“Noche Americana”: hipnótica propuesta con Florencia Raggi en el centro.

La película, estreno en salas esta semana, fue rodada en plena pandemia en Uruguay

Luego de un paréntesis de casi 25 años, el realizador Alejandro Bazzano presente su nueva película “Noche Americana”, protagonizada por Florencia Raggi, Alan Daicz, Rafael Ferro, Luis Cao y Sofía Lara. En esta comedia negra, un grupo de personas varadas en Roma, se topan con una serie de extraños sucesos en un hotel bastante particular.

Para saber más de este inclasificable proyecto, con el que Bazzano vuelve al cine, tras rodar varias series en España, incluyendo episodios de «La casa de papel», Haciendo Cine dialogó con el director.

¿Por qué te tomaste tanto tiempo para dirigir cine nuevamente?

La primera película la hice en Uruguay hace 25 años, y mi idea era seguir produciendo allí, teniendo a Buenos Aires como la gran puerta para hacer cine, para producir, con las dificultades que implica hacerlo en Uruguay. Pero luego en Buenos Aires, en Argentina, se dieron las crisis, el corralito, y di el salto y me vine a España con una propuesta de estar en el mundo de las series. En ese momento los contenidos españoles se miraban mucho a ellos mismos, eran autorreferenciales y los episodios duraban 70 minutos, por un tema de audiencia y rating, abarcando a diferentes franjas de programación, subiendo puntos en la competencia con otras cadenas. Recuerdo hablar con una directiva al tiempo y le pregunté esto de la duración y le conté que fuera dura 45 minutos. Pero en ese entonces no les interesaba la audiencia latina, por ejemplo, algo que ahora, con las plataformas explotó. El audiovisual español, tanto el cine o las series, siempre llegó a Latinoamérica. Pero ahora se dieron cuenta del peso de la audiencia: un público potencial de 400 millones.

Y después de tanto tiempo y en plena pandemia, saliste de las series, y volviste al cine…

Sí, estaba todo parado. No se sabía cuándo se volvía, y en qué condiciones, a trabajar. Se hablaba de protocolos, era todo muy complicado y yo estaba por empezar una serie que se cayó. Me propusieron otra que se postergó también; y en medio de eso recibo el llamado de uno de los productores para filmar en Uruguay y me encantó la idea. Después se dio la situación que Montevideo era como un oasis en medio del desierto porque no había llegado el COVID como al resto del mundo, la gente no estaba con las mascarillas en la calle. Yo venía de una psicosis colectiva en Madrid, y llegué al paraíso, con un momento particular del país con muchas producciones de otros países. Fue un boom, y de hecho fue complicado armar el equipo técnico, porque estaban todos a full. Pero lo conseguimos y fue un placer, además de trabajar con varios pilares que fueron parte de mi primera película Subterráneos, protagonizada por Osvaldo Laport.

Fue como en Volver al futuro, pero para contar esta inclasificable historia que empieza de una manera y después sigue de otra… ¿fue complicado el trabajo con los actores para que no adelanten nada?

Fue una propuesta que teníamos desde un inicio este desarrollo de comedia negra y el trabajar con las sorpresas y los cambios de género, comenzando por una comedia de enredos o romántica, que se pone oscura, luego un thriller y hasta película de terror. Tenía muy en claro lo que quería hacer sin perder la comedia. Fue un trabajo importante con los actores, y el más complejo lo tenía Florencia, porque ella pasa por todos los estados anímicos por los que puede pasar una persona. Dialogamos mucho con ella, antes de rodar, por zoom, construimos a Michelle  y los conflictos que cargaba. Ella lo hizo muy bien y conseguimos lo que queríamos.

¿Tenías pensado el casting desde antes de rodar?

La verdad que no. Me pasaron muchos nombres por la cabeza, pero fue la propia productora quien me la propuso. Hacía poco había visto la serie «Monzón», y me había encantado su trabajo. Así que no lo pensé dos veces, porque la búsqueda era difícil, por los tonos que tiene que trabajar. Además debía ser atractiva, bella, y fue perfecta para el personaje en todos los sentidos. Ella fue la primera con la que empezamos a trabajar y alrededor de ella empezamos a armar la película, los antagonistas, el partenaire, su marido: todos en función a ella. La película es rioplatense, en cuanto a cómo está dividido el equipo, pero la idea era que funcionara en cualquier parte del mundo. Los personajes son argentinos, porque es producida por argentinos, pero sucede todo en Roma. Y al personaje de Iván le dimos una nacionalidad uruguaya para contar con las dos partes de la identidad. Creo que la historia tiene el guiño a «La noche americana», concepto que inventaron los americanos, nada que ver con nuestra película, y luego la gran película de Truffaut, que tampoco tiene que ver, pero son guiños.

¿Tenés ganas de volver a dirigir cine pronto?

Es cierto que las series me han dado una base sólida como director, con propuestas variadas, series de médicos, de policías, de ciencia ficción, históricas, en diferentes siglos. Manejar tantos géneros, con la presión que exigen las series, te da un adiestramiento fuerte y sólido. Pero al mismo tiempo las series se acercan más al cine, a nivel lenguaje y producción y siempre me lo tomé así. Los episodios los tomaba como pequeñas películas. Le debo mucho a ellas. Las series tienen la virtud de desarrollar historias en más tiempo, personajes, que es su lado atractivo. Pero obviamente el cine tiene la marca personal, la posibilidad de trabajar con ideas propias toda la película. En las series son más voces, y perdés tu voz propia, cosa que en el cine podes darle un toque más personal a tu trabajo.

Más artículos
«La Noche Mágica»: el primer tanque argentino en pandemia