«Manifiesto»: Estreno en Cine.ar y Canal Encuentro

Este martes 23 llega a CINEARPLAY y el viernes 26 a Canal Encuentro, "Manifiesto", nueva película de Alejandro Rath en la que se reescribe, cinematográficamente, el encuentro entre León Trotsky y André Breton.

Dos actores ensayan. La interpretación de sus personajes cruza el umbral de espacio y tiempo: León Trotsky le pide a André Breton que escriba un manifiesto. Atormentado por la presión del líder revolucionario, Breton ya no distingue sueño de vigilia.

Esta particular cruza de documental y ficción se encuentra protagonizada y co escrita por Pompeyo Audivert, Iván Moschner, César González, Gabriela Cabezón Cámara, María Negro y Adriana de los Santos.

«Manifiesto», tercer filme de Alejandro Rath tras «¿Quién Mató a Mariano Ferreyra?» y «Alicia», se presenta como una experiencia distinta y envolvente. Haciendo Cine dialogó con Rath para tener más detalles de la propuesta que se estrena hoy en Cine.ar PLAY y el viernes 26 por Canal Encuentro.

Si Manifiesto «ceci n’est pas un film», ¿qué es?

Ese juego del afiche, además de ser una cita del famoso cuadro de la pipa de Magritte, nace de la necesidad de poner en evidencia las tensiones que atraviesan a una obra que no se clasifica tan fácilmente. El chiste volvió como un boomerang y ahora una película que fue pensada para ser exhibida en los cines termina estrenándose en la televisión y en una plataforma online. Estamos viviendo momentos de fuertes transformaciones en las formas de ver lo que solemos llamar cine. Eso va a terminar produciendo, tarde o temprano, cimbronazos profundos en el lenguaje cinematográfico, en los formatos, en los géneros. Tengo más preguntas que respuestas sobre esto, pero me parece que son cosas en las que tenemos que pensar quienes hacemos cine.

Documental, ficción, ahora experimentación ¿con qué tipo de cine te sentís más identificado?

No suelo pensar en los términos de un corpus cinematográfico. Cada película es un mundo y las voy haciendo en función de las cosas que me interesan. Encuentro en el cine no sólo una forma de expresión sino también de pensar y de poner en tensión lo que uno piensa. Luego está el problema de si eso encuentra algún eco en el espectador, pero entiendo que eso ya no depende sólo de lo que yo haga o deje de hacer sino también del problema de la exhibición y la distribución. Lo que puedo decir con seguridad es que me interpela y estimula un cine que va más allá de sus prejuicios (este concepto se lo escuché a Hernán Rosselli, director de «Mauro» y «Casa del Teatro», y me gusta mucho), un cine que no tiene un camino determinado de antemano, que puede ir transformándose en todas sus etapas. Suelo ser muy receptivo a la colaboración, me parece algo intrínseco a un arte colectivo como el cinematográfico. Estoy abierto a la interacción con la realidad y a que eso modifique las ideas preconcebidas. Esa forma de filmar se adapta mejor al documental o a un diseño de producción con equipos no tan grandes y rodajes discontinuos, por eso lo que siento más lejano es la ficción clásica, con guiones de hierro que muchas veces fallan al encontrarse con la realidad presupuestaria del cine de nuestro país. Me interesa un cine que interpela y se deja interpelar por la realidad, que se escribe con libertad hasta el final del proceso, sin preocuparse por las categorías y los géneros. Siento que lo más interesante de lo que se está produciendo en el mundo va por ese lado. Si todavía existe la clasificación entre documental y ficción es porque los fondos y festivales lo imponen, pero son fronteras que tienden a desvanecerse.

¿Cómo seleccionaste a los participantes?

