“Las Rojas”: Matías Lucchesi enfrenta a Natalia Oreiro y Mercedes Morán

Las estrellas del cine argentino se animan al “western” en la película que ya puede verse en cartel.

El realizador Matías Lucchesi finalmente llega a las salas con “Las Rojas”, un western intenso en el que Mercedes Morán y Natalia Oreiro se sacan chispas al enfrentarse por intereses asociados a la exploración paleontóloga en el norte argentino. Para saber detalles del film, rodado en escenarios maravillosos de Uspallata, Mendoza, Haciendo Cine dialogó con el director, que se encuentra en España evaluando nuevos proyectos para su carrera.

Antes de hablar sobre la película, me gustaría que me cuentes tus sensaciones por finalmente poder estrenar la película…

Es absolutamente inaudito todo esto que pasó en relación a toda la vida en general y la pandemia modificó los planes para todos, aunque los que hacemos cine sabemos que los tiempos se estiran. Lo llevamos bastante bien, terminamos de rodarla en 2019, y no pudimos avanzar en la post. Yo estaba en Montevideo y sufrí mucho no poder estar en contacto con el montajista, con el músico, con el colorista. Fue de una impotencia importante. Así se alargó la post. Y después hubo amagues de estreno, sí, pero no; y bueno, hubo que acostumbrarse a lidiar con la frustración. Siento que es un buen momento ahora, si bien yo estoy en España, donde se hace vida normal. Me siento contento que por fin se pueda estrenar y espero que la gente vaya a verla.

¿Cómo surgió el proyecto y cómo fue el trabajo con Mariano Llinás de escritura?

El proyecto surgió, como siempre me surgen las películas, pensando en hacer algo muy chiquito, independiente y manejable; y terminó siendo algo completamente diferente. Estaba con Mariano haciendo otro proyecto para el cual lo convoqué y le conté esta idea, que me había surgido tras hacer un viaje con un amigo a Antofagasta de la Sierra, un lugar espectacular en Catamarca. Ahí me vino la idea de hacer una especie de western con dos protagonistas femeninas, y los años hicieron lo suyo: él escribió un guion, que no sentí cercano a lo que quería hacer. Pero después armé una estructura y lo volví a llamar a Mariano. Se interesó e hizo una primera versión de guion que yo luego reescribí infinitas veces. Él tiene una mirada muy diferente del cine, que respeto muchísimo, que creo que es la más saludable, y es la de hacer películas con control de uno sin ir a grandes productoras o plataformas que necesitan determinadas cosas de la película. Algo que respeto mucho de él es que siempre se mantuvo en esa línea de producción independiente. Lo aplaudo de parado, es un ejemplo a seguir.

¿Cómo fue el trabajo con Mercedes Morán y Natalia Oreiro para evitar que cayeran en estereotipos o trazos gruesos?

El trabajo comenzó leyendo el guion, compartiendo cómo veíamos cada uno los personajes, ensayamos cosas muy puntuales y en el trabajo propiamente dicho las dos estuvieron super bien y predispuestas. La locación se presentaba hostil, sin condiciones de comodidad y lo que habíamos imaginado en un momento, armando la película, o cosas puntuales, fue variando por el lugar que nos condicionó absolutamente, como siempre. En el cine se puede planificar pero hay que adaptarse a la situación real del momento y ellas estuvieron siempre predispuestas para llevar adelante lo que habíamos pensado desde un principio.

Sin revelar detalles, pero, la película homenajea varios géneros, western, fantástico, ¿Qué referencias tuviste en cuenta a la hora de rodar?

Las referencias para trabajar fueron desde «Django sin cadenas», de Tarantino, a clásicos de John Ford que me fascinan y cosas de Sergio Leone. Cuando hablamos de referencias es delicado porque en realidad se habla para que los demás entiendan por dónde quiere ir uno, y después, claro, si uno vuelve a la referencia dice ¿qué pasó, porque no es el plano de John Ford? (risas), porque uno no es John Ford. Volviendo a «Django sin cadenas», con escenas puntuales que nos servían como puesta, pero después en la práctica no teníamos las mismas posibilidades, por lo que uno se adapta a lo posible con lo mejor que hay. Tuve de referencia «Petróleo Sangriento», de Paul Thomas Anderson, y me había imaginado muchos planos con vías, travellings, 100 metros de vías, que después claro, hay que aplanar el terreno, llevar las vías, y eso es imposible con las condiciones de producción de Argentina, aún siendo que esta película se rodó cómodamente. Pero no tuvimos 8 semanas de rodaje, sino 6, e hicimos lo mejor que pudimos, adaptándonos a lo que había. Algo valioso, siento, es que la película sale del molde, es arriesgada. Obviamente habrá gente a la que le guste y otra que no, pero es una película diferente que me cuesta encasillar. Es distinta a lo que venía haciendo, es incluso menos personal, pero no por eso la siento menos importante.

