta dónde te vas adaptando para sentir que no estás traicionando el espíritu de la obra.

Jimena Monteoliva:No creo que nadie pueda hacer la película soñada, ni siquiera los grandes. Creo que todos empezamos abajo y si ese abajo es no hacer la película, pienso que hay que sacarse el gusanito y hacerla a toda costa, aunque sea contraproducente y nos digan “¿viste que podías hacerla con menos plata?”. Eso está mal, está mal que la hagamos de esa manera, está mal darle la razón a esos que decían que se podía hacer igual, pero es peor que la película no exista.

Pablo Pares: Creo que los únicos realizadores de cine que existen, son los que saben que la película que van a hacer no es la película que están soñando. El cine es un arte tan complejo, donde entran tantos elementos en juego que, siempre, el resultado final está bastante alejado del deseo.

 

REFORMULAR Y AJUSTAR

Una de las inquietudes a la hora de encarar el diseño de producción es reconocer si la obra puede ser contada en las tres o cuatro semanas de rodaje o si hay que reformular la película.

En mi caso, en “Una Tumba para Tres”, me la jugué a no alterar ninguna escena y realizar un trabajo previo para entender la esencia de cada toma y qué necesitaba contar con cada encuadre. Pero, para mi siguiente película (actualmente en pre-producción), una vez que terminé el rodaje de Una Tumba…, con la experiencia ya en el bolsillo, tomé el guion y reformulé algunas cosas para llegar a un plan de rodaje viable.

Pablo Pares: Hace bastante tiempo que mi filosofía a la hora de escribir es: que se pueda grabar la semana que viene con lo que tengo yo mismo. Me quemé demasiado escribiendo cosas imposibles que no entraban en tiempo ni producción, así que tomé esa filosofía de poder resolver ya. Ahí se te dispara la creatividad.

Jimena Monteoliva:Yo creo que ya proyectamos de forma reducida: una cabaña, dos actores… pero hay que buscarle la vuelta para que sea interesante. Eso sí: creo que, en esta etapa, y a menos que cambien las cosas en un futuro cercano, ya las pensamos para que sean filmadas de manera contenida.

Sebastián De Caro: El trabajo que hicimos fue juntarnos con el director de fotografía (Mariano Suarez) y charlar de lentes, de puesta, estilo y cantidad de tomas por escena. Esa estrategia, ese plan, nos preparó para el peor escenario: entonces siempre nos sobraba. No tiene sentido que todos los planos sean exactamente los que querías: uno es director porque sabe resignar y hacer una negociación.

 

APRENDER A SOLTAR

Una vez que estás dentro de la película, lo que no hay que hacer es perder el control. Tener clara la película en la cabeza, ayuda a comprimir al máximo la posibilidad de retrasos y dudas, dos palabras que en un rodaje apretado se siente como una prensa ajustándose cada vez más sobre el tórax. Las películas se hacen planificando: es un trabajo de anticipación.

“Las estrategias de rodaje, más allá del guion contenido, es como pensar la escena. El rol del director, hoy en día, también es saber cómo optimizar el tiempo”, dice Jimena Monteoliva. Laura Casabé agrega: “Es muy salvaje filmar en tan poco tiempo, porque se transforma más en una carrera de postas. En mi caso, la puesta que ya tenía pensada para la película, con un manejo de cámara en mano, me favoreció, pero uno nunca deja de correr. A todos nos sorprendió tener que filmar en tres o cuatro semanas: es casi un ejercicio de supervivencia y resistencia, pero al mismo tiempo es un ejercicio creativo para buscarle la vuelta a lo que necesitas contar”.

Nicolás Galvagno, con su ópera prima recientemente estrenada, recuerda sobre el plan de rodaje: “al momento de encarar la película, el plan que hicimoscon Martín Blousson (asistente de dirección), se centró en qué escenas requerían más tiempo, porque sabíamos que eran más complicadas y necesitaban más desarrollo. De ahí decantamos cuáles eran las otras que podíamos filmar de manera más sintética. Aceptás también a trabajar con pocas retomas: si estaba bien de actuación, técnicamente no había ningún fallo y yo estaba conforme, pasar a lo siguiente”.

Pablo Parés hizo el grueso de su carrera dentro de la independencia y la autogestión hasta que dirigió dos películas INCAA al hilo: “La verdad es que tuve que cambiar básicamente mi estilo y adaptarme a uno que pueda convivir con los tiempos del INCAA. En “Bruno Motoneta” adapte el estilo a pocos planos para no entrar en conflicto, ya que hay un ritmo industrial que es muy difícil de romper. y en “Soy Tóxico” me arriesgué a hacer algo con más ritmo, con muchos planos, pero el cuello de botella que me encontré ahí fue que no había más soltura de presupuesto para el montaje. Así que, de una forma u otra, estas restricciones terminan afectando a la película y a tu estilo.

 

 

EL TIEMPO RECOBRADO

 

Claro que hay proyectos en los que las limitaciones de tiempo (en especial cuando se filman en locaciones o condiciones extenuantes) se sienten mucho más que en otros.

“Nosotros estábamos filmando en la selva, en medio del bosque o en el monte, donde climáticamente podía pasar cualquier cosa y nada de todo eso fue una limitación como la falta de tiempo. Solucionar eso se logra gracias también a un equipo glorioso, que, dentro de esta precarización tan fuerte de reducción de semanas, se arma con mucha fuerza y una épica por terminar la película”, dice Laura Casabé, que filmó “Los Que Vuelven” en el medio de la selva misionera.