Fui pensando nombres de artistas de distintas disciplinas cuya obra me interesa y que pensaba que podían sumarse al juego que proponía la película. A Iván lo conozco hace muchos años, actuó en mis otras dos películas, y creo que es un actor muy interesante y disfruto mucho de trabajar con él. A Pompeyo no lo conocía personalmente pero siempre admiré mucho su trabajo como actor y director en teatro. Habíamos hablado en su momento para que él representara el papel que terminó haciendo Martín Caparrós en «¿Quién mató Mariano Ferreyra?» pero estaba cerca de estrenar una obra y no pudo ser. Le mandé el proyecto, luego nos reunimos y se sumó. Aprendí mucho trabajando con él, viendo su preparación y junto con Iván aportaron mucho a la construcción de los personajes y de las escenas. Todo el rodaje en la costa fue muy divertido, muy estimulante. Con quienes participan en los sueños tenía nombres pensados de antemano y otros que fueron apareciendo. María Negro, una poeta y escritora que recomiendo leer, es una amiga que se prestó al juego desde un principio. La interpretación en piano de la obra de Satie para Entreacto que hace Adriana de los Santos la había visto en vivo hace muchos años y me parece espectacular, amo la música y también la película. A César González no lo conocía más que por ver algunas de sus películas y leer varias entrevistas. Le acerqué el proyecto por un amigo en común y rápidamente se sumó. Tuvimos hermosas charlas y el rodaje con él en la fábrica metalúrgica fue inolvidable. A Gabriela Cabezón Cámara no la conocía y me la recomendó una amiga en común. Nos pusimos de acuerdo en trabajar con textos de La Virgen Cabeza y creamos esa extraña escena que me gusta mucho y cuyo texto tiene algo de premonitorio con la pandemia. Aunque quedó afuera en montaje grabamos una escena con dos artistas a los que admiro mucho y que quiero mencionar: Juan Carlos Capurro y Pedro Roth.

¿Qué encontrás en la dirección que tal vez no encontrabas en la edición?

Me encanta el montaje y lo considero una parte fundamental de la realización cinematográfica. «Manifiesto» terminó de escribirse en la isla de edición con mucha cabeza, manos y talento de Anita Remón y José Goyeneche. Pero en lo personal hace varios años que siento la necesidad de pasar mucho más tiempo en rodaje. No importa tanto si es dirigiendo o dando una mano en otros roles, cada vez disfruto más de las experiencias de filmación. Conocer lugares y gente es una de las grandes cosas que tiene el cine.

¿Por qué es cada vez más complicado encontrar cine, y sí películas?

Es muy interesante el fenómeno. El avance de las tecnologías para la realización y de la posibilidad de difusión de los contenidos audiovisuales está multiplicando la producción exponencialmente. Sin embargo, la concentración en pocas empresas que definen qué se filma y qué se exhibe produce una uniformidad y pasteurización de los contenidos. No estoy diciendo nada nuevo con esto, es lo que históricamente logró Hollywood a nivel mundial, pero hoy sucede a una escala nunca antes conocida. El problema de fondo, más allá de las herramientas con las que trabajamos, es que el capitalismo en todos sus ámbitos está organizado en función del lucro y esto también sucede en el campo artístico, donde el riesgo y las expresiones que se salen de las normas de los algoritmos dejan de ser redituables. Para romper esta lógica debería existir una fuerte intervención del estado en el mercado audiovisual, fijando cuotas de pantalla a las grandes empresas de streaming y a las empresas de exhibición en salas para permitir al cine independiente acceder al encuentro con el público. Para que esto suceda es imperioso que los cineastas nos organicemos y logremos una masa crítica en favor de estos reclamos.

¿Con qué te gustaría que se conecte la gente en Manifiesto?

Me encantaría que quienes vean Manifiesto perciban el espíritu lúdico y libre con el que fue realizada la película. Por momentos los textos son largos y difíciles de seguir pero son como mantras y cada subjetividad va a destacar unos sobre otros. Lo importante es dejarse llevar por las imágenes y los sonidos y quedarse con ese núcleo del Manifiesto que escribieran Trotsky y Breton: la reivindicación de la libertad absoluta en el terreno del arte y la necesidad de revolucionario todo para “la liberación definitiva del arte”.

¿Estás con algún nuevo proyecto?

Estoy desarrollando dos documentales, uno del que todavía no puedo adelantar mucho y otro que reconstruye la relación de mi hermana y mía con mi viejo, que fue Christian Rath, un dirigente trotskista fallecido hace un par de años, y nuestra relación con la política y el marxismo. En el encierro pandémico también escribí una ficción sobre relaciones de poder y amor en el marco de un conflicto fabril.

Este es el trailer de «Manifiesto»:

 

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