¿Qué fue lo más complicado de filmar en estas locaciones?

Para variar, los lugares difíciles a mí me atraen. No sé porqué, me quiero complicar la vida más de lo que es en sí misma, tendría que hablarlo con el terapeuta que ya no tengo (risas). En este caso el escenario es muy importante. El hecho que tratamos de estar haciendo un western con características singulares hace que la película sea muy visual. Es para ver en cine, en pantalla chica se pierde muchísimo. Y el lugar nos dio esto. Argentina tiene escenarios maravillosos, la imaginé en Antofagasta y la filmamos en Uspallata por una cuestión logística, con una variedad dentro de un radio no muy grande, espectaculares. Lo más complicado de rodar fue el sol: me partía en dos, estaba todo tapado. Todos nos cuidábamos mucho, porque estábamos 12 horas bajo ese sol, y las escenas nocturnas, donde hacía mucho frío. Creo que lo más difícil fue el sol y filmar dentro de la cueva, que terminó siendo una mina, porque habíamos elegido una cueva hermosa en Villavicencio, pero era complicado filmar ahí. Así que se hizo en la mina, un rodaje bastante hostil, con cascos, cables pasando por todos lados, espacio certificado por un geólogo para confirmar que no se nos cayera nada encima. Y ese rodaje, de cuatro o cinco días, encerrados, fue muy cansador y desgastante. Por alguna razón me atraen estos escenarios, para complicármela más, pero creo que en este caso, al ser un western, era clave para el desarrollo de la historia y lo que hace que la película sea lo que es.

¿Cómo manejas la presión a la hora de encarar un nuevo proyecto y de rodar con grandes figuras, Chávez, Oreiro, Morán, Barrientos, etc?

En cuanto a la presión, propiamente dicha, para algo próximo, no la siento. Y los nombres a mí no me cambia si es famoso o no. Creo que viene por otro lado, porque la persona entienda lo que uno quiere hacer y que la confianza en el otro y en el proyecto perdure, algo muy difícil, porque a veces las expectativas de uno y de la película que uno tiene en la cabeza choca con la que el otro tiene en su cabeza, que a veces no se adapta. Por eso trato al principio de sintonizar el tono, por dónde queremos ir, aunque no siempre se consigue, sea o no famoso con quien trabajes. La presión siempre es la misma, y trato siempre de ser honesto, siendo lo más claro posible. En este caso junto a mi equipo llegamos a cumplir con el tiempo del plan de rodaje, y a veces ahí está la presión, porque vos trabajás durante muchísimo tiempo, escribiendo el guion, buscando productores, pero después el tiempo de rodaje es muy breve. Fui alumno de José Martínez Suárez y él siempre decía que cuando uno va a filmar uno se tiene que acordar que es una operación comando, usted entra a robar un banco, y es tal cual. Estás mucho tiempo para filmar, un tiempo acotado para rodar, y otro tiempo para estrenar. Es una injusticia de tiempos donde tenés que hacerte cargo que es así, y lo tomás o lo dejás. Así que la presión viene más por ahí que por actores famosos o no, tiempo y confianza, confianza que si el actor pierde en vos, por factores externos, ahí sí que te la debo y se pone realmente difícil.

¿Podés contar que estas haciendo en España?

En la pre pandemia me fui a vivir a Uruguay, porque estaba cansado de la ciudad, y ahora están surgiendo algunas posibilidades de trabajo en España, estoy en Madrid. No sé si me da ganas de quedarme o no, estoy probando. No sé si esto laboral qué destino tendrá, así que por ahora estoy en prueba piloto, acá, que se está produciendo muchísimo.

¿Veremos en breve una nueva película tuya?

Espero que sí, habrá que ver los tiempos del cine, de cómo están. Me da muchas ganas de volver a rodar algo mucho más pequeño y manejable, más acorde a lo que Mariano Llinás estaría de acuerdo en relación a las formas de producción. Estoy tratando de armar un proyecto en Córdoba con Paola Barrientos. Las dificultades son las mismas de siempre, no cambia nada el haber hecho tres películas, estar canoso, y semipelado. Pero me da muchísimas ganas y ojalá se pueda armar. Además vengo con otro proyecto, con Horacio y Esteban Mentasti, de Buffalo, que es por encargo, un thriller para una plataforma, que es la otra parte que tengo que ver de cómo equilibro: lo comercial y lo personal, en donde creo que para hacer cosas personales y tener libertades hay que hacerlas bajo la producción de uno mismo o con estructuras pequeñas que permitan trabajar con libertad total

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