“Yo hice al revés”, suma Sebastián De Caro. “Decime cómo es el barco y te digo hasta dónde puedo viajar. Pensé una película de tal modo que sea muy noble a la hora de contraponerla con la realidad, las locaciones y el tiempo posibles. Hoy pienso la película y no creo que me haya faltado nada, porque esa es la película”

“A mí lo que más pena me da es dejar de lado, por un tema presupuestario, todos los chiches técnicos (mejores luces, mejores cámaras, steadycam) que estarían buenísimo poder usar”, admite Jimena Monteoliva.

Otros, como Pablo Parés, sufren más la falta de tiempo y dinero en la etapade post-producción: “Son áreas que requieren mucho presupuesto y tiempo de trabajo. Yo me apoyo mucho en la música, el sonido. Muchas de las cosas que filmo sin música no funcionan. Cuando el presupuesto es acotado, no podés dedicarle el tiempo que hubieses querido y sentís que perdés una herramienta que puede mejorar la película”

 

 

EL EQUIPO

Estas limitaciones que nombran los directores no solo las sufre el cargo de dirección. Todas las áreas tienen necesidades y todas deben funcionar como una pieza que encastra a la perfección dentro del plan. Los técnicos son parte fundamental de la película. Sin ellos la obra no existe, porque es un esfuerzo creativo en conjunto. Esto es fundamental entenderlo, a la hora de encarar un proyecto cinematográfico y les aseguro que se aplica a cualquier rubro de la vida: El equipo lo es todo.

Para entender este punto, cada plano requiere un movimiento de puesta. Nosotros planteamos tener una parrilla de luces (como suele usarse en estudios) que mantenga un clima parejo durante todo el rodaje, y con menor cantidad de elementos, dar los detalles necesarios para destacar cada puesta. Esto me permitió jugar más con los planos y el ritmo que quería en la película.

Laura Casabé: Yo la única solución que le encuentro es tener la mayor cantidad de pre producción posible. Y no hablo de las semanas de pre concretas, si no de venir trabajando con el equipo, con mucha sinceridad y compañerismo, lo más de antemano posible. Sabiendo estas circunstancias, nunca hay que ponerse caprichosa y saber escuchar.

Nicolás Galvagno: Por suerte tuve un equipo muy profesional y supieron entender las condiciones bajo las cuales estábamos filmando. Todo el equipo sufre con las corridas, porque a uno como director, le llega el momento donde hay que empezar a decidir a que le das prioridad y donde decir “hasta acá llegamos, es esto, porque si no, no se termina de filmar”. En mi caso, con Leonel Pazos (Director de Fotografía) hablamos mucho sobre una iluminación naturista, que ayudó con los tiempos.

Gabriel Grieco: Sufren todos, y uno a veces se siente bastante déspota, pero la verdad es que hay que poner todo en una balanza y decidir. Muchas veces se llega a una situación donde también es poco placentera para los colegas, porque parece que uno no respeta su trabajo, y no es así, hay veces donde se puede dar más tiempo a las retomas y otras en las que tiene el reloj en contra. No está bueno pasar por eso, una película es un evento social donde cada uno aporta, y el trabajo del director es escuchar, tomar las ideas de los demás que surgen en el rodaje y aplicarlas si es necesario.

 

LA FLEXIBILIDAD

En estas condiciones, un director no debe ser rígido, ni casarse con las ideas. El guion no es de acero y cuanto más flexible nos comportamos, habrá más soltura para solucionar problemas y también para crear nuevas ideas que favorezcan a la película. El trabajo del director está en saber tomar decisiones y no seguir de forma ciega un plan ideal.

Sebastián De Caro: La creatividad de síntesis tiene que estar siempre, porque en realidad es con cuantos planos menos puedo contar la película. El corte es la última opción del plano, hay que pensar menos en el ritmo de montaje y más en que el plano valga. Si puedo contarlo en un plano, no voy a contarlo en tres.

Nicolás Galvagno: Yo siento que estas limitantes de tener que filmar en poco tiempo, realmente potenció el aspecto creativo de cómo encarar cada escena y cada plano.

Jimena Monteoliva:Si, potencia la creatividad, pero estaría bueno tener esa creatividad y la plata para hacerlo bien. Porque con mejores condiciones, el cine argentino, pero en especial el cine de género argentino, explotaría.

Pablo Pares: Yo no siento que hacer las películas en poco tiempo sea particularmente malo, tengo varias películas que hice en poco tiempo y son las que más me gustaron. Creo que cuando las películas se estiran mucho pierden esa energía inicial.

Gabriel Grieco: A esa idea no le puedo encontrar una virtud. Bajar cada vez más lo único que hace es limitar los tipos de película o pensar películas para un solo modelo. Podés hacerlo una vez, pero no podés hacerlo siempre.

Laura Casabé: Los que aprendimos a filmar sin subsidios del INCAA estamos acostumbrados a filmar con lo que hay. Pero esto no es un concurso de “hacer un corto en 24hs”. El cine argentino es muy bueno y el talento es enorme pese a las circunstancias a las que nos enfrentamos: no es algo a lo que tenemos que acostumbrarnos. La cultura es importante y el cine es un trabajo. Hay que pelear por las condiciones dignas para poder desarrollarnos en nuestra área.

 

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