«Mapa de Sueños Latinoamericanos»: Las Fotos Vivas

Desde este jueves en MALBA se verá la obra de un artista que supo conjugar dos pasiones en una película. Hablamos con su director, Martin Weber

Cuando hace más de 10 años Martin Weber impulsó su proyecto fotográfico, «Mapa de Sueños Latinoamericanos», era impensado una “continuación” cinematográfica de la propuesta. Pero llegó, desandando los pasos de los protagonistas vivos de esas fotos, y analizando, desde ellos, el contexto de la región.

La película se estrena este jueves en el recientemente reabierto MALBA, con funciones los jueves a las 19.00 hs y los sábados a las 18.00 hs.

Trabajo, amor, esperanza, hogar, palabras recurrentes en las fotografías, y ahora en las palabras de aquellos que aun con su voz pueden decir lo que necesitan. Haciendo Cine dialogó con Weber para conocer más detalles de una propuesta dolorosa y necesaria.

¿Cómo fue reencontrarte con las fotografías?

Es algo que nunca deje de hacer. En varias formas regresaba a ellas. Las re-descubría en muestras, seminarios y en la preparación del libro. Siempre estuvieron presentes de una manera u otra. Y siembre presentaban nuevas preguntas y descubrimientos. Sus múltiples dimensiones me devolvían más preguntas. Yo siempre las vi como acciones, performances y puestas en escena. Tableaux vivant que se transformaban con la mirada y cuestionaban, con su sola constitución, la practica documental.

¿Ya tenías la idea cuando las obtuviste de reencontrarte con sus protagonistas años después, sea para retratarlos nuevamente o un proyecto audiovisual?

No. Fue consecuencia del tiempo. De un día darme cuenta de que habían pasado casi dos décadas desde que había comenzado el proyecto. Yo había cambiado. Imaginé que el resto y el contexto que nos condiciona también.  Me pregunté por esas cápsulas de tiempo que habíamos generado en colaboración. Cómo habían cambiado las vidas individuales y colectivas alrededor de esos sueños. Tanto a nivel personal como colectivo. Un día decidí volver.

¿Cuántos años te llevó reconstruir el “mapa de los sueños”?

El proceso llevó diez años. Desde el primer reencuentro al final. Siete años de rodaje intermitente y tres años de post-producción. Fue tanto el trabajo de investigación y realización como el de lograr los recursos para lograrlo.

¿Qué sentiste al ver, en muchos casos, que esos sueños que anhelaban siguen sin concretarse?

La idea alrededor de la pregunta inicial, como mismo desde el regreso, no responden a medir en éxito o fracaso, sino de ejercitar la libertad de expresión. Un derecho recientemente recuperado cuando comencé este proyecto a comienzos de los 90’. Fue sorprendente descubrir a todos los niveles una enorme capacidad de reflexión sobre la propia historia. De aportar perspectiva desde las elecciones propias como las tomadas a su alrededor. Creo que esto destaca al proyecto en particular. Son ellos los que contrastan sus historias con el paso del tiempo, tanto con las historias de la generación de sus padres como con  la realidad de sus hijos. Cada una acompaña a la siguiente y re significa la anterior. Una invitación a tomar perspectiva del contexto y preguntarse por qué a veces sueños tan pequeños parecen imposibles de alcanzar. Creo que el film es una invitación a escuchar historias compartidas por quienes nos revelan su vida y secretos. Los propios protagonistas dan visibilidad al tejido social desgarrado, e inspiran a reconstituirlo desde lo que nos une, encontrándonos en nuestra humanidad.

¿Cuál fue el mayor desafío de una producción de estas características? El proyecto es ambicioso, recorrés muchos lugares y en diferentes momentos ¿se complicó conseguir la inversión para concretarlo?

Todos. Ser fiel a la intención inicial de no hablar por otros, y de no convertir el sufrimiento ajeno en espectáculo  -como lo sugiere visualmente la escena/manifesto inicial. Es difícil mantener una pasión en el tiempo. Y este proyecto se convirtió en algo épico, que tomó tres décadas de mi vida. Luego fue un desafío vivir a la altura de la confianza depositada, tanto por los que compartían sus historias como por el equipo humano de producción. Fueron dos décadas de registro fotográfico de estas acciones, y una década más llevar a cabo este film. A los usuales obstáculos de financiación de un proyecto y un film en particular, se sumó el encontrar a quienes no veía hacía siete, diez, quince o veinte años atrás. Cuando comienza el registro fotográfico de las acciones originales apenas comenzaba la internet. Finalmente tejer todas las historias fue muy complejo. Aun una vez terminado el corte final junto a la editora Valeria Racioppi, se sumaron devoluciones que ayudaron a ecualizarlo aún más.  Fue encontrar un delicado equilibro para historias tan fuertes.

¿Qué otro “mapa” te gustaría reflejar en un trabajo en un futuro?

Estoy trabajando en varios proyectos simultáneos. Así como recientemente tracé una Historia de violencia, vol1. Y ahora estoy elaborando Vol 2 y 3. Asimismo, durante la pandemia, como contraparte, volví sobre un mapeo del corazón.  «Mario Saved Calls», como libro, es el primer paso en esa dirección. Ya se están sumando otras obras más.

¿Con qué te gustaría que se conecten los espectadores de la película?

Esto es una invitación a escuchar e interesarnos por el contexto de cada historia. Necesitamos elaborar para no repetir los errores del pasado. Algo fundamental hoy más que nunca mientras seguimos multiplicando “burbujas” en el contexto de la pandemia, y más allá. Creo que la experiencia adquirida se da de distintas maneras y no es necesariamente por la edad. Hay jóvenes que ya pasaron por tanto que logran tomar distancia y repasar sus vidas y los caminos tomados por otros a su alrededor. Es es vital importancia mantener una comunicación ininterrumpida con su contexto, familiar, barrial, de pueblos y ciudades, y de nación. Nuestro continente, como otros, ha expulsado por conflictos políticos, económicos y sociales, a parte importante de su población. En eso no somos únicos. Pero hay algo del capital cultural de un pueblo que tiene que ver su capacidad de corregir rumbos. Creo que ahí radica nuestro desafío. Aprender de los errores y no trazar un rumbo que nos es ajeno. Consensuar.

¿Para vos era importante estrenar en un espacio como el MALBA y presencialmente?

Me parece que el proyecto busca revalorizar y recobrar los espacios de encuentro. La posibilidad de compartir contenidos en una sala de cine me parece un gran camino. El MALBA conjuga un contexto de las prácticas artísticas que tanto me inspiraron e inspiran, como una sala de cine que rescata un cine diferente. Estoy muy feliz que hayan elegido este film para reabrir su sala y reanudar el encuentro.

¿Estás con algún nuevo proyecto?

Estoy trabajando en tres guiones de ficción basados en experiencias personales y varias entrevistas. Dos son largometrajes y una miniserie. Estoy con un nuevo libro en imprenta llamado «Mario Saved Calls». Es un trabajo que se centra en la transferencia generacional. Sobre la coincidente experiencia de convertirme en padre y perder el mío. Por extensión es un trabajo que invita a la reflexión sobre cómo se ha redefinido la distancia social durante la pandemia y el impacto sobre las formas en que mantenemos y experimentamos nuestros afectos a la distancia. Las nuevas tecnologías nos han proporcionado nuevas formas de permanecer conectados, pero al mismo tiempo nos recuerdan lo que perdimos. Otro proyecto involucra una instalación de  piezas en 3D que invitan a pensarnos dentro de nuevos ecosistemas.

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