Luciano Moura revela detalles de su producción «Trece Días Lejos del Sol»

Todos los miércoles a las 23 horas Atreseries emite la producción brasilera Trece días lejos del sol, una miniserie que narra la lucha de clases tras el derrumbe de un edificio.

Saulo ( Selton Mello ) e Marion (Carolina Dieckmann)

El colapso de un edificio, considerado una gran obra de ingeniería, da lugar a dos escenarios: mientras bajo los escombros, el ingeniero, la hija del principal inversor del edificio y algunos obreros luchan por sobrevivir; en la superficie todo se mueve para dar con el culpable de la tragedia. Y a medida que avanza la trama, se van revelando secretos y el pasado oscuro de cada uno de los personajes.

El thriller fue dirigido por Fernando Meirelles (‘Ciudad de Dios’, ‘El jardinero fiel’) y escrito por Elena Soarez e Luciano Moura

Haciendo Cine dialogó con el experimentado realizador Luciano Moura, para conocer más detalles de esta miniserie, programa que también se ve en AtresPlayer y que, durante su emisión en Brasil, llegó a reunir a un promedio de 41 millones de espectadores.

Si bien el programa tiene un tiempo dialoga con la actualidad de la región, con miles de relecturas…

Cuando pensamos en cómo sobrevivir en los escombros, descubrimos que las posibilidades de hacerlo eran mínimas. Había alguna idea de cómo se podía estar en los subsuelos, con un bolsón de aire, que permitiría vivir por un tiempo. Luego imaginamos cómo iban a encontrarse de nuevo en el mundo, con los cambios que sucedieron. Luego de narrar los problemas que tenían para salir, pensamos que además se modificarían hasta las jerarquías que allí había. Creo que hoy el programa dialoga con todas las series distópicas que hay. No vamos a negar que nos inspiramos en muchas de ellas.

¿Alguna en particular?

De las más variadas, y muchas que no tenían nada que ver, como The Walking Dead, que en las primeras temporadas tenía una mirada sobre el cambio de las estructuras. También películas que también analizaban esto. Estaba el caso de los mineros de Chile, con una batalla campal arriba para ver quién era importante y quién no y a quién pondrían en la televisión. Mientras ellos se morían ahí abajo, todos querían sacar una ventaja sobre ellos. El pueblo arriba era una cosa y el pueblo abajo era otra. También vimos muchas películas de catástrofe, para ver cómo se comporta la comunidad, el gobierno, los políticos, ante ellos. Nuestro desafío era hacer algo que hiciera hincapié en las relaciones entre las personas y con el poder, más allá de que, por presupuesto, es una serie de aventuras y tensión.

¿Cuáles son los desafíos al escribir y dirigir una serie como esta?

Muchos, no sabíamos cómo hacer muchas cosas, y teníamos que imaginar todo desde el principio. No teníamos el equipo necesario, pero lo hicimos, y aprendimos muy rápido todo. Nos ayudó mucho investigar y testear. Eso lo hacíamos mucho, aun mientras filmábamos. Eso permitió que planificáramos todo. Pero sin dudas el desafío mayor fue el tiempo. Estábamos muy ajustados de tiempo, etonces multiplicamos los equipos. Tuvimos un mes de rodaje en set. Luego filmamos los escombros, reales, a los que le sumamos luego efectos en postproducción. En cada lugar se presentaba un desafío. De hecho, rodamos todo con barbijos, casi premonitoriamente, porque eran insalubres los sets. Pero más allá de eso nos dio mucha experiencia para avanzar.

¿Con que te gustaría que se conecten en la región con la historia?

Creo que es universal el hecho de los opresores y los oprimidos, y la conexión primaria entre todos tiene que ver con el rédito que siempre sacan los de arriba sobre los de abajo. Luego que rodamos la serie en San Pablo hubo dos derrumbes, y todo se dio de manera similar a lo que narramos nosotros, con la diferencia que hubo pocos sobrevivientes.

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