Mathieu Orcel vuelve a rodar en Argentina un film sobre el aislamiento

El director francés se encuentra en el país desde el primer confinamiento pandémico para completar el documental "Lejos de los Hombres".

En estos días, el director de cine Mathieu Orcel viajó a Tucumán para terminar su cuarto largometraje documental, «Lejos de los Hombres», que relatará la vida de Pedro, un ermitaño de 85 años que vive en una cueva hace más de 45 años.

Orcel había iniciado el rodaje, pero quedó suspendido por la pandemia imperante de COVID 19. A horas de volver a Tucumán para retomar la tarea, Haciendo Cine dialogó con el director para conocer más detalles de esta propuesta que habla de un marginal aislado de los hombres, que pasó a ser un modelo de aislamiento a la hora de la pandemia.

¿Cómo estás viviendo la previa al inicio del rodaje?

Yo llegué a Argentina en marzo de 2020 y me quedé encerrado en un departamento. Era el segundo bloque de rodaje que íbamos a filmar, y por lo que se trata la película, la pandemia dio un giro al guion, y todos nos encontramos aislados, no sólo el ermitaño. En su caso era voluntario y en el de todos los demás, por obligación. Se me ocurrió rodar de manera remota una pieza para internet, descubriendo cómo los cambios llegaron a la historia que iba a contar, y en el caso de Pedro, él es un héroe del aislamiento, y la apuesta de la película se redobló.

¿Cómo modificas tu percepción sobre él y su vida al justamente incorporar dispositivos tecnológicos en la cueva?

En una primera instancia fuimos y vivimos como él. Luego no pudimos ir por el encierro. Era una imposición, y lo que hice fue filmar la ciudad en mi encierro: ventanas, departamentos, las cuales de alguna manera son cuevas. Es un concepto, y entendí que la cueva es el hábitat natural del hombre, y en el caso del espacio de Pedro, te das cuenta que es un espacio de reparo propio, mental. En nuestra vida es casi lo mismo, claro que con otros elementos, como electricidad. Comencé a jugar en esa primera pieza en el contraste en las rutinas y actividades de Pedro y mías. Pero en el caso de él, particularmente, casi no tiene tiempo de ocio, porque trabaja desde el arranque del día. Es alguien muy ocupado, con 85 años, pero con mucha vitalidad, de hecho con un ritmo más elevado que el nuestro.

¿Cómo conociste a Pedro?

Estaba filmando una serie sobre la desaparición de Marita Verón en Tucumán, y un día leí en La Gaceta de Tucumán sobre “el ermitaño de San Pedro de Colalao”, descripto como un animal de zoológico. Me interesó enseguida: contactamos a un familiar, y hablamos con él, que en realidad es complicado porque él dialoga en un dialecto. Yo lo entiendo, pero otros no.

¿Él aceptó que lo rodaras rápidamente?

Fue muy curioso, porque primero tuve que explicarle el proceso de la cámara, y él me dijo que era como un espejo. Le expliqué todo. En un primer momento era todo incomprensión, más que hace un tiempo un equipo de un medio periodístico se acercó y rodó una pieza sobre él. Estuvieron unas horas, pero él no entendió lo que se hacía, porque nunca le explicaron nada. Lo filmaron charlando, pero como habla en dialecto, sólo utilizaron alguna parte. Al mostrarle lo que filmo, él lo resignifica. Es muy lúdico, dice que el drone es como un pájaro, y hay una complicidad con él. Ahora vuelvo a filmar, y esto tiene un costado performativo: filmaremos el viaje. No volvimos a tener contacto con él, no quise hacerlo, para volver y ver con qué nos encontramos.

 